Así aparenten opiniones distintas y disputas entre ellos, es claro que tanto Paloma como Abelardo beben en las fuentes del más rancio uribismo

 - Iván Cepeda presidente este 31 de mayo

Contrariamente a Gustavo Petro, quien llegó a la presidencia cargado de estigmas no sólo políticos sino también personales, Iván Cepeda se presenta ante el escenario de las elecciones próximas, como un hombre de ideas claras, ajeno a cualquier tipo de escándalo personal. Nadie pone en duda que es un hombre de izquierda, ajeno por completo a cualquier tipo de falsificación o simulación ideológica, en cuyo pasado no puede encontrarse una mínima inconsecuencia.

Su padre y su madre fueron importantes figuras dentro del partido Comunista, del cual Iván se desprendió sin el menor rencor, por considerar que no representaba con exactitud lo que él creía más adecuado al desenvolvimiento de la política colombiana. Nadie puede decir que se haya peleado con los comunistas, a quienes siempre respetó y con quienes muchas veces se alió, conservando, no obstante, sus propios puntos de vista políticos.

Filósofo graduado en el exterior e igualmente magister en Derecho Internacional Humanitario, ha sido reconocido por su apostolado en defensa de los derechos humanos y las víctimas del conflicto, con una clarísima dedicación a los intereses de las víctimas del Estado colombiano.  Su brillante carrera política se ha visto además signada por su lucha por la paz y la solución política al conflicto armado colombiano, algo que parece significar un crimen para la derecha colombiana.

Salvo los odios viscerales de esta última, nadie en Colombia ni el exterior tiene el más mínimo motivo para culpar de algo a Iván Cepeda, un hombre con un pasado absolutamente limpio. Ni siquiera ganó su candidatura presidencial por algún pacto o componenda con el gobierno actual, cuya obra no obstante defiende. Es claro que, para Petro, la candidatura presidencial de Cepeda fue un hecho cumplido, algo contra lo que no podía resistirse, así tuviera en mente otra opción.

Nadie puede desconocer que el hecho que determinó la candidatura presidencial de Iván Cepeda fue el resultado de su lucha legal contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Cepeda no ha sido hombre de agravios contra nadie, sino de recurrir a los escenarios judiciales para probar sus razones. Uribe fue condenado por los delitos de soborno a testigos en actuación penal y fraude procesal el 1 de agosto de 2025. Cepeda lanzó su candidatura el 25 de agosto del mismo año.

Todo el país supo, tras la condena de primera instancia por parte de la jueza Heredia contra Uribe, que Iván Cepeda era el hombre más indicado. Habían transcurrido tres años del gobierno actual y mucha gente se preguntaba quién podría continuar con la obra de Petro, apostando a que se trataría de una candidatura de coalición con sectores liberales y de centro, puesto que el petrismo no contaba con un cuadro con las cualidades suficientes para hacerlo.

Apenas dos meses después de lanzada su candidatura por el Pacto Histórico, Cepeda barrió en la consulta presidencial de octubre a sus rivales. El país de izquierda, democrático, progresista, de avanzada, vio con claridad que se trataba de un personaje fuera de serie. Un auténtico gallo de pelea, no de los bocones y ruidosos, sino del tipo constante, meticuloso, paciente, que sabe ganar con inteligencia. Fue ese país el que determinó que debía ser su presidente.

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El que valoró la dimensión y las proyecciones que tenía Iván Cepeda, quedando completamente claro que nadie podría rivalizar con él en las filas de la izquierda. El más que penoso final de la pretensión presidencial de Roy Barreras, quien llegó a soñar con ser el sucesor de Petro, demuestra que los sectores de avanzada en Colombia reconocieron en Cepeda una figura irremplazable. El proyecto del cambio se revitalizó con nuevas energías, sin medias tintas.

Está perfectamente claro que este 31 de mayo se enfrentan el país del pasado y el país del futuro

El primero, encarnado por Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, el segundo, obviamente, por Iván Cepeda. Así aparenten opiniones distintas y disputas entre ellos, es claro que tanto Paloma como Abelardo beben en las fuentes del más rancio uribismo, el de los terratenientes enemigos de la reforma rural integral, el de quienes se oponen a la menor reforma política.

Sin nada personal contra Paloma Valencia, quien sin duda es una mujer inteligente y valiente, es evidente que simboliza el país de la vieja política bipartidista y elitista. Su más reciente y obsesiva defensa de la apropiación indebida de terrenos baldíos del Estado por parte de su familia, deja claro qué intereses representa. Abelardo de la Espriella encarna la corrupción de la política, la intromisión de las mafias, la más baja de las demagogias, la payasada al poder que han puesto de moda.

Colombia padece de serios problemas que la derecha astutamente achaca al actual gobierno, cuando son el producto de un larguísimo pasado de politiquería, discriminación y violencia. Volver al pasado agravaría las cosas. Vamos con Cepeda.

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Por Gabriel Ángel

Bogotano, bachiller de San Bartolomé y abogado de la Universidad Nacional. Militante de la Unión Patriótica, tras graves amenazas de muerte, decidió unirse a las Farc en 1987. Miembro de la Comisión Temática adjunta a la Mesa de Diálogos en el Caguán, asesor político del Bloque Oriental, participó al lado de Timoleón Jiménez en las negociaciones de paz que culminaron con la firma del Acuerdo Definitivo en noviembre de 2016. Autor de la novela “A quemarropa” (2014) y el libro de cuentos “La luna del forense”. Columnista de opinión en el portal de las Farc, en su espacio llamado “La pluma de Gabriel Ángel”.