Los cambios que la FIFA ha realizado en el mundial de fútbol que se acerca son drásticos: por primera vez jugarán 48 equipos en 104 partidos, además, los jugadores que salgan del campo al ser sustituidos no tendrán más de 10 segundos y los porteros tendrán que acelerar su saque, eso entre otros ajustes que incluyen duras sanciones para los jugadores que finjan una falta y, por supuesto, una presencia más activa del VAR.
Pero una nueva noticia abre el debate entre coleccionistas y aficionados: la FIFA acaba de anunciar que este será el último mundial del álbum de láminas Panini. La tradicional empresa italiana, que venía haciendo el álbum desde 1970, distribuirá por última vez las láminas en 2026 porque la FIFA ha decidido vender la licencia a la estadounidense Topps por aproximadamente 500 millones de dólares.
Para este año, Panini proyecta ingresos récord con el álbum del Mundial 2026 y espera alcanzar aproximadamente USD 1.480 millones en ventas netas a nivel global por los productos relacionados con el torneo. El grupo es controlado por los herederos del empresario ítalo-argentino Aldo Hugo Sallustro y las hermanas Baroni.
Con la decisión de la FIFA, a partir de 2031 el nuevo rey de los álbumes será la empresa estadounidense Topps, propiedad de Fanatics. La compañía forma parte del conglomerado empresarial del estadounidense Michael Rubin, quien en 2022 compró Topps por un valor cercano a los 500 millones de dólares.
Topps fue fundada en 1938 por los hermanos Abram, Ira, Philip y Joseph Shorin. En esa época, el grupo se concentraba en la venta de chicles. Uno de sus productos insignia fue el chicle Bazooka, que incluía un pequeño cómic en la envoltura. Para los años 50 cambiaron de enfoque y comenzaron a vender cromos del personaje del Oeste Hopalong Cassidy, un vaquero ficticio muy popular en aquella época en los Estados Unidos.
Aunque el público respondió bien, el crecimiento de las ventas no era el esperado. El verdadero éxito llegó cuando Topps reemplazó al vaquero por cromos de béisbol, que se convirtieron de inmediato en su principal producto. En 1952, el empleado Sy Berger creó junto con Woody Gelman una colección de tarjetas de béisbol en Brooklyn, Nueva York. El diseño fue un éxito rotundo.
Las tarjetas incluían el nombre del jugador, fotografía, autógrafo, equipo, peso, posición, lugar de nacimiento, estadísticas, una breve biografía etc. Hasta hoy, gran parte de ese diseño se mantiene. Los clientes quedaron encantados con las figuras y, para 1992, la empresa dejó de incluir sus tradicionales chicles en los paquetes estándar de béisbol.
Durante 1990 y 1991, los clientes se quejaban de que el chicle se endurecía y terminaba manchando o deteriorando las tarjetas, reduciendo así su valor. La compra y venta de algunas tarjetas superaba ampliamente el valor de los chicles y algunos coleccionistas pagaban miles de dólares por piezas antiguas. Topps llegó a dominar el mercado de tarjetas de béisbol, fútbol americano y baloncesto en Estados Unidos y en el Reino Unido.
Con el paso del tiempo, la compañía cambió varias veces de dueño. Su último propietario es Michael Rubin, ejecutivo que espera con entusiasmo la llegada de 2031 para asumir la producción de álbumes y figuritas oficiales del fútbol profesional.
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