Opinión

¿Y si cerramos la democracia por un momento?

Incapaces de transformar municipios y departamentos, miramos impasibles cómo fueron tomados por mercachifles electorales y filibusteros de cartel

Por:
septiembre 11, 2015
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Puede parecer una solución extrema o una descabellada idea o una sensatez del momento por el que transitamos, pero a más de uno de los conscientes y dolientes de nuestra democracia de papel de barrilete, quizá se le haya pasado por su cabeza. “Y no está mal del coco”.

Cerremos esta democracia por un momento, mientras ponemos o nos atrevemos a darle orden a ciertas cosas que parecen el todo.

¿Hasta dónde sería el cierre? ¿Las presidenciales? Todavía son un asomo de lo esmirriada de nuestra democracia y al parecer, los intereses y movidas electorales se dejan guiar —en cierta forma— por pequeños o ridículos golpes de opinión. Démosle un respiro con signo de oportunidad.

¿Las de Congreso? Esas sí que deben revisarse en debida forma, porque son las que corrompen al saco de las ambiciones regionales —ahora aupadas a lo nacional— y en vez de fortalecer a los partidos, terminan instituyendo una compra de curules a la topa tolondra por parte de quienes se abrogan el derecho de defender los intereses de la patria.

Se salvan unas minorías políticas de centro izquierda y de izquierda, y quien lo creyera en este país de bárbaros, unas de centro derecha. Juntas aglutinan y cautivan a la franja de opinión-país y muestran no dejarse untar de pegamentos presupuestales. Voto a puro pulso.

¿La democracia regional? En coma y en cuidados intensivos, entre más pequeño es el escenario local, mayores son los problemas que justifican su cierre temporal. A mayor tamaño del escenario local, menores dificultades experimenta y hay cierta tranquilidad porque se mueve una alta franja de votos que libremente deciden por sus candidatos.

Conclusión de anticipo: cerrar la democracia local por un momento, mientras se limpia de toda clase de bichos y alimañas y se le pone termómetro a la crisis en la que está sumida, por cuenta —entre otros factores— del fracaso de la descentralización en aquellos territorios donde el Estado mafioso hizo mejor cooptación de la sociedad y logró enquistarse en las estructuras de poder y mutar de manera inteligente como un virus que aprende de sus combatientes y logra mejorar los mecanismos de defensa.

Nos venció la incapacidad para transformar a los municipios y departamentos y a cambio, preferimos mirar impasibles cómo fueron tomados por los mercachifles electorales y los filibusteros de cartel.

La corrupción es una savia que recorre a todos los vasos comunicantes de los organismos públicos de los territorios —y no hay excepción de tamaño— y se volvió una actitud tolerada y hasta admirada.

La defensa de lo público fue reducida al discurso coloquial de algunos emergentes y outsiders con buenas intenciones y en cambio, priman la defensa de los intereses de conglomerados y carteles de servicios públicos con clara prevalencia de lo particular y mercantilista.

La ética pública y la honestidad como ejemplo de manejo de la res pública, ahora es solo un discurso vacío que pregona Diógenes extraviado en un ágora de sordos.

Prefiero mejor que cerremos esta democracia por un rato y se instituya un Tribunal de Cuentas Regionales, que señale y aclare de una vez por todas, los alcances de la podredumbre de la democracia local y regional: que destape verdades —ahora que se vienen tiempos de reconciliación nacional— y ponga en la picota pública a todos aquellos que han saqueado al Estado en sus diversas y creativas formas de despojo. La verdad como sentido de libertad.

Que lluevan cruces sobre los calvarios que rodean a nuestros municipios, como testigos ejemplares de los veredictos que haya que proferir contra los criminales de todo pelambre.

Sabemos que ni las Contralorías como tampoco la Procuraduría harán grandes cosas para encontrar a los culpables. Sabemos que están tomadas por los mismos saqueadores y que ellos no van a mover un dedo para apretar el cuchillo en su propio cuello.

Merezcámonos un respiro en medio de la fetidez que campea por los vientos de esta democracia regional y local que está moribunda.

Sería ridículo recabar sobre lo mismo: que cuánto vale comprar una gobernación. Esta alcaldía se nos salió de madre con la excesiva competencia. Una curul en asamblea y concejos resulta mejor y por eso hipotecamos las fincas y demás propiedades para duplicar el patrimonio al final del periodo. El incremento del PIB en muchos casos se impacta por esos lados.

Lo triste es que muy pronto, estaremos asistiendo al festín de la democracia local y regional donde las mejores viandas se sirven después que el pueblo raso está hastiado y se largue a dormir un sueño profundo de cuatro años.

Coda: Los oyentes de Unisucre FM Estéreo, en los 100.8 de la FM en Sincelejo, quizás estarán extrañando que Manuel Medrano y este suscrito no hayan vuelto a aparecer por la franja de la mañana de los fines de semana. Razones. Preguntas. Un tufillo de censura nada más.

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