Opinión

Y la “merde” voló al zarzo

Por el lado del que se mire, la olla madre del llamado Bronx es (¿fue?) una cloaca. ¿Dónde estaban los alcaldes de la última década, la Policía, los medios, la sociedad?

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junio 09, 2016
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¿Dónde estaban los alcaldes de la última década?

¿Dónde la Policía?, ¿dónde los medios?

¿La sociedad dónde estaba?

Al parecer mirándose su propio ombligo, porque el de la ciudad —el de la Bogotá h-u-m-a-n-a que pregonaba Petro con más retintín que resultados— los tenía sin cuidado. Lo ignoraban. Por comodidad, por indiferencia, por miedo, por lo que fuera, lo ignoraban.

Hasta que esa pequeña protuberancia —era un ombligo herniado, valga la aclaración— hizo ¡bronx!, en toda la nuez del sector donde se mueve la crema y nata de las autoridades capitalinas, en las barbas del mismísimo palacio presidencial.

Y la merde que llaman los franceses con su proverbial elegancia, voló al zarzo, cubriendo con su pestilencia al distrito y al país (y al mundo que horrorizado se ha hecho eco de lo que pasaba entre las calles 9 y 10 y las carreras 15 y 15 bis), señalando a las tres últimas administraciones y haciendo lanzar exclamaciones de incredulidad y rechazo a los ciudadanos de bien que, por lo general, no mueven un dedo para que lo que tanto los impresiona deje de pasar.

Por el lado del que se mire, la olla madre del llamado Bronx —todo lo importado nos priva, hasta los nombres—, es (¿fue?) una cloaca que, de lejos, supera en sordidez las descritas por Víctor Hugo en Los Miserables o por Lawrence Durrel en El cuarteto de Alejandría o por Sábato en El Túnel… Y a su lado, los nueve círculos del infierno recorridos por el Dante en La divina comedia quedan convertidos en simples parques de diversiones. (Quivi sospiri, pianti e alti guai risonavan per l´aere sanza stelle, per ch´io al cominciar ne lagrimai).

Cómo puede calificarse de “humana” una ciudad en la que hay sectores —el de Los Mártires no debe ser el único— donde la degradación del ser humano es La Ley, se pregunta uno sin que medie intención política partidista de por medio. (Sin vivir o trabajar en Bogotá siquiera).

La Secretaría de Integración Social dice tener el acta en la que consta que la DNE entregó al antecesor de Peñalosa algunos inmuebles del Bronx para la “Ciudadela Humanidad”, un proyecto de renovación urbana que incluiría jardines infantiles, comedores comunitarios, centros de atención. La alcaldía nunca tomó posesión de ellos y con la intervención del pasado 28 de mayo se descubrió que al interior de los mismos funcionaban salas de tortura y de piqueo, y oficinas de las organizaciones criminales que se repartían el feudo.

Les debe el “ex” una explicación a los bogotanos. Nos la debe a los colombianos.

Con argumentos diferentes a los del manido respeto a los habitantes de la calle que quedaron sin sustento después de visto lo visto: violaciones, esclavitud sexual, inducción a la drogadicción, zoofilia, pedofilia, secuestros, asesinatos, peleas clandestinas, desapariciones forzadas, tráfico de armas, microtráfico, máquinas tragaperras, perros asesinos… ¡149 menores!

¡Cuál respeto! ¡Cuáles libertades!

¿Respeto a las libertades de capos, sayayines, campaneros y reclutadores para que pudieran victimizar (deshumanizar) a sus anchas personas vulnerables con el fin de aprovecharse de ellas e, incluso, convertirlas en victimarias?

¿A quiénes protege la autoridad? Porque a quienes la necesitan…

Que no hay que desplazarse al Catatumbo para sentir la ausencia del Estado, lo acaba de comprobar la L de la vergüenza.

La operación Némesis fue planeada, diseñada y ejecutada como un asalto de esos que ameritan largometraje posterior. (Hemos de ver a Tom Cruise lanzándose en voladora sobre un remedo de casonas republicanas, recreando, en medio de efectos especiales, la toma del Bronx. Y al público embelesado masticando crispetas). Y eso está muy bien, la vida de cientos de personas que habitaban el lugar exigía que ningún cabo quedara suelto. Lo importante, ahora, es que la acción de las autoridades trascienda el espectáculo y el mero asistencialismo de ocasión.

La recuperación urbana del sector es urgente, igual que la protección de otros que pueden estar en la mira de los delincuentes y el desmantelamiento del resto de la batería: ollas, ollitas, olletas. Pero más urgente es la recuperación social de los recién liberados de las garras del abuso y su reincorporación a una sociedad tan excluyente como la que los rodea. De lo contrario el problema sólo cambiará de dirección y de nombre.

Y la “Bogotá Humana” –con todo y retintín- no dejará de ser una falsa promesa, repleta de hernias a punto de explotar.

COPETE DE CREMA: En Medellín, mi ciudad, también hay submundos en los que el delito manda, cuya mención suele ser considerada calumnia de la oposición o mala prensa. (¿Se acuerdan del video, “El burdel más grande del mundo”, que realizó hace pocos años un periodista peruano para el Canal 4 en Reino Unido y que hizo enfurecer al anterior alcalde, Aníbal Gaviria?)

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