Opinión

Reformitis Aguda

El mal que no tiene cura

Por:
junio 09, 2016
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Nuestro deporte nacional: a cada dificultad o cuando, aparentemente, las cosas, entre ellas las instituciones, ‘no funcionan’ o se espera algo diferente de su funcionamiento, siempre, siempre pensamos en las grandes reformas, en los cambios, en algo radical que lleve a que todo entre ‘por el aro’, como se dice. A decir verdad, no se ha ‘entrado por el aro’, pero tampoco se ha permitido la reflexión para el cambio o para una reforma que ‘La Reforma’; a pesar de ello, las reformas  son necesarias.

Un atraco en Transmilenio trae como solución: aumento de penas; irregularidades, hasta de carácter penal en el Departamento Administrativo de Seguridad —DAS— y se acaba con la entidad; unos desaguisados de la misma índole en el Consejo Superior de la Judicatura y zas: defunción; en fin, el truco de la reforma se impone, sin imaginar que la reforma requiere de especial conceptualización y, sobre manera, calma, prudencia, paz en la heredad, cuidado con la institucionalidad.

La Constitución que estuvo vigente por más de cien (100) años, óigase bien: cien años, la Constitución Nacional, la de Núñez, soportó tres reformas de fondo y, más de cincuenta, que pueden catalogarse de modificaciones puntuales o de actualización conforme al paso de los tiempos; pero lo paradójico, por medio de un artículo que no hacía parte de la forma de reforma, el artículo 121, se logró el cambio constitucional, dando paso a la Constitución de 1991, la del modelo de estado: Estado Social de Derecho, que tanto avance y logro ha producido y, a la que casualmente se le asigna el perjuicio de politizar las Cortes —por participar en nombramientos— o permitir la dificultad en el denominado gobierno de la Justicia: Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura. Y, aquí estamos, en momentos en que se critica a la Corte Constitucional por haber tumbado, así se dice, parte de la reforma denominada de equilibrio de poderes.

¿Será que por la caída de parte de la reforma de equilibrio de poderes
o, de todo su cuerpo, conviene o es necesaria una Constituyente,
así no consulte el cuerpo de la misma Constitución?

Entonces, si la decisión no conviene o, no se quiere que sea de esa manera, buscan mecanismos, ojalá de mayor calado, aunque representen dificultades de legitimidad (¿); ¿será que por la caída de parte de la reforma de equilibrio de poderes o, de todo su cuerpo, conviene o es necesaria una Constituyente, así no consulte el cuerpo de la misma Constitución? Impensable: El fetiche se ha impuesto.

Miren ustedes: se ha dicho que el equilibrio de poderes, como reforma, posee varios tópicos y, es menester señalar que no todos con la observación en clave de justicia, como es el caso de la prohibición de la reelección de dignatarios, entre otros, del presidente de la República, tema para el que muy poco se ha de señalar. En lo que respecta a lo que se dio por llamar gobierno de la rama y al tribunal de aforados, nos ha parecido que tal planteamiento deja ingentes recursos para ejecutar y la estrategia justicia en manos de personas ajenas a la función que, a la postre, serán dirigidos por una especie de gerente; titánica labor que no puede ser concentrada, menos aún dirigida centrípetamente, pues desfigura, entre otras razones, la especialidad de cada sector justicia; es decir, rompe con la autonomía que bien inspirada se estuvo en la Constitución del 91. Se podrá estar de acuerdo o no con la caída de esta parte de la reforma, pero en todo la Corte Constitucional guardó para la rama judicial su potencial, su forma y alcance. ¿Que las Cortes no permiten su reforma? No lo creo, lo que creo es, sin duda, que los alcances de la reforma no concuerdan con el espíritu de la función; señoras y señores, hablar de Constituyente es la agravación del planteamiento, pues no sería la forma institucional de llevar a cabo la faena.

¿Será que estamos pensando que los cambios institucionales, dentro o fuera de la institucionalidad, pero en todo normativos, producen los cambios sociales? Error. Como expertos afirman: se trata de un ‘salto de brujo’[1] o, en otros términos: ‘la fiebre no estaba en las sábanas’.

La reformitis aguda es una grave enfermedad que nos acorrala; sin los canales institucionales, constituiría un mal que no tiene cura.

[1] el denominado ‘salto del brujo’: aplicar el método de las ciencias naturales a las ciencias sociales; consiste en incluir una solución de naturaleza a la cultura, como cuando el Brujo, para acallar el dolor y la fiebre, realiza pases mágicos sobre el doliente: El dolor y la fiebre son de la naturaleza, fenómeno natural, de ciencia natural y los pases mágicos, lo son de la cultura, de la invención del hombre, de la institución, del comportamiento.

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