Y bueno, ¿qué pasó en la audiencia del glifosato? (II)

Una mirada a los argumentos de quienes manifestaron su desacuerdo con la aspersión y a la perspectiva de la magistrada Julieta Lemaitre

Por: Absalón Cabrera
Marzo 18, 2019
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Y bueno, ¿qué pasó en la audiencia del glifosato? (II)
Foto: Twitter @CConstitucional

Luego de presentar en términos generales el argumento expresado por el Ejecutivo y su equipo de gobierno en la audiencia pública, voy a concentrarme en dos aspectos. Primero, el argumento de los ponentes que manifestaron su desacuerdo a la continuación de la aspersión con glifosato. Segundo, la perspectiva de la doctora y magistrada de la Justicia Especial para la Paz (JEP) Julieta Lemaitre quien expone, en su libro El Estado siempre llega tarde (2019), las principales causas por las cuales no ha sido posible virar hacia una paz estable y duradera.

Primero, los representantes de las comunidades accionantes de la tutela, el gobernador de Nariño y algunos exfuncionarios, se mostraron de acuerdo con la no focalización de esta práctica como única respuesta al incremento del cultivo de la planta de coca. Me parece importante destacar la presentación del gobernador quien, de manera concisa, recoge argumentos generales sobre “por qué decir no al glifosato”. Su ponencia comienza recordando que “estamos unidos en un propósito común, acabar con los cultivos ilícitos”, al igual que “acabar con la criminalidad”. Con ello presente y claro, la preocupación está en el “cómo”. Cómo se va a acabar con los cultivos ilícitos. En este sentido, esbozó tres maneras contempladas en el Plan Nacional de Desarrollo (PND). Con ello destacó el énfasis que pone el Gobierno en el “aumento de la aspersión con glifosato”, al igual que la “erradicación forzosa”. Métodos que, de acuerdo con estudios de la ONU, presentan un mayor índice de resiembra. Y el método de sustitución, que presenta menores niveles de resiembra, tiene menos proyección en el PND.    

Con los anteriores datos queda claro que el énfasis del gobierno es darle vía libre a la fumigación con glifosato, desatendiendo las implicaciones que este químico puede tener en materia de salud y daño al medio ambiente. De esta manera, indagar en la pregunta por el “cómo” permite comprender la existencia de una problemática muy amplia, pues dicho cultivo “contempla un problema social” del que el Estado no se ha hecho cargo. Entre otras cosas, se le recordó al actual ministro de Salud que la región nariñense padece, por desinterés del Estado de llegar a las regiones, en calidad de servicios y asistencia. Según el gobernador hoy día “no hay un hospital de segundo nivel para diez municipios”.

En concreto, los argumentos en contra de la aspersión con glifosato van enfocados a no “desencadenar una crisis humanitaria” debido al impacto que tiene el químico en la salud de las personas, el medio ambiente donde se aplica y su poca eficiencia como política a largo plazo. Adicional, es necesario recalcar la importancia del cumplimiento de las obligaciones del Estado en materia de garantizar los derechos fundamentales, tales como a la salud y a la vida. Cosa que parece ir en contra al focalizar la aspersión como método para detener el cultivo de esta planta, cuyo producto tiene usos ilícitos. En este sentido, estoy de acuerdo con el planteamiento del gobernador cuando hace referencia a que “no es acabando con las familias como se va a acabar con los cultivos”. El deber de las familias es buscar la manera de sobrevivir y las opciones no se las está dando el Estado sino la criminalidad.

Lo anterior permite introducir el segundo aspecto, que la doctora Lemaitre esboza en su libro El Estado siempre llega tarde (2019), donde menciona que el origen del conflicto es el problema de la tierra en su doble dimensión: el hurto, pero también la ausencia del Estado de las zonas extensas del país donde los campesinos colonizaron, con poco o ningún acompañamiento oficial, zonas que siguen sin tener servicios básicos que sus pobladores reclaman, como vías, escuelas y hospitales” (pág. 24).   

Los aspectos antes mencionados nos llevan a pensar que el trabajo que falta por hacer es más amplio. Por un lado, exigir la presencia del Estado con todas sus instituciones en todos los rincones del territorio colombiano. Si bien, como nación no ha sido posible consolidar una paz estable y duradera, todavía tenemos la esperanza de lograrlo y la convicción democrática que es posible construir país más equitativo. Esa construcción es posible desde los espacios educativos, desde la cátedra de paz que ofrezca una visión amplia de las causas por las cuales se ha generado el conflicto. Acompañados de una educación transversal que permita articular las diferentes disciplinas hacia un nivel de conciencia y responsabilidad política y social. Con respeto y cuidado del medio ambiente, y empáticos frente al sufrimiento de los demás.   

Generar conciencia sobre las causas permitirá ofrecer alternativas de solución eficaces. Alternativas a largo plazo sin mediocridad y populismos. Por ello recomiendo este libro como un texto fundamental para los niveles de educación media y en especial, como ya se mencionó, para la cátedra de la paz. El libro ofrece una perspectiva crítica que permitirá, con la orientación del docente, poner en contexto las causas y los efectos de la falta de presencia del Estado.   

Lemaitre Ripoll, Julieta. El Estado siempre llega tarde. La reconstrucción de la vida cotidiana después de la guerra. Siglo Veintiuno Editores Argentina S.A, 2019.

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