Vuelve y juega: ¿Y del hospital de Santander de Quilichao qué?

Nuevamente hay crisis laboral al interior del “único hospital de nivel 1 y ½ que se cree 2" del norte del Cauca

Por: Omar Orlando Tovar Troches
julio 07, 2022
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Vuelve y juega: ¿Y del hospital de Santander de Quilichao qué?
Foto: hfps.gov

En medio del jolgorio ocasionado por la llegada de la fórmula Petro-Márquez del Pacto Histórico, al gobierno nacional de Colombia, la ciudadanía del norte del departamento del Cauca, una de las regiones que, recientemente, más votos les ha puesto a las propuestas alternativas a la presidencia de Colombia; tiene que seguir padeciendo los resultados de mantener vigentes, aún hoy, las viejas fórmulas de la politiquería tradicional a la hora de administrar el Estado a nivel regional y local. Me explico a continuación.

Resulta que, nuevamente se está presentando una crisis laboral al interior del “único hospital de nivel 1 y ½ que se cree 2, que tenemos los norte-caucanos”. Este conflicto, protagonizado nuevamente por el personal médico del servicio de urgencias de este establecimiento hospitalario, se suma a la preocupante lista de anomalías presentes en el deficiente servicio que presta el ya bastante desvencijado hospital regional.

Sintiendo pena ajena por las administraciones: municipal de Santander de Quilichao y departamental del Cauca, es verdaderamente inaceptable el deplorable papel que vienen desempeñando, en los últimos años, los encargados de la administración de la salud de la ciudadanía norte caucana, específicamente, en lo referente al manejo del Hospital Francisco de Paula Santander.

Al parecer, ni la alcaldesa municipal de Santander de Quilichao, junto con sus mayorías en el Concejo, ni el gobernador del Cauca, con sus diputados, han podido avanzar, ni un milímetro en la ruta de la solución a la crisis que padece el servicio de salud en el norte del Cauca.

Aferrados al ejercicio de la milimetría burocrática, en la repartición de los cargos administrativos de las entidades departamentales y municipales encargadas de atender los requerimientos de salud de la ciudadanía norte-caucana; tanto alcaldesa, como gobernador, junto a sus corporaciones coadministrativas, han insistido en la repartija amiguista y clientelar de cargos y contratos en las entidades sanitarias de Santander de Quilichao, dejando de lado lo principal: La salud y la vida de los habitantes de esta zona del país.

Amparada en el miedo y la ley del silencio que rige al personal que presta sus servicios en el Hospital Francisco de Paula Santander, impuesta por medio de la hiper- discrecionalidad para contratar que han tenido y tienen quienes administran la salud en Quilichao; la clase política tradicional caucana, ha aprovechado este paraíso de poder, para “administrar” a su antojo y conveniencia, estos oasis electoreros en que terminaron convertidas las instituciones de salud públicas de Santander de Quilichao, a pesar, incluso, de  ocasionales actuaciones de los entes de control estatales.

El espectáculo de hacinamiento e improvisación en el que se han convertido las instalaciones del Hospital Francisco de Paula Santander (HFPS), junto con una ineficiente articulación con Quilisalud, en teoría encargada de prestar servicios de urgencias y primer nivel, muestra a las claras, la manera en que se han venido deteriorando las condiciones de acceso al servicio de salud, que padecen la mayoría de habitantes del norte del Cauca, obligados a acudir al HFPS, en busca de atención y remedio a sus dolencias.

El deterioro locativo y administrativo que muestra el viejo hospital, contrasta tristemente, con el espectáculo de inmovilidad de las obras del cacareado nuevo hospital regional del norte del Cauca, convertido ahora en un probable elefante blanco.

En tanto persistan: El silencio cómplice de funcionarios de la salud, la indolencia ciudadana, la desunión de los trabajadores de la salud de esta zona del Cauca, la falta de liderazgo de las organizaciones sindicales, así como los ineficientes ejercicios de fiscalización de las veedurías ciudadanas, de los entes de control, lo mismo que la actitud complaciente de concejales y diputados, frente a las malas administraciones; parece poco probable que la latente crisis de salud, presente en Santander de Quilichao, pueda tener algún tipo de solución.

Para colmo de males, la clase política tradicional que ha gobernado al Cauca y a Santander de Quilichao durante los últimos años, autora y cómplice del actual desastre en salud, pareciera reencaucharse, por obra y gracia de la excesiva generosidad de la dirigencia del Pacto Histórico en el Cauca. Amanecerá y ojalá podamos ver.

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