Vine detrás de un ave desconocida
Expedición Avina -

Vine detrás de un ave desconocida

El reto: conseguir que las nuevas generaciones no pierdan la intimidad con el monte, que el conocimiento que se heredaba a través de la cacería no se pierda.

Por:
diciembre 11, 2014
Vine detrás de un ave desconocida
Fotografía: Camilo Rozo

Regresamos a Leticia en medio de la lluvia, en tan solo dos días el nivel del agua ha subido a tal punto que han desaparecido las pocas playas que quedaban cuando hicimos el recorrido en sentido contrario. A dos calles del puerto, Hervé ve a Sara Bennet. Esta mujer, suave y ligera, a la que cuesta imaginar lidiando sola con la selva. Acepta tomarse un café con nosotros para hablar de su vida en el Amazonas mientras pasa la lluvia. Que suerte tuvimos.

Sara llegó a estas tierras en el 84 y su trabajo de 30 años la ha convertido en un referente importante para las comunidades de la zona: es una líder en el cuidado del medio ambiente. Su viaje emocional y físico fue radical, y esto es lo que ha vivido en tres décadas recorriendo el río:

“Soy bióloga y comencé a interesarme en los trópicos por las aves migratorias. Viajé primero a México y a las Antillas detrás de las aves. Hubo un boom de ecología neo tropical en ese entonces. Me subí a esa ola y nunca he salido. Colombia fue casi un accidente: yo estaba lista para ir donde fuera, Madagascar, India, África, Australia, pero llegué a Colombia y la selva me enganchó.”

“Llegué enamorada de un hombre que trabajaba en el Cuerpo de Paz, que en esa época había hecho un convenio con el Smithsonian Institute para investigar primates en el Parque Nacional El Tuparro. Recuerdo el primer día que fui al monte, El Tuparro tenía un sistema de trochas maravilloso. Salí en busca de aves y encontré un mono churruco, algo raro porque ellos andan en grupos. El mono me miró, fue un instante increíble. Las aves me encantan porque son algo estético, asimétrico, pero no te miran, huyen. Los monos sí, te miran, piensan.”

Sara llegó a Amacayacu detrás de un ave desconocida por los científicos en ese entonces, y pensó que vivir y cuidar una zona protegida, apoyar a las comunidades y estudiar era el mejor escenario, así que comenzó a gestionar recursos. “Vine por un corto tiempo y aquí sigo” dice.

“A los micos llegué por el Piurí, el ave que permitió que el Zoológico de Columbis, Ohio, financiara el estudio inicial. En la isla ubicada frente a Mocagua habita la única población viable que queda en Colombia de esta especie. Comencé pidiendo ayuda a la comunidad, era algo que no podía hacer sola. Aparecieron cerca de 50 hombres y algunas mujeres ¡Y yo sólo tenía mil dólares por mes! Entonces ellos mismos propusieron rotarse. Parecía un partido de volleyball, cada mes un nuevo equipo, lo que fue formando una masa crítica social.”

“Partimos de la hipótesis de que la disminución del Piurí se debía a la cacería humana y que si esta se suspendía la población iba a aumentar. A los líderes les pregunté ¿pueden hacer eso? Dijeron que si y lo hicieron. Esto sucedió en el año 2000. Como resultado, las mismas comunidades se interesaron en otros temas como la pesca, e hicieron un plan de manejo de los recursos naturales, que refuerza y reconfirma la normativa nacional que dice, entre otras muchas cosas, que es ilegal usar mallas en quebradas y lagos. En las entidades de gobierno se rieron cuando fuimos a pedir apoyo para el plan. No había dinero para la gasolina ni para nada, así que nos desearon buena suerte.”

“Durante 6 meses salimos una vez al día con alguien del Parque Amacayacu y alguien de las comunidades de Mocagua, Macedonia y Vergel, sin armas y sin la compañía de ninguna autoridad. Nos acercábamos a las grandes embarcaciones a contarles que éramos de las comunidades y que no se podía pescar con mallas en esas aguas. Fue un fracaso, porque si nos escuchaban, simplemente se iban un poco más allá y continuaban la pesca. Terminó siendo una gastadera de tiempo y de gasolina”.

Sin embargo, no desistieron. Se ganaron unos recursos de Parques Nacionales y del Fondo de Acción Ambiental y tuvieron 8 meses geniales. “Era palpable el empoderamiento de las personas que participaron. Fue en ese momento que aparecieron los primates, porque los cazadores de Mocagua hablaron de la fauna y de otros recursos, proponiendo que la veda impuesta a la caza del Piurí se ampliara a cualquier especie amenazada. En la lista entraron, del río el manatí, el caimán negro y el pirarucú. De la parte alta, el churuco y el mono blanco.”

“Se ha logrado mucho, pero el reto está en conseguir que las nuevas generaciones no pierdan la intimidad con el monte, que el conocimiento que se heredaba a través de la cacería no se pierda. Siguen sucediendo cosas: hace pocas semanas encontraron en uno de los cambuches que tenemos para hacer monitoreo, restos de un mono aullador y una pava negra; en el comedor de la escuela de Macedonia sirven carne de monte, es decir, los niños se están comiendo su propio futuro.”

A pesar de que su trabajo se centra en el cuidado de la naturaleza, hay un tema que obsesiona a Sara: el turismo. El los últimos meses ha aparecido un gran operador que es el tema recurrente de muchas personas y comunidades. Nadie como Sara nos habló con tanta certeza del riesgo que implica:

“La característica biológica del sistema amazónico es alta diversidad y baja densidad, el mismo modelo que quiero proponer para el turismo en la región. Soy bióloga, pienso en sistemas.”

“Cuando Parques Nacionales entregó hace unos años la operación a un privado, se podían alojar 45 personas en el Parque Amacayacu, cifra que se mantuvo durante el tiempo que estuvo abierto. Hoy están llegando 300 personas al tiempo sin ningún control, y lo que se dice es que quieren llegar a 1.000. Nadie pregunta de dónde salió la madera para construir las cabañas, a dónde va la basura que produce tanta gente, a quién le contratan los servicios o qué comen. Hay preguntas claves que no son obvias y que requieren no sólo la conciencia sino la capacidad analítica y la experiencia de comprender los sistemas.”

“¿Que si hay más conciencia? Creo que hay más carreta y muy poco análisis. De nuevo los grandes operadores turísticos están entrando al Amazonas. Con criterio podrían hacerlo, a una escala mucho menor y con un impacto social y ambiental positivo. Pero hacen lo que les da la gana, y si no lo logran en Colombia lo logran en Perú.”

“Están hablando de hacer un zoológico amazónico, eso para mí es inconcebible, pensar que quien venga va a conocer esta maravilla a través de animales locos por estar enjaulados me hace pensar que tal vez deba regresar a Estados Unidos. Pero cuando lo pienso, cuando me imagino bien vestida, viviendo la vida en una ciudad, creo que prefiero morir.”

Y si lo dice esta mujer que ha devuelto a la vida salvaje a muchos primates incautados, que ha sido parte del grupo de personas que permitió que los antiguos cazadores sean hoy líderes del cuidado ambiental y que ha hecho de esta tierra su vida y su lucha, pues entonces, hay que creerle.

 

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