Expedición Avina -

"En las fronteras las heridas están más abiertas"

Paco y Rafa esperan que un día no haya pobres ni fronteras

Por:
diciembre 11, 2014
Fotografía: Camilo Rozo

El encuentro con Paco y Rafa del Equipo Itinerante (nos pidieron llamarlos así, así los llaman todos) estuvo a punto de convertirse en desencuentro. Las comunicaciones previas habían sido pocas y sólo por correo electrónico, porque ellos están itinerando constantemente. La cita era a las 11 de la mañana frente a un hotel de Leticia. Nos contaron que habían entregado su sede hace pocos días y supusimos que el encuentro era para dar una vuelta y hablar. Luego entendimos que supusieron que no queríamos visitar la comunidad que están dejando: La Playa. Pero sí queríamos.

La Playa, un lugar que es tierra de nadie, está sobre una quebrada que permanece seca gran parte del año. Para entrar y salir debemos caminar por unos tablones de madera. Las casas están justo en el medio de dos pilotes que indican donde terminan Colombia y Brasil: esta es una frontera.

Las casas en palafito son idénticas, no tienen agua ni alcantarillado, en una de ellas queda la sede del Equipo Itinerante, esta es diferente sólo porque no hay basura bajo ella. Nada más. Allí nos reunimos a hablar con estos curas jesuitas, transeúntes entre milenios y continentes, quienes tienen fe en la humanidad.

Paco es un hombre particularmente bello, alto, flaco, de manos muy grandes y a la vez suaves. Suele terminar las frases con carcajadas sinceras. Rafa es más reservado, escucha y mira atentamente. Debe ser la huella de su convivencia con los indígenas bolivianos. Hace pocos meses se encontraron en un destino inusual, sobre todo por la manera como lo viven.

Paco nació en España, pero con 20 años ya estaba en Brasil. A los 17 entró a la Compañía de Jesús porque creía que era la forma más rápida de llegar al país de sus sueños. Quería ser médico y ejercer en Brasil, pero eso tomaba demasiado tiempo, así que se hizo cura.

“No somos mejores ni peores. Hemos tenido la suerte de vivir en el mundo de los pobres y no querer salir. Vivir en el ideal de que llegue el día en que no haya pobres porque no hay ricos, que no haya extranjeros porque no hay fronteras.”

 

“Esto comenzó 16 años atrás, en Manaos, donde un padre superior pensó en liberar 2 o 3 Jesuitas, no para hacer pastoral ni nada parecido, sino para andar por ahí, escuchando a la gente, conviviendo, para aprender de las mismas personas la mejor manera de servirles. Así nació el Equipo Itinerante, aunque prefiero llamarlo equipo vagabundo. Trabajamos y aprendemos de las comunidades indígenas que viven en las riberas de los ríos y de las comunidades urbanas marginadas, que en Leticia se han ubicado en las quebrada, en barrios de palafitos.”

“Escogimos las fronteras, porque las fronteras no sólo son geográficas, son también existenciales. Lugares donde las problemáticas y los desafíos son mayores. La migración, la gente que va de un lado al otro del río, porque aquí es Perú, allá Colombia y en este lado Brasil.”

“En las fronteras las heridas están más abiertas, tanto en las personas como en la tierra. Nosotros queremos estar donde nadie más quiere estar y compartir nuestra vida con quien nadie quiere hacerlo. No asumimos como Equipo Itinerante resolver los problemas de nadie, no coordinamos ni hacemos proyectos. Si una comunidad lo requiere, que sea la gente la que formule el proyecto y nosotros lo apoyamos. Queremos coser las fronteras, ignorarlas. Por ejemplo, el padre de un joven tikuna vive al otro lado del río, en Perú, entonces, ¿va a pensar que vive en el extranjero? No debería ser. Las fronteras son tan artificiales que no deberían existir.”

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Fotografías: Camilo Rozo

“Vivir en comunidades indígenas me ha enseñado el respeto por la vida, por la naturaleza, el sentido de comunidad. Cuando alguien de la comunidad de los Yanomamis va a cazar no puede comer del animal, es para los otros. No por ley sino por costumbre. Es como si el dinero que ganas no puede ser para ti. Son valores que cuestionan completamente nuestra manera de pensar capitalista e individualista. Y no es que sean más o menos santos, ellos son egoístas como todos los humanos, pero guardan unos valores de respeto a la naturaleza y de convivencia que me parecen la única salvación posible de la humanidad. Mientras tanto la sociedad capitalista les está diciendo que estorban, que no dejan sacar los minerales ni la madera para que la economía crezca.”

“Los indígenas en términos generales no son pobres, es decir, comen todos los días y llevan una vida parecida a lo que quieren. El Equipo los ayuda en la lucha por la delimitación de su territorio, en el reconocimiento, para que puedan responder a las grandes empresas madereras o mineras. Los indígenas son los más perseguidos, pero los ribereños son los más olvidados, porque la pobreza urbana es otra cosa, tal vez ellos sean los más deshumanizados. Es con estos sujetos con los que queremos vivir y compartir. Hemos aprendido sobre su mística, sobre el sentido profundo que le dan a las cosas.”

Luego, Rafa nos cuenta que llegó a Leticia hace 9 meses, después de estar 8 años en la planicie boliviana con los quechuas. Lleva 14 años itinerando por Latinoamérica, viviendo en distintos países en medio de culturas indígenas. Se ordenó de sacerdote hace poco más de un año. “Estaba a punto de casarme, llevaba 7 años de novio de una chica cuando cambió por completo mi proyecto de vida por los designios de Dios.”

“De las comunidades indígenas he aprendido mucho, la trascendencia, cómo para ellos dios no es algo lejano, sino aquello que se refleja en la comunidad. Saber que somos parte de algo más grande que está también en los animales, en las plantas y que si no lo cuidamos, pues todo se acaba. No consumir más de lo que necesitas, cuando se pesca o se caza no se pretende acumular. Viviendo en México con una comunidad me sorprendió que su saludo es preguntar ¿Cómo está nuestro corazón? Y eso quiere decir que si tu estás bien yo también.”

“Además he aprendido el don de escuchar, porque nosotros hablamos y hablamos sin decir nada y ellos con el silencio lo dicen todo. Ahora mismo estoy asesorando a las comunidades en derecho indígena, especialmente en los temas de salud, educación y tierras, temas en los que están más amenazados. También en el tráfico humano, que es un hecho encubierto, porque todo el mundo lo sabe, pero nadie habla al respecto. La trata de personas tiene muchas facetas, la explotación para el trabajo, la explotación sexual, el trabajo infantil, el tráfico de órganos y la adopción ilegal. Sucede que las adolescentes se van a las ciudades a cuidar niños y casas a cambio de comida. Eso es una forma de esclavitud.”

 

 

Fotografías: Camilo Rozo

Tanto a la entrada como a la salida de La Playa, Paco fue abordado por un niño que le pedía magia. Él le hizo ambas veces algo en la mano. Cuando nos despedimos, me pidió mi mano, la apretó fuerte, luego tocó la punta de cada dedo y logró que sintiera una especie de hilos eléctricos que elevaban mis dedos. Y sí, magia es una buena definición para lo que hace este hombre todos los días. Hoy fue con la Expedición Avina en los palafitos de La Playa.

 

 

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