¿Usted atropelló a mi mamá y se voló?

Una conductora que hablaba por celular, estrelló a un taxi en el barrio Rosales de Bogotá y dejó a tres personas heridas el domingo de Ramos

Por: Natalia Orduz Salinas
marzo 31, 2016
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¿Usted atropelló a mi mamá y se voló?

Fue en la carrera cuarta, en pleno barrio Rosales en Bogotá, a solo una cuadra de donde reside, al menos parcialmente, el Presidente de la República. Eran las diez de la noche. Una pareja volvía alegre y tranquila a su casa en taxi, luego de asistir a una obra del Festival de Teatro el domingo de ramos.

Una Toyota blanca bajó con velocidad por la calle 75, estrelló el taxi en uno de los costados traseros y lo impulsó a girar como un trompo al menos 400 grados sobre su propio eje.

Más tarde, los militares que custodian la zona relataron que la conductora rubia hablaba por celular mientras se volaba el “pare”.

Y que se voló.

A ella quiero darle el parte de tranquilidad de que no acabó con la vida de nadie.

De haber sido así, yo no tendría la fuerza para escribirle ni dirigirme a ella, ni de hablar sobre el asunto. Mucho menos públicamente. Lo sé, porque hace nueve años, un comportamiento irresponsable y similar acabó con la vida de mi hermano Antonio. No conozco las circunstancias exactas de ese accidente, porque esa información solo serviría para agrandar el dolor de una pérdida irrecuperable. Solo sé que el primer reflejo del personaje fue volarse: dejó su propio vehículo abandonado en la calle, sin la menor preocupación por la vida de su víctima que en ese momento aún pendía de un hilo. Apareció horas después, cuando los médicos habían anunciado que ni un milagro podría salvar a Antonio.

En ese caso hubo una condena penal.

Hoy, además de confiar y hacer un llamado a la justicia para que haga su tarea, quiero hacer un reproche público al personaje de la Toyota.

No tape el sol con una mano: usted dejó en mi mamá lesiones muy dolorosas, incapacitantes y de muy difícil recuperación, y heridas graves en Camilo y el taxista. Son tres personas de carne y hueso, cada una con familia. Con orgullo le cuento que mi mamá y Camilo han dedicado su vida profesional a trabajar por la justicia y la paz.

Un accidente no debería ocurrir como consecuencia del incumplimiento de acuerdos sociales tan básicos como frenar en un pare y no hablar por celular mientras se conduce. Esta actitud tan típicamente colombiana de desafiar las normas puede que no esté mediada necesariamente por malas intenciones. Es, en todo caso, egoísta y un reflejo de una precaria conciencia ciudadana.

Más allá de eso, fugarse de enfrentar las consecuencias de sus propias infracciones es una conducta cobarde: dejar a tres personas heridas en la calle sin prestar una ayuda que tal vez podría salvar sus vidas es, por decir lo menos, inhumano.

Si ya faltó al deber ético de socorrer a las personas que usted impactó, espero que su actitud no se extienda al deber cívico de aclarar los hechos y asumir sus responsabilidades.

 

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