¿Uribe, un buen gobernante?

"A la sombra de los escándalos de corrupción, derechos humanos y medioambiente, ¿qué se puede decir?"

Por: german camacho
agosto 11, 2020
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¿Uribe, un buen gobernante?
Foto: Helene C. Stikkel - dominio público

Cabe preguntarse dentro de este modelo estatista que ama la humanidad, ¿qué es un buen gobernante? En lo personal, considero el término “buen gobernante” un oxímoron (complementar una palabra con otra que tiene un significado contradictorio u opuesto).

El buen gobierno tendría que ser la clave para la implementación de políticas que mejoren la calidad de vida de toda la sociedad. Una administración que concentre sus esfuerzos en elementos como salud, educación, cultura y equidad, que faciliten la consolidación comunitaria. Un buen gobierno está dotado de transparencia, pluralismo, eficiencia y ninguna tolerancia con la corrupción; generando desarrollo regional y consolidando espacios para la participación activa de los ciudadanos en la búsqueda del bienestar general.

Algunos afirman erróneamente que Uribe “acabó la guerrilla”. Dar por concluido el largo conflicto colombiano, sin duda, habría sido el mayor acierto para cualquier presidente, pero desconocer que su fin fue producto de la firma del acuerdo de paz entre el gobierno Santos y las Farc, es producto del dogmatismo Uribista, si bien, Uribe debilitó a este grupo irregular y le propinó duros golpes. Algunos autores hablan de 17.000 combatientes al inicio del gobierno Uribe y 13.000 desmovilizados producto del acuerdo de paz, si estas cifras se ajustan a la realidad, la respuesta es bastante obvia.

Sin embargo, un buen gobierno, es todavía más. ¿Cómo le fue a Uribe? Si omitimos el horrendo capítulo de los “falsos positivos”, que debería ser razón suficiente para cuestionar cualquier gobierno en cualquier lugar del mundo, podemos decir que los resultados macroeconómicos tampoco fueron los mejores, sin desconocer que mucho tuvo que ver la situación financiera internacional y el agotamiento del modelo económico mundial. Aun con este escenario no se debe ignorar el aumento de la inversión extranjera, pero también del desempleo y que, pese a un repunte de la economía, el país continuó siendo uno de los más desiguales del mundo. Así mismo, cabe resaltar que dicho aumento de la inversión se dio en petróleo y minas, lo cual terminó siendo un desastre ambiental para el país.

Incluso, con los resultados macroeconómicos que podrían parecer positivos, la deuda social fue el gran escollo de los gobiernos en cabeza de Uribe, las cifras de desempleo, pobreza, indigencia, desigualdad y desplazamiento forzoso fueron abrumadoras. No obstante, el gobierno Uribe supo contener los episodios de hiperinflación que afectaron a otras economías latinoamericanas, lo que permitió una estabilidad reflejada en indicadores. Comparado con el desastroso gobierno Pastrana, cualquier resultado parecía un logro importante.

A la sombra de los escándalos de corrupción, derechos humanos, medioambiente, protección de los derechos esenciales de la ciudadanía, educación, justicia y equidad, ¿se puede hablar de un buen gobierno?

Según lo expresado por Plutarco: "No debe ser el político quien produzca tempestades, ni debe abandonar el puerto cuando ellas asalten su ciudad, ni debe agitarla peligrosamente, sino, cuando se tambalee y corra peligro, ayudarle y emplear un discurso sincero".

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