Una mujer que perdió a sus hermanas por orden del régimen iraní se la juega ahora enfrentando al ayatolá Alí Jamenei

Maryam Rajavi lleva 31 años haciendo oír su voz rebelde contra el horror en un país donde han asesinado 3.428 personas en 20 días por protestar

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enero 18, 2026
Una mujer que perdió a sus hermanas por orden del régimen iraní se la juega ahora enfrentando al ayatolá Alí Jamenei

Detrás de la figura política de Maryam Rajavi, la iraní que lidera desde París la resistencia al régimen del ayatolá Alí Jamenei, hay una mujer marcada por la pérdida, la persecución y una militancia sostenida durante más de cuatro décadas. La ejecución de su hermana Narges, por el régimen del sha, y de Massoumeh, embarazada, por el régimen islámico en sus albores, marcaría de forma irreversible su vida. Cubierta con el hiyab ha dado a vuelta al mundo como adalid de los derechos humanos, la libertad y la democracia en Oriente Medio, significando con este velo que el problema no es el islam sino lo líderes extremistas.

Rajavi nació en 1953 en Teherán, en una familia de clase media con fuertes inquietudes intelectuales, y es ingeniera metalúrgica. Cuando era una estudiante universitaria, se sumó a las filas contra el régimen del sha Reza Pahlavi, a quien consideraba un títere de intereses extranjeros. Fue a los 26 años cundo presenció la brutal ejecución de Narges, y no dudó en darle su apoyo a la Revolución Islámica de 1979. Tan temible cono la del sha, cooptada por los chiitas del ayatolá Ruholah Jomeini, ejecutó a su otra hermana y eso cambió la vida de Mararyam los siguientes 31 años.

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Desde París, Maryam Jaravi divulga la propuesta de 10 puntos para una sistema democrático y secular

Rajavi consolidó su ruptura total con el nuevo poder clerical. Desde entonces, su discurso no ha sido únicamente ideológico, sino también testimonial. En 1983, ante las continuas amenazas de muerte, decidió irse a París, donde ya estaba exiliado Massoud, su compañero, con quien hizo parte de la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (MEK). Se casaron dos años después y tuvieron dos hijos, Ashraf y Mostafa.

Desde París, Rajavi nunca dejó la lucha ni  su empeño por hacer de Irán un país democrático con igualdad de derechos para las mujeres y el poder que sea popular y no una  teocraciaverticalista. En 1993, diez años después de su llegada, fue elegida presidenta del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), conformado por una coalición de opositores desterrados, convirtiéndose en una de las pocas mujeres en liderar una coalición política de oposición en el mundo islámico.

Desde ese cargo, Rajavi ha construido una imagen pública sobria, austera y deliberadamente alejada del culto a la personalidad. No concede entrevistas con frecuencia ni expone aspectos íntimos de su vida. Sus apariciones públicas, cuidadosamente coreografiadas, buscan transmitir orden, continuidad y autoridad política más que cercanía emocional, una decisión estratégica que ha generado tanto adhesiones firmes como críticas.

De profundos ojos azules y mirada apacible, Rajavi es una mujer de mucha fortaleza. Decidida a defender el país que debió abandonar, nunca le ha tembladdo la voz a la hora de desafiar al régimen, que se ha "dedicado a exportar fundamentalismo y terrorismo en la región" bajo el disfraz del islamismo.

Desde su exilio, Rajavi ha defendido una línea política clara: la República Islámica es irreformable y debe ser reemplazada por un sistema democrático y secular. Su propuesta se articula en un programa de diez puntos que incluye elecciones libres, separación entre religión y Estado, igualdad entre hombres y mujeres, abolición de la pena de muerte, reconocimiento de las minorías y un Irán sin armas nucleares. Este documento se ha convertido en la carta de presentación del CNRI ante gobiernos y parlamentos occidentales.

No obstante, su figura sigue rodeada de polémica. El pasado del MEK designado durante años como organización terrorista por Washington y Bruselas, es centro de críticas, pero, aún así,  Rajavi sigue siendo la líder de la oposición más estructurada y disciplinada frente al régimen de Teherán.

El poder al que se enfrenta: Alí Jamenei, el líder supremo de Irán

El poder al que se enfrena Rajavi en la oposición no está en el presidente ni el parlamento, sino en el líder supremo, cargo que desde 1989 ocupa Alí Jamenei, el hombre más poderoso de Irán.

El ayatolá Jamenei ratifica cualquier decisión política en su país, tiene la última palabra en seguridad nacional y política exterior, y además es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de irán, incluida la Guardia Revolucionaria, un ejército ideológico que depende de su oficina y que tiene un enorme peso económico, y controla la milicia de voluntarios conocidos como basiyís.

Jomeini fue su mentor, empezó sus estudios religiosos siendo un niño en su natal Mashad, algo muy común entre las familias chiís. La suya tenía ocho hijos y un padre de origen azerí, que era clérigo, Jalad Hoseiní Jamenei. El joven Alí recibió clases de estacados ayatolás, entre ellos Jomeini. Y fue en su época de estudiante cuando entró al movimiento islamista opositor del sha de Persia Mohamed Reza Pahlevi, que lo llevó a la cárcel en seis ocasiones.

En 1979. Ruholá Jomeini voló desde París a Teherán, la revolución había triunfado. En pocos días la monarquía laica del sha y la bella Farah Diba, y los militares castrenses afeitados por norma dieron paso a la república islámica de clérigos y hombres de barba por obligación. Jamenei estaba desterrado en una provincia cerca de la frontera con Pakistán. Y regresó. Ahora habría menos jardinería y poemas. No así el estudio del Corán, ni sus seis hijos, ni los libros escritos sobre el papel histórico del islam, ni la traducción al persa del árabe que domina bien junto al azerí, la lengua paterna.

Tras una intricada lucha por el poder con Hashemi Rafsanyani, la Asamblea de Expertos lo eligió con 86 votos a favor el 4 de junio de 1989.. A pesar de su falta de carisma nadie duda de su enorme poder, nunca toma decisiones solo, pero ninguna puede ser tomada sin su consentimiento. Ha gobernado con base en consensos en lugar de decretos y siempre teniendo la mira en la supervivencia de la teocracia.

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Las protestas empezaron el 28 de diciembre por la crisis económica y escalaron al régimen de Jamenei con miles de muertos

Hoy Jameini pasa por la más crítica situación en el poder de 36 años. Desde el 28 de diciembre pasado las protestas empezaron en respuesta a la crisis económica y a la devaluación implementada ese día.  A tres semanas, las movilizaciones y la represión de las fuerzas policiales continúan. La cifra de muertes probadas, que llega con cuentagotas por el bloqueo informativo, roza las 3.500, según los últimos datos de la ONG de derechos humanos IHRNGO, con sede en Noruega. Estados Unidos no ha estado ausente y ante la amenaza del presidente Donald Trump de intervenir, se habló de diálogo. y sobre todo, se dio marcha atrás a la ejecución de manifestantes, el primero de ellos un joven de 26 años, Erfan Soltani.

El hijo del sha quiere volver

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Reza Pahlavi, el hijo mayor del último sha, vive en Washington y quiere volver al poder mediante un referéndum

En el otro extremo del espectro opositor se sitúa Reza Pahlavi, 65 años, hijo mayor del último sha de Irán. Exiliado tras la revolución de 1979, Pahlavi encarna una oposición de carácter simbólico y social, no lidera un partido ni una coalición formal, pero su apellido conserva una fuerte carga histórica para amplios sectores de la población iraní, especialmente entre quienes asocian el período anterior a 1979 con estabilidad, apertura y prosperidad relativa.

Reza Pahlavi ha sabido adaptarse al contexto contemporáneo. Lejos de reclamar la restauración de la monarquía, se presenta como un defensor de la democracia y del derecho del pueblo iraní a decidir su futuro mediante un referéndum. Este discurso le ha permitido ampliar su base de apoyo, particularmente entre jóvenes urbanos y sectores desencantados tanto con el régimen islámico como con las oposiciones ideologizadas. Durante las protestas masivas de 2022 y 2023, su presencia en redes sociales y medios internacionales se intensificó, consolidándolo como el rostro más reconocible de la oposición iraní.

En la oposición también están Masih Alinejad, periodista y activista exiliada, con gran  capacidad de movilización mediática a favor de las mujeres iraníes, Narges Mohammadi, premio nobel de la Paz, simboliza la resistencia cívica desde el interior del sistema represivo. Y el clérigo suní Maulana Abdolhamid ha emergido como figura de peso en el sudeste del país, combinando liderazgo espiritual con una crítica abierta al régimen.

La pregunta clave es si estas corrientes lograrán converger en un proyecto común capaz de canalizar el descontento social dentro de Irán, y en el caso de Rajavi, plasmar su convicción central permanece intacta: no habrá libertad en Irán sin una ruptura completa con el sistema teocrático.

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