Un joven de 23 años le dice no al Capo 3

Se niega a ver narconovelas

Por: Fabio Andrés Olarte Artunduaga.
julio 14, 2014
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Un joven de 23 años le dice no al Capo 3

"Pedro Pablo León Jaramillo" con acento paisa (fingido), fue la respuesta que en diciembre del 2012 me dio un niño en un centro comercial de Bogotá, cuando le pregunté su nombre. Mi inquietud surgió porque llamó poderosamente mi atención ver cómo él jugaba, con otros dos niños, en la plazoleta de comidas a "disparar" en una forma muy particular (Con el arma de lado: como hacen los sicarios de la capital de Antioquia). Esa imagen, por supuesto, se repite diariamente en colegios, jardines infantiles, barrios, parques, calles y plazas del país en una escala mucho mayor.Esos niños, admiradores del personaje de la serie El Capo, por supuesto no logran tener una dimensión real, de por qué aparece eso en la caja boba o cómo ese señor puede llegar a tener tanto dinero y poder.

Otro día, en Punta del Este (Uruguay) una señorita del hotel, tras escucharme hablar por teléfono, me decía "¿Vos sos colombiano? No te imaginas como me encanta El Capo. Es increíble la cantidad de guita (dinero) que llegó a tener ese hombre. Nunca me lo pierdo". Cuando iba a darle una respuesta personal acerca del tema del cuál ella hablaba, terminó de cambiar las sábanas del cuarto y salió disparada cantando una canción mal pronunciada en inglés. Nunca más volví a verla. Ésta charla, seguramente, se repite diariamente en los países donde se emite la serie con cualquier otro colombiano. Ahí vemos dos ejemplos ( A nivel nacional e internacional) de la repercusión del producto televisivo.

Ayer, mientras leía las noticias del país, descubrí para desgracia mía que en Colombia  está a punto de ser estrenada la tercera parte de la obra de Gustavo Bolívar. Una gran parte de la población colombiana, a esta hora, debe estar ansiosa por prender el televisor y ver una vez más a su héroe. Por supuesto no tarda en llegar, nuevamente, a 75 países del mundo (con más de 20 idiomas diferentes). Millones de compatriotas van a poner sus ojos, noche tras noche, frente a la pantalla para ver El Capo 3. Probablemente por la impresionante aceptación del público, específicamente en Colombia, podríamos ver algún día El Capo 23. Solo faltaría, entonces, que El Capo 16 fuese una aventura del delincuente en Marte.

El escritor, los actores y todo el equipo de trabajo de la serie, finalmente, no son los culpables. En un país donde el morbo se respira segundo a segundo, acompañado de unos índices altos de doble moral, una producción de estas inevitablemente es un éxito. El problema, como siempre, somos nosotros. Nadie nos obliga a ver esas series, así como nadie nos obliga a pensar que Pablo Escobar era el Robin Hood criollo. Lo peor del caso es la hipocresía que nos caracteriza. Cuando asocian al país con la cocaína, como sucedió en el mundial con la holandesa, el belga y los australianos, nos indignamos de una manera única, pero sabemos más la historia de los Gacha que la de Gabo. Cuando en el país vemos los periódicos repletos de titulares con muertes nos da 'dolor de patria', pero no nos perdemos un solo movimiento de Marlon Moreno. De hecho hay gente tan inconsciente que le compra álbumes de la serie a niños de 8 años,  los niños crecen con la mentalidad de los Rodríguez Orejuela y nosotros seguimos cruzados de brazos.

Es tan paradójica la situación que Bolívar, el autor de cuanta narconovela existe, maneja un movimiento llamado "Indignados Colombia". La gente en Rumania (país donde se emite la serie), por ejemplo, no debe conocer al Dr. Llinas o a Nairo Quintana,  pero sí al zar del narcotráfico. Linda imagen para un país que sueña con entrar a Europa y Estados Unidos sin visa. Los niños ya no leen Rin Rin Renacuajo (De hecho casi  ni lo conocen), pero si saben perfectamente quién es "La Perris" o "Tato" y hasta los quieren.

El narcotráfico, queramos o no, sigue siendo nuestra carta de presentación y el modelo de vida de una generación entera. Gente de mi edad (23 años) sueña con llenar su bolsillo de billetes verdes bajo la ley del menor esfuerzo. ¡Gracias Pablo Escobar por tu legado! Ahora, una generación más nueva anhela ser respetado, rico y poderoso como Pedro Pablo.

La vida, para muchos, debería ser al mejor estilo de un video de Don Omar. En un yate con 6 mujeres en bikini y 4 botellas de champaña en la mesa. Y bueno ¿Cómo podemos cambiar eso? Simple, dejemos de creer que la vida es así de fácil, no veamos más esas narconovelas y dejemos de mostrar al mundo que nuestro pasado no es pasado sino un presente que aniquila esperanzas.

#DESPIERTACOLOMBIA.
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