UBER: ¿no es rentable en Cartagena?

"El usuario lo pide a zonas de difícil acceso, hace mudanzas, tarda en abordar el carro, pide esperas prolongadas"

Por: Juan Diego Perdomo Alaba
febrero 20, 2017
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UBER: ¿no es rentable en Cartagena?
Foto: conductoresbogota.info

Los taxistas –algunos- están reaccionando, quieren ser competitivos y para eso están mejorando su servicio y cobrando lo justo. Mientras tanto, UBER sigue imparable en la ciudad reclutando conductores y captando pasajeros de manera masiva y clandestina, incurriendo en un comportamiento invasivo y peligroso que va en contra del movimiento de 'economía colaborativa' con el que se promociona a nivel mundial.

El riquillo gringo, con una modesta oficina en Cartagena que da grima, ofrece a sus 'asociados' entre 200 y 300 mil pesos por conductor referido; al parecer obsequia a usuarios primerizos paquetes hasta de 180 mil pesos en créditos, y se despachan en bonos y códigos promocionales de 20 mil a aquellos que logren que sus contactos descarguen la aplicación. El primer viaje es gratis. Y así, de a poco, se van creando mafias de lado y lado...

Sus bondades no son gratuitas: UBER es excesivamente generoso y benévolo con el usuario ya que no es el dueño de la flota, no arriesga nada, no tributa. Su negocio es la tecnología y rentabiliza a través de una comisión del 25% que le cobra al conductor solo por contactarlo con el pasajero que goza de un servicio económico, confiable y seguro, beneficios apenas obvios por una sencilla labor de intermediación digital.

Registrado como un particular ante el organismo de Tránsito, el 'asociado' propietario del vehículo asume los riesgos propios del negocio suplantando el carácter formal de un servicio público de taxi. Responde asimismo por los impuestos de su carro, seguro, gasolina, mantenimiento, imprevistos y la depreciación de su bien. Se expone al cada vez más agresivo cerco policial y a la persecución del gremio taxista. Es falso que UBER apoye a sus asociados en caso de un accidente de tránsito y que asuma el 50% del comparendo por "servicio de transporte ilegal". Tima al propietario conductor a punta de publicidad engañosa.

Por todo lo anterior, UBER, al no invertir nada, rompe el mercado de transporte público legal ofreciendo tarifas bajas y sin recargos, bonos y dádivas que soterradamente salen de las ganancias del conductor. Las mínimas, por ejemplo, que la app calcula en 5.300 pesos, le dejan al conductor solo 3.700. En su página web lo explica: "El negocio de UBER es la tecnología, el del conductor es el transporte privado", en este caso pirata, de contrabando.

La “economía colaborativa” no es más que conectar gente que necesita algún servicio con otra que lo ofrece a través de una plataforma digital. No crea empleo, pues a larga genera esclavos. Al respecto el senador del Polo Jorge Robledo da un ejemplo muy claro que coincide con la carreta que echa Travis Kalanick de cómo se le ocurrió UBER: economía solidaria es cuando "amigos hacen una vaca para echarle gasolina al carro de uno de ellos para así viajar todos juntos". Pues resulta que Kalanick estaba bajo la lluvia y no conseguía un taxi. Deseó entonces tener una app que pudiera contactarlo con otra persona para compartir el viaje y pagarle por el servicio.

La idea entonces nunca fue la de usurpar al servicio de taxis sino la de conectar a un conductor con un pasajero que necesita el servicio pero que va en la misma vía, algo así como dar un chance y que te paguen por él.

La aplicación es tan generosa que ya los usuarios saben cómo sacarle provecho y abusar. Se supone que UBER calcula la tarifa de acuerdo al tiempo y la distancia, no es tan cierto, pues en la realidad no hay manera de comprobar la exactitud del cálculo en los recorridos que registra el navegador a pesar del algoritmo que lo taza. La vida real es diferente y hacer tramos en una ciudad con un tráfico tan caótico, sin una nomenclatura formal y con una malla vial tan desastrosa como la nuestra, no es tan fácil como lo muestra Waze.

El usuario lo pide a zonas de difícil acceso, hace mudanzas, tarda en abordar el carro, pide esperas prolongadas. Los ‘levantaditos’ lo usan como su privado con chofer para presumir. Como sabe que UBER siempre le da dará la razón, el pasajero exige desde la plataforma un ajuste de la tarifa pagada para recibir algún descuento futuro. Con bonos promocionales, jóvenes y universitarios lo usan como servicio colectivo, ingresan un trayecto y solicitan varias paradas en zonas distantes unas de otras.

Cuando el pasajero pide un UBER, la aplicación no siempre envía el vehículo más cercano, entonces para el conductor que decide tomarlo, es más largo el trayecto para ir por el pasajero que el de su destino, entonces se gasta gasolina –la más cara del continente- y hay pérdida.

Las tarifas dinámicas, gratas para el conductor, son como Los juegos del hambre, una pugna entre conductor y usuario. La tarifa se incrementa de acuerdo a la demanda del servicio, entonces los conductores de un sector se desconectan en bloque para inducir la dinámica que no puede durar más de 5 minutos en el mapa de la plataforma, es allí donde el pasajero aprovecha y pide el servicio para no pagar el doble y hasta el triple por la tarifa. Y así decenas de situaciones más donde el conductor sale perdiendo.

El nefasto servicio del gremio taxista le dejó el camino expedito a un fenómeno peligroso que el gobierno no ha querido enfrentar y donde los beneficiados son UBER y los usuarios, que a todas estas y mientras tengan cómo pagar, siempre tendrán la libertad de elegir.

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