Tres Petros distintos

Tres Petros distintos

Por ahora no se vislumbra cuál será el Petro verdadero porque, mientras sus nombramientos parecen concesiones reformistas, sus ministros confunden y aún asustan

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julio 13, 2022
Tres Petros distintos

El presidente electo Gustavo Petro siempre ha sido un beligerante. Combatiente guerrillero, prisionero belicoso y aguerrido parlamentario. Su temperamento ha sido de batallador o político tempestuoso.

Ha tenido una actitud pendenciera y en ocasiones arrogante, ha sido sectario y se le recuerda por descalificar tajantemente a sus contradictores. Toda la izquierda que lo apoyó para estas elecciones siempre lo había enfrentado por su egocentrismo, su altanería, su brío, que a veces se confunde con cierta tendencia dictatorial, y su constante negación del otro. Casi todos los dirigentes de las organizaciones de izquierda lo definían como soberbio y ajeno a reconocer los méritos de sus aliados y copartidarios.

Personalidades de la talla intelectual de Carlos Gaviria, del espíritu mediador de Lucho Garzón, o de la ecuanimidad política de Antonio Navarro, que fueron sus compañeros de lucha en algún momento, terminaron por  alejarse refunfuñando sobre su ego y evitando los trapos al sol sobre sus tintes autoritarios, su engreimiento y su falta de modestia.

La sencillez o la humildad no parecían nunca hacer parte del equipaje de Petro. Pero todos a una coinciden en que es comprometido, valiente, intrépido y muy inteligente. Que se preocupa por el conocimiento y la historia y se esfuerza por comprender las realidades económicas, así concluya que le debe poner su sello particular al análisis de turno. Siempre lo rodearon los militantes más radicales, incluso de otras organizaciones, y solo se ganan su confianza absoluta quienes lo siguen a pie juntillas.

Tiende a desconfiar del que lo controvierte o le manifiesta su desacuerdo. No admite fácilmente el disenso y solo acepta llegar a acuerdos si finalmente impone su punto de vista. Más que conciliar lograba concitar las barras bravas y eludía los consensos con el recurso de apelar a la votación luego de poner a hervir las emociones con posturas radicales. Características que le sirvieron de una u otra manera para la principal batalla que ha dado en su vida y por la cual tirios y troyanos le reconocen su talante guerrero, por la que se ganó el respeto nacional e internacional, por sus denuncias contra lo que se dio en llamar la parapolítica.

Pero hay otro Gustavo Petro que se vio palmariamente en las pasadas elecciones, el pragmático. El político que recurre sin pudor al todo vale, al que le caben las inexplicables bolsas de dinero, las tulas con fajos de billetes de sus aliados y las andanzas otrora criticables de quienes le sumaran votos. El Petro que con cierto cinismo supo manejar lo que en cualquier otro político hubiera producido escándalos monumentales gracias a que su discurso radical calaba en los decepcionados y entusiasmaba a los desarrapados.

Un líder popular que se ganó primero los corazones de los excluidos y luego moldeó sus conciencias con frases decadentes que se fueron generalizando como “que llegue alguien que no sea de los mismos, así robe, pero que no sea de los mismos”, o como la que logró irrigarse en los sectores mas bajos, “nosotros no tenemos nada que perder y lo apoyamos porque queremos que quienes tienen que perder pierdan esta vez, así no ganemos nada”.

Ese otro Gustavo Petro que decidió ganar la presidencia al costo que fuera aunque quedara en entredicho su ética discursiva y se arriesgara casi al filo de la navaja a tocar las puertas del submundo politiquero y corrupto, a lidiar con sus aves de rapiña y sus monstruos camaleónicos.

Y una vez elegido el mundo conoció otro Gustavo Petro, el conciliador. El analista reposado que invita a conversar a quienes fueran sus más fervientes contradictores, el estadista que busca gobernabilidad a la colombiana, el estratega que se muestra capaz de pensar sesudamente cada nombramiento de su gabinete y el gobernante de la estatura que se requiere para enfrentar las crisis que subsisten en Colombia.

El presidente que se sienta a hablar hasta con el diablo para poder conseguir sus mayorías parlamentarias, no importa que sean los mismos con las mismas, para sacar adelante los proyectos legislativos. Unas reformas prometidas que pueden terminar como promesas reformadas y unas cuantas transacciones necesarias para calmar a medio país político que votó a su favor y tranquilizar al otro medio que votó en su contra.

Un Petro que ya no se ve altivo, que no acusa sino que describe una verdad contraria, que no reta sino que convoca, y a quien el triunfo parece haberle dado el sosiego que lo ha moderado. Un Petro apaciguador y cero incendiario, negociador y nada confrontacional y con la amplitud mental para lograr acuerdos, o por lo menos el gran acuerdo nacional que hoy propone, que tiene todo el sabor al sancocho nacional que soñaba Jaime Bateman en el M19.

Pero cuál de estos tres Petros será el Petro verdadero. O serán tres personas distintas y un solo Petro verdadero. Ese trompo está para coger en la uña, porque puede que ni el mismo presidente electo lo sepa. Vendrá el juego de probabilidades.

Ya se sabe que de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno, luego estas no cuentan. Vendrá la lucha entre la sensatez y el ego, entre los sueños y los demonios. Aparecerá desde el poder la búsqueda de la gloria o se pensará en el aquí y el ahora como lo propuso en su momento el líder socialdemócrata francés Francios Mitterrand. Emulará con Nelson Mandela y Pepe Mujica o copiará posturas de Fidel Castro, Hugo Chávez y Daniel Ortega. Por sus ídolos lo conoceréis. Quizás le hayan pegado hondamente las palabras del Mandela exguerrillero: "Mientras salía hacia la puerta que me llevaría a la libertad, supe que si no dejaba atrás mi amargura y mi odio, seguiría prisionero".

O tal vez la prosa de José Mujica excovicto: “No vivimos para cultivar la memoria mirando hacia atrás. Creo que el ser humano tiene que saber cicatrizar sus heridas y caminar en la perspectiva del futuro, pues no podemos vivir esclavizados por las cuentas pendientes de la vida”. Porque por ahora no se logra avizorar el verdadero Petro ya que con sus nombramientos parece hacer concesiones socialdemócratas y reformistas mientras que sus nombrados asustan y confunden, o porque salieron más papistas que el papa o porque traen el libreto para poner la cara mientras su jefe juega al equilibrado.

Los fantasmas de expropiación, dolarización, impuestos a la empresa, subjetividad para calificar la improductividad de la tierra y acabar la explotación del petróleo siguen vivos y coleando, a ciegas. Petro, Petróleo, petrodólar, son las pesadillas de muchos. Pensiones y EPS son por ahora sueños perturbadores. Dios quiera que haya un solo Petro verdadero y ojalá lo ilumine para que el ego y el pasado no desajusten su presente ni arruinen el futuro.

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