¿Tras la cuarentena qué?

Sin ciudadanos conscientes no hay transformación posible

Por: Roberto Núñez Pérez
junio 01, 2020
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¿Tras la cuarentena qué?
Fotos: Leonel Cordero

Aunque algunos se resistan a aceptarlo, el modelo económico fracasó. Bueno, en verdad la derrota es para las grandes mayorías, ya que para algunos pocos, como la banca, el modelo es lo mejor que se haya podido inventar. Y no se crea que la debacle del neoliberalismo se debe al COVID-19. No, señor, nunca ha funcionado.

Lo que ha hecho la pandemia es evidenciar lo que muchos ya sabíamos: es insostenible un modelo económico que beneficia a algunos pocos, al sector financiero y especulativo, en detrimento de la economía real.

En el caso de Colombia, a millones de personas les ha sido imposible confinarse en casa. Si no salen a rebuscar simple y llanamente se mueren de hambre. Bien se sabe que la informalidad en nuestro país ha estado por encima del 50%. De hecho, en algunas ciudades, como Cúcuta, supera el 70%.

Ahora bien, a partir de la década de los noventa casi todo se privatizó. El caso de Electricaribe en la Costa Atlántica es un claro ejemplo del fracaso del modelo. Sin embargo, pocos se atreven a decir que el sector eléctrico debe volver a manos del Estado.

Por el lado de la salud, ni se diga. Aún las clínicas y hospitales que se dicen públicas funcionan con la dinámica del sector privado y contratan empresas para manejarlas, las que, obviamente, ven a la salud como una mercancía y no como un derecho.

La educación, gracias a las luchas de Fecode, ha logrado resistir. No obstante, ahí están los colegios manejados por concesiones y los supuestos megacolegios, que ni siquiera han mejorado la calidad de la educación en los términos de los ministros de turno. El sector educativo se ha mantenido firme durante toda la crisis gracias al esfuerzo de docentes y directivos, quienes desde su casa siguen enseñando.

¿Con qué computadores trabajan los educadores? ¿Quién paga sus planes, sus datos, su energía eléctrica? ¡Pues ellos mismos, estimados lectores! Trabajan con sus propios computadores y sacan plata de sus salarios para pagar sus planes de datos. He conocido a docentes cuyos computadores se han dañado por el exceso de trabajo y les toca mandar a arreglarlos con su dinero o comprar nuevos cuando no hay más remedio.

También reciben llamadas día y noche, y envían mensajes con su teléfono, con sus datos. ¡No les digan héroes, que en este país eso no sirve para nada! Miren a los trabajadores de la salud, “héroes” mal pagados, con contratos de hambre y maltratados tanto por el Estado como por ignorantes que no los quieren de vecinos.

Otra sociedad debe surgir tras esta crisis y no lo hará porque sí, ya que los ciudadanos tienen la tarea de construirla. Esta debería al menos:

- Ser profundamente democrática, combinar democracia directa con representativa, dinamizando cada vez más la primera.

- Garantizar una renta laboral básica para los más pobres, así como una pensión mínima para los ancianos que no hayan podido cotizar las semanas exigidas.

- Concebir la salud y la educación como derechos, no como mercancías.

- Construir un modelo de energía alternativo que dependa cada vez menos de los combustibles fósiles.

- Tomarse el asunto medioambiental en serio:

Por un lado, ¿por qué las playas y otros sitios turísticos tienen que estar abiertos todo el año? Sería bueno que descansaran y solo se abrieran en determinados períodos, por supuesto, dando alternativas laborales a quienes viven de eso (como cuidarlas, por ejemplo).

Por otro lado, repensar asuntos como el día sin carro que no sirven para nada. Al año podríamos destinar una o dos semanas colectivas en las que nos quedemos en casa, en el barrio, en la ciudad; período en el que podríamos movilizarnos por medios de transporte que no funcionen con combustible fósiles. Las grandes empresas podrán ganar menos dinero en estas dos semanas. En todo caso, es preferible perder algo de dinero que el planeta.

- Reducir la desigualdad.

Nada de lo anterior vendrá porque sí, insisto. Sin ciudadanos conscientes no hay transformación posible.

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