Tambores y saxofón, el éxito de Mama Julia y los sonidos ambulantes

La banda caleña de música afrocolombiana mezcló el jazz impulsados por los instintos de Joaquín Salcedo, que ha hecho del grupo una hija del caribe y el pacífico

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diciembre 08, 2021
Tambores y saxofón, el éxito de Mama Julia y los sonidos ambulantes

Joaquín Salcedo, director de la banda Mama Julia y los sonidos ambulantes, habla con tal paciencia y serenidad que contrastan con su rostro duro. Además usa lentes con montura industrial que le dan la apariencia de un recio constructor de rascacielos.

Repite ciertos incisos y vuelve a usar los mismos giros para calificar las habilidades musicales que posee. Dice, por ejemplo: “No soy gaitero, llevo estudiando el instrumento desde hace tiempo, puedo tocar unas piezas, pero no estoy preparado para meterme en una rueda de gaita”.

Otra: “… No soy cantante. Soñé con ser cantante de rock cuando era niño, pero canto porque para mí ha sido siempre un sueño, aunque intento hacerlo con cumbias y garabatos y lo seguiré intentando”.

Otra: “No me considero un arreglista ni muchos menos un compositor, me pongo a ensayar armonías, varío algunas tonalidades, voy ajustando hasta que sale algo.”

Otra: “Me gustan el tambor, los cununos del Pacífico, los alegres del Caribe, los currulaos de la región de Las Lobas, los toco, pero no soy un virtuoso, tengo claras las bases rítmicas, pero no por eso voy a meterme a una rueda de bullerengue, o algo parecido. Todavía no”.

Tiene más de esos giros con instrumentos como la guitarra, la tambora, el bombo, la gaita macho, las maracas, e incluso los saxos, que son su especialidad. Él mismo se dice que no es un gran intérprete sino que es el instrumento al que le ha dedicado más tiempo. Lo estudió durante su licenciatura en música en la Universidad del Valle, con estudios profundos en música clásica. Además estuvo en Cuba durante dos meses, al lado del maestro Carlos Miyares, saxofonista de Chucho Valdés. Al escucharlo se podría decir que revela en su discurso una falsa humildad que filtra por sus lentes ambarinos, pero no, es la personalidad de un experimentador de rítmicas, un buscador de registros sonoros, un creador que reprende sin límites su propia vanidad.

Joaquín Salcedo quiere sentir en sus manos, en sus pulmones, aquello que escucha y le atrae. De sus investigaciones musicales por pueblos del Caribe y del Pacífico colombiano, más que conocimiento, ha acumulado dudas. Sus andanzas han sido vitales. No es el músico que agarra lo primero que le gusta, se marcha y no vuelve jamás. Él vive, siente, come, duerme, bebe agua del lugar para luego “intentar” (la palabra es de él) su propia música de esas sensaciones acumuladas.

En esas dudas están los orígenes de Mama Julia y los sonidos ambulantes, una banda caleña de vocación nómada, que deambula por el Pacífico y el Caribe como si se tratara de la misma agua con distintas tonalidades.

Primero, Joaquín Salcedo y Alejandro Martínez interesados en conocer y dominar los orígenes de esas músicas y las conexiones entre los instrumentos crearon Zambapalé, una agrupación de estudio, con formato tradicional. En 2000, desarrollaron el proyecto Quinto Piso. “Esa era una banda fusión —establece Joaquín Salcedo—, en 2001 participamos en el Festival Petronio Álvarez en la modalidad libre, y ganamos. Ahí me dije que tenía que investigar mucho más, llegar a otros lugares, mirar la tradición en sus esencias, saber más de sus contextos. Así se fortaleció ese amor por las músicas tradicionales. Con Alejandro estuve en Ovejas, Palenque, San Jacinto y Cartagena, profundizando sobre la música de gaitas, tambores, sobre bullerengues y armamos un laboratorio para poner en práctica esos conocimientos”.

Esa narración de Joaquín Salcedo es la metáfora de su ser creativo. Pudo haberse quedado con la gloria de ganador del Petronio Álvarez, el festival más importante de las músicas del Pacífico y regodearse en su propia dicha, pero no. Es como si volviera sobre esos giros calcados. Como si dijera: Ganamos pero no me sentía ganador sino fue más bien un despertar hacia otras búsquedas.

Vino una época de más exploraciones, y con ellas llegó el momento en que Joaquín Salcedo empezó a desarrollar su propuesta, a introducir matices de jazz, funk, rock, salsa y músicas latinas. Es en ese momento cuando surge Mama Julia… como la conocemos hoy.

“Tuvimos un formato inicial que era marimba, tambora, bombo, percusiones, tambor alegre, cununo, guache, guasá, maracas, saxofones, gaitas, bajo, guitarra eléctrica y voces. Llegamos a tener 14 integrantes, cuatro eran cantantes, algo bien potente. Luego vino el tema de hacer giras y los formatos grandes son inviables para eso, así que debimos reducir el grupo, estamos entre siete y ocho músicos”, cuenta Joaquín Salcedo sobre la evolución de la banda.

Mama Julia y los sonidos ambulantes ha grabado dos álbumes. En 2011 el primero, Pa’ que te la goce. La maestra Zully Murillo, voz insigne de la región nacida en Quibdó, canta el tema Amanecer, de la autoría de Joaquín Salcedo. También hay una cumbia con intervenciones de rap, La gaita de Moiso, compuesta por Moisés Zamora, un talento deslumbrante. Toca marimba, gaita, bajo, saxofón y pito atravesao'. Compone, rapea y canta. Realizó grandes aportes al crecimiento de la banda, hoy dedicado a su proyecto Tambores de Siloé, un trabajo comunitario que ejerce con responsabilidad.

En este álbum, también está el tema Puya el burro, de Joaquín Salcedo, homenaje a la familia Álvarez Alarcón de Ovejas, Sucre. El viejo Joche Álvarez acogió a Joaquín Salcedo en su casa por varias temporadas. Le enseñó a armar una gaita y las claves para interpretarla.

En 2014 se publicó el álbum El rebusque, un homenaje a la gente de la calle, a los seres que trabajan para conseguir el sustento diario. El tema que da título al álbum es un garabato compuesto también por Joaquín, él también lo canta con cierto dejo rockero. Hay también unas jugas de Moisés Zamora. La cantadora Martina Camargo fue invitada para hacer una versión de Me robaste el sueño, tambora de Alberto González, con arreglos del maestro Ian Middleton, virtuoso compositor inglés, etnomusicólogo, radicado en Bogotá.

Otra invitada fue Lynn Riley, saxofonista estadounidense conocida en el medio jazzístico como The superwoman (La súper mujer) El escritor y crítico musical Donald Van Deusen, al hablar sobre la versatilidad de Riley, asegura que es capaz de tumbar paredes o calmar a las bestias salvajes. Riley ha compartido escenario con músicos como David Murray, David Bromgerg y Johnny Pacheco. En El rebusque Riley está presente en el tema Distrito, un afrobeat, en el que ella hace un vibrante solo de saxo alto. Esa invitación a Lynn Riley no fue asuntos del azar, es por su contribución a lo que podríamos llamar “el sonido Mama Julia”.

“El saxo es un sello Mama Julia… —dice Joaquín Salcedo—, siempre grabamos con saxos. Regularmente usamos soprano y tenor, y a veces el alto. En algunas piezas, hemos incorporado el barítono, da mucha fuerza, sobre todo en los temas de afrobeat. Ha sido una búsqueda, en realidad no me considero un intérprete excepcional ni maravilloso, lo que hago es lo que siento. Es cómo siento la música desde mi saxo. Lo que he hecho es entender cómo sonarían esas músicas tradicionales en mi saxo. He intentado, con mala suerte, llevar la gaita al saxo, no me refiero a imitarla, sino al concepto de la sonoridad. Responder sobre el sonido Mama Julia me resulta complejo, aun no sé si hemos llegado a él”.

Las dudas, la inseguridad sobre lo que ha hecho como director, contrastan con lo que piensan los integrantes de la banda. Por ejemplo, Fabián Sánchez, baterista, considera que la banda le ha permitido crecer en el desarrollo de su instrumento. “Darme cuenta de lo valioso que es la música colombiana. He estado 10 años y aquí inicié la búsqueda de un sonido característico para mi instrumento. Los aportes de Mama Julia son muchos, es el hecho de apostarle a estas músicas tradicionales, de visibilizarlas, transformarlas con una propuesta muy particular, es una banda que tiene su sonido, uno la escucha y la reconoce, lo hemos construido entre todos”.

Aleida Caicedo, cantante de la agrupación, con una voz diáfana de ancestralidad, nacida en Timbiquí, Cauca, considera que en Mama Julia… encontró una forma de cantar y sentir la música tradicional: “Descubrí que Colombia es diversa, inmensa. En el trasfondo está toda la música tradicional colombiana que Mama Julia… ha llevado a otros escenarios, para que se vivan de otra manera”.

Ideas similares tiene Eduardo Macías, bajo; un amante del jazz que enriquece el tema armónico de la banda. Stevan Álvarez, quien maneja las percusiones del Caribe y del Pacífico. Frank Alexis Rentería, saxo y voz. Andrés Ribón, guitarra eléctrica, formado en El colectivo, una escuela de mucho prestigio en Cali, dirigida por el pianista Jaime Henao, figura emblemática del jazz latino en Colombia.

Al hablar de los músicos de Mama Julia y los sonidos ambulantes, Joaquín Salcedo reconoce la dedicación y entrega de sus integrantes. Se desborda en elogios para cada uno de ellos y añora a aquellos que han dejado la banda para seguir proyectos personales. Es el caso de Moisés Zamora. Ante la salida de Moisés Zamora, llegó Adrián Viáfara, quién toca la marimba de chonta, el clarinete y otros instrumentos de viento.

Mama Julia… tiene un sonido original, un grupo de músicos y cantantes excepcionales que se refleja en dos álbumes bien logrados. Tienen letras y melodías diversas, un concepto, unas búsquedas y logros coherentes. Sin embargo, Joaquín Salcedo no pierde de vista lo que es el grupo y a los espacios a los que debe regresar: “A mí —señala— me interesa saber qué es lo que pasa con las músicas y con cada uno de los instrumentos. Comprender qué pasa en esas conexiones rítmicas y armónicas, más que tocarlo virtuosamente. A partir de esa comprensión realizo mi propuesta. Es posible que no le haya dedicado el tiempo suficiente, pienso entonces que hay que estudiar más. Las músicas del Caribe y del Pacífico están conectadas por la esencia africana, es indudable, pero también hay conexiones con lo indígena, por eso el grupo no puede olvidar sus inicios y debe volver a ellos. Es tocando, bailando y cantando, como se mueven las fibras creativas, en eso estamos, es como resetear todo y seguir adelante. Quiero que la música no brote como un asunto racional sino desde vibraciones humanas. No quiero que la música de Mama Julia y sus sonidos ambulantes suene tan producida, tan elaborada, creo que tenemos herramientas tecnológicas, los estudios caseros permiten ensayar atmósferas, esencias para plasmarlas en una grabación, vamos en la ruta pero falta mucho para llegar”.

Joaquín Salcedo encuentra en su abuelo nacido en Barranquilla, llamado igual que él, la conexión de sangre con las músicas del Caribe. Al hablar de las del Pacifico la cercanía geográfica ha sido determinante. Primero estudió los aires del Pacífico sur, luego los del norte. Los contundentes golpes de las chirimías. Todo eso lo tradujo en su saxo, así siga pensando lo contrario: “Lo que creo es que debo ponerle más empeño, en las grabaciones el saxo se ha ido más por el jazz, el funk, con fraseos de ese estilo, en realidad quiero que todo suene más tradicional”.

Joaquín Salcedo trabaja en Incolballet, colegio artístico cuyo renombre ha cruzado fronteras. Posee una maestría en investigación musical. Ha llevado su propuesta a escenarios de Bélgica, Holanda, Italia, India, entre otros. Dirige la cátedra de músicas del Caribe en el programa de Música de la Universidad ICESI, la cual tiene énfasis en producción. Eso le ha permitido adentrarse en las maneras de capturar voces y sonidos in situ, algo que recientemente realizó en San Basilio de Palenque, lugar donde entregó este testimonio sobre su gusto por las músicas de los litorales de Colombia.

 

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