Opinión

Solo dio para tres, como un mal polvo

Ah, pues ¿qué se dice de Julio Cortázar y su fantasía? Aquí un micro en su homenaje digamos y dos más por ahí

Por:
diciembre 16, 2018
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Solo dio para tres, como un mal polvo
“El asesino empuña su cuchillo, con decisión y fuerza…”

La realidad supera a la ficción, ¿o era al revés?

Don Julio está plácidamente sentado en  mitad del jardín, que es preciso su sitio escogido y preferido para leer sus aventuras africanas. Abre su libro y ya desde las primeras páginas es tomado del cuello por el buen escritor de novelas y entra de lleno en la redacción. Lee cómo el asesino escapa después de haber llevado a feliz término su sangrante aventura y huye de las autoridades con cierta facilidad. Es testigo de cómo se adentra al campo y se confunde a veces con la maleza y los arbustos, hasta que vislumbra al fin, al fondo del valle, una casa grande de dos pisos. Toma en esa dirección a paso rápido y en no menos de quince minutos logra atravesar la puerta de entrada de la finca. La casa está al fondo y a su alrededor hay un bello jardín. El asesino empuña su cuchillo, con decisión y fuerza, y es que el arma es casi como si fuera su más íntimo amigo, algo que hace parte de su ser, y bordea la casa por el caminito de piedra, sin hacer ruido, cauteloso y, en esas, es que lo ve. Ve a un señor canoso sentado cómodamente y que tiene en sus manos un libro. El asesino se acerca decidido y desafiante y don Julio duda entre proseguir con la lectura o voltearse para verificar que a veces la realidad supera mil veces a la ficción.

 

Romeo y su aliento a alcantarilla

Por muy extraño que parezca, debo anunciar que a veces la ficción cruza paredes imposibles. Lo que relato a continuación ocurrió ayer, fue un hecho absolutamente real, al cien por ciento, y no osaré que alguien piense que es fruto de mis delirios. Eran las 22:57 cuando mi amigo El cojo Robledo casi desbarata la puerta de mi casa. Con patadas y gritos estridentes exigía mi ayuda. Debo anotar que El cojo Robledo es escritor, como novelista se define él, pero yo llegaría a pensar que más que todo es un cuentista. El caso es que ha peleado con medio mundo porque no ha logrado quien le publique algo. Bueno, a lo que venimos: cuando le abro la puerta se fue derecho a la estantería donde él sabe que guardo el licor y se sopló, sin preguntar ni decir nada aún, al menos tres vasos de whisky. Del de malta, que estaba sin comenzar y es carísimo. Perdón, pero es que me distraigo con boberías y no voy al grano. Me ofrece un nuevo trago que se lo bebe él y ahí es cuando me relata entre sollozos histéricos que está en mitad de una novela de amor, que lleva unas cincuenta páginas escritas, y de repente, contra su voluntad, contra el deseo de sus dedos que agitan el teclado, la protagonista, a quien ha dado por llamar Melanie, se ha desenamorado de su amante, quien tiene la poca fortuna de tener por nombre Romeo, y cuando mi amigo El cojo Robledo descansa un poco después de escribir varias líneas, al retomar el trabajo se encuentra con todo el texto burdamente modificado. Lo último que le hizo la tal Melanie fue negarse a besar a Romeo, que el aliento le huele a alcantarilla, argumenta, y parece que amenaza con propagar con no sé que virus el computador de mi amigo si éste persiste en esta novela absurda. Le ha propuesto que comience una gran historia de heroínas en la que ella resulte siendo algo así como la salvadora del mundo. Mi amigo El cojo Robledo se acabó mi whisky y cuando salió caminaba mejor que un atleta jamaicano y me dijo sin dudas que la solución de todo la tenía Silvia, una amante que piensa crearle a Romeo, pelirroja y con pequitas, y es que él deduce que ante los celos, Melanie será capaz de todo, hasta de suicidarse. Hay que aclarar que mi amigo no sabe mucho de mujeres.

Y hablando de…

Y hablando de cosas sin nombre, pues aquí un micro sin título

Sin título

Ayer me lo presentaron y la primera imagen fue muy positiva. Bien peinado, buena cara y más o menos efusivo. Con el curso de la conversación fue saliendo su espíritu liberal, sus posiciones radicales que fueron de mi interés y su predilección por la música de Sabina. Hasta ahí todo bien. Todo bien hasta que me trasmitió su enorme disgustó al no comprender cómo diablos ha hecho la humanidad para sobrevivir más de 20 siglos sin internet y sin teléfonos móviles. Lo peor de todo es que su furia va en serio.

 

 

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