Siguen masacrando indígenas, afros y campesinos en las selvas colombianas

Con la excusa de llevar la civilización y el progreso a las tierras amerindias, los españoles masacraron a muchos pueblos. ¿Cómo se recrea esta situación hoy en día?

Por: Leandro Felipe Solarte Nates
octubre 21, 2021
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Siguen masacrando indígenas, afros y campesinos en las selvas colombianas
Foto: Flickr

España fue amalgama de conquistas y cruces de muchos pueblos (celtiberos, francos, godos, ostrogodos, cartagineses, romanos, judíos sefardíes, árabes, etcétera) que a lo largo de los siglos entrelazaron sus caminos y lucharon por asentarse en lo que hoy es el mapa del moderno país, que no es homogéneo, como nos lo demuestran las diferencias existentes entre catalanes, castellanos, vascos, gallegos, andaluces, etcétera. Algunos reivindicando con ardentía su autonomía administrativa, política y su propia lengua y tradiciones, en medio de la oleada de inmigrantes de Latinoamérica y África que “les devuelven el favor de hace 500 años” y buscan escapar de tiranías y la falta de oportunidades en sus países.

El mirar la historia lineal en el tiempo y considerando erróneamente que los humanos vamos en un perfeccionamiento continuo, “de lo inferior a lo superior, de la barbarie a la civilización, del piso de tierra al de cemento”, contribuye a justificar la versión de las conquistas narradas por los ganadores como hitos “salvadores” y sucesos que ocurrieron en el pasado y que ya son “historia patria”.

Así pasa con el “descubrimiento de América” liderado por Colón, que nos vinculó a la llamada “civilización occidental y cristiana” gracias a la catequesis a punta de cruz y espada adelantada entre frailes, escribanos y la tropa de soldados veteranos de la guerra contra los moros, unidos a los ambiciosos expresidiarios que el 12 de octubre en Guanahaní (El Salvador) solo vieron el oro que brillaba en los pechos, orejas y narices de los indígenas que amablemente los acogieron con alimentos y regalos cuando llegaron andrajosos y hambreados: con las excusa de “convertir los salvajes al catolicismo” de la Inquisición, que en 1492, el mismo año del “descubrimiento”, acababa de expulsar por “infieles” a los árabes y judíos de España, los únicos que trabajaban en oficios productivos.

Al considerarse los portaestandartes de “la civilización superior y de la religión verdadera” justificaron masacres y despojos que cometieron soñando en convertirse en “hidalgos, adelantados y caballeros”, ociosos, con siervos indígenas para que explotaran las minas, trabajaran la tierra y les sirvieran en sus casas, y, después de “hacer su América”, regresar a España a comprar escudos de armas y títulos nobiliarios el con oro, plata y piedras preciosas arrebatadas a los nativos.

El creer que la conquista es solo del pasado disfraza la que a diario cometen en regiones apartadas contra comunidades indígenas que desde antes de la Conquista aprendieron a convivir con las selvas de la Amazonia y del Pacífico, a donde también después llegaron comunidades negras que huyeron de la esclavitud y buscando la libertad se instalaron a orillas de los ríos y en la costa.

En la prensa colombiana quedó reseñado el juicio que en la década de los sesenta se hicieron a un grupo de colonos que armados emprendían las “guahibiadas” o cacerías de indígenas de los Llanos Orientales, a quienes cuando no los cazaban como a chigüiros les ofrecían alimentos envenenados para exterminarlos y cercar las tierras en las que habitaban.

Con esos antecedentes no es gratuita la imagen de los empobrecidos indígenas emberas chocoanos pidiendo plata con sus desnutridos hijos después de las guerras que para apoderarse de sus territorios emprenden los diversos grupos armados que inicialmente explotan el narcotráfico y la minería ilegal, mientras detrás van las multinacionales mineras con los títulos otorgados al por mayor por los gobiernos de Uribe y Santos, junto a los promotores de grandes hidroeléctricas estilo Hidroituango, los sembradores de palma aceitera, banano, los ganaderos y demás empresarios que con sus cohortes de notarios, abogados y funcionarios públicos comprados empiezan a “legalizar propiedades” y a consumar el despojo en beneficio de las élites de pirañas que en gobiernos como este se reparten el país.

Ahora que el 12 de octubre nos recordó el origen del racismo implantado para imponer la dominación no debemos olvidar que la conquista y la barbarie continúan…, potenciadas con armas modernas empuñadas por diversos grupos violentos, a veces escudados en ideologías, en factores económicos esgrimidos por grandes grupos industriales y financieros al servicio de angurrientos de todo nivel y estirpe, que a nombre de implantar “la civilización y el progreso”, con la complicidad de políticos y empresarios que también se benefician del despojo, al mejor estilo de 1492, continúan masacrando a indígenas, afros, campesinos y a quienes en las ciudades reclaman el derecho a una vida digna para arrasar las selvas y alambrarlas.

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