Opinión

Si el grafitero cobra, es inhumano o es un vendido

Por:
octubre 11, 2014
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Al referirnos a fundaciones, es cada vez más común entender que sin ánimo de lucro no significa con ánimo de pérdida. Sin embargo, así como saber qué es ético no es suficiente para serlo, comprender intelectualmente que las fundaciones pueden generar excedentes no es suficiente para que esto sea “bien visto”.

Sí está “bien visto” que una empresa tenga utilidades vendiendo cereales para niños hechos principalmente de azúcar, pero que una fundación genere excedentes salvando vidas es una perversión. Sí está “bien visto” que una empresa sea muy rentable desarrollando películas que aumentan la violencia y la discriminación de género, raza y religión, pero que una fundación genere excedentes sembrando árboles y evitando su tala es inapropiado. Es como si ayudar, salvar, proteger y aliviar debiera ser gratis mientras que engordar, dañar, violentar y maleducar debe ser pagando. ¿No será más bien al revés?

¿Será por esto que preferimos pagarle a una persona para que cuide nuestros hijos en vez de nosotros mismos hacerlo? Claro, como a los padres les saldría gratis y sería bueno para el niño, ¡qué vergüenza!

Algo similar pasa con los artistas. Por gustarles lo que hacen, hay quienes consideran que no deberían cobrar. Es como si el trabajo tuviera que ser aburrido para ser considerado trabajo, o de lo contrario sería un pasatiempo. Y si los artistas no deberían cobrar, pues menos un grafitero que pinta gratis y en la calle.

Hace unos años tendíamos a valorar solamente el arte enmarcado (de acceso a pocos) y a despreciar el arte urbano (de acceso a todos). Hoy en día esta visión ha cambiado. Es muy positivo ver la evolución que ha tenido el arte urbano a nivel mundial y en particular en Colombia en términos de reconocimiento y aprecio. Hay que agradecerle a todas las personas y entidades, públicas y privadas, que le han apostado al arte urbano. En todo caso, aún nos queda un buen camino por recorrer.

Todavía hay un buen número de personas y de empresas que asumen y esperanque el trabajo del grafitero sea barato, por diferentes razones. Primero, como actualmente pintan gratis en la calle, asumen que quedarán felices con cualquier peso que se les paguen por un trabajo. Segundo, que no pueden cobrar un buen precio por su obra porque no cuentan con un diploma o título universitario de artista urbano que avale esas cientos de horas en la calle. Por último, porque esperan que el grafitero se crea el cuento de que la campaña les dará reconocimiento, free-press y PR, como si los servicios públicos y el arriendo pudieran pagarse con Likes, Retweets y Followers.

Paralelamente, hay algunos grafiteros que se encargan de vender una imagen falsa de su práctica. Es común (más común de lo que desearía) encontrar artistas que por encima de la mesa dicen a los cuatro vientos que el grafiti debe ser gratis porque es una labor social, por ser la voz del pueblo, que el “verdadero” grafiti es para expresar las ideas de los oprimidos, que si a uno le pagan ya no es grafiti, etc., mientras que por debajo de la mesa están vendiendo cuadros, pintura y otros productos o, inclusive, trabajando campañas con marcas. El mismo teatro que le critican a las empresas, a los políticos y al capitalismo, es el disfraz que utilizan para su beneficio. Esta hipocresía le resta valor al grafitero hipócrita y desprecia el trabajo de sus compañeros.

En este dilema se encuentran la gran mayoría de los artistas urbanos: si cobran, son inhumanos ante unos y vendidos ante ellos mismos.

 

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