¿Será que este año los youtubers vuelven a salvar la Feria del Libro de Bogotá?

El año pasado el evento lo salvó el chileno Germán Garmendia. Será que los muchachitos harán la misma fila para que Richard Ford o Naipaul les firme un libro?

Por: Stella Arenas Romero
abril 26, 2017
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¿Será que este año los youtubers vuelven a salvar la Feria del Libro de Bogotá?

A propósito del artículo de Campo Ricardo Burgos López sobre la Feria del Libro de Bogotá 2017, publicado por este medio, vale la pena discutir algunos aspectos.

Recordarán los lectores que el año pasado el recinto ferial estuvo a punto de colapsar, junto con los medios de comunicación, a causa de la ola de los famosos youtubers que tanto indignaron a miles de visitantes y lectores, quienes veían con sorpresa la estrategia orquestada por algunas editoriales y unos cuantos adolescentes ingenuos convertidos en escritores por arte de magia. Sin embargo, no era la estrategia propiamente la que causaba el asombro. Aceptaremos que en ese momento la Feria se usó para un fin muy concreto, y en ese sentido, las editoriales involucradas parecen haberlo cumplido a cabalidad: atraer la mayor cantidad de compradores, nada más.

Largas filas de jovencitos ingenuos, y valga decir, también muchos adultos, atraídos como siempre por una fama construida fugazmente sobre nada, atestaron la entrada y varios sectores de Corferias. Quienes desde hace tiempo visitan este evento, aún no equiparable con otros de América Latina como Guadalajara y Buenos Aires, vieron truncada su aspiración de hacer un recorrido tranquilo y ameno, como solían hacerlo hasta ese día. Todo el revuelo se debía a la desesperación por ver de cerca y escuchar estos fulgurantes y novedosos personajes, no sin antes conseguir el autógrafo en su recién comprada obra, si así la podemos llamar.

Pero habremos de reconocer que, en este país de no lectores, la Feria de 2016 también obtuvo un éxito fugaz y endeble, pues no todos los años la creatividad publicitaria asesta un golpe similar, salvo que se disponga de subterfugios o tretas semejantes. Tal como lo afirma Campo Ricardo Burgos, quizá muchos de esos libros todavía reposan en la oscuridad de miles de anaqueles o cajones sin haber visto la luz siquiera en sus primeras diez páginas. Aunque podremos anticipar que la razón no radica exclusivamente en los lectores, sino en la dudosa calidad de la escritura de estos productos.

No obstante, la Feria bogotana podría parecerse a la de varios países latinoamericanos y, de pronto, a la de España en cierto aspecto. Ya en una publicación de 2013, titulada La cultura del libro-entretenimiento, el filósofo y bloguero español Carlos Javier González Serrano nos habla de una posible "indigestión", debido a la gran cantidad de títulos que inundan el mercado de ese país europeo, que podría no ser tan diferente de otros. A esto no sólo se suma la facilidad de descargar tantos libros electrónicos, sino la calidad de los mismos. A propósito de esto último, el autor se refiere también al modo de leer y, sobre todo, de digerir las lecturas realizadas. De esta manera, una industria que produce toneladas de publicaciones también está llevando a modificar el concepto de la lectura pausada, digerida, reflexionada y más que nada, aquella que logra anclarse en el espíritu y en el intelecto, cosa que se consigue con un trabajo disciplinado, continuo, ordenado y persistente. Podríamos pensar, entonces, ¿son estas las características de la masa de lectores que acude a estas ferias comerciales? La respuesta es evidente.

En estas condiciones, probablemente mucha gente compre libros de autoayuda, novelitas románticas, eróticas, de terror o de otro tipo y, tal vez no sean siquiera leídas. Pero las editoriales deben recurrir a imprimirlas para mantener sanas sus finanzas. Es una realidad, un negocio como el de las pizzas, la cerveza o los automóviles, pero muy distante de lo que implica la cultura de una sociedad.

El otro lado de la moneda, es el de los lectores. Los esnobs asisten masivamente a las ferias, mientras los buenos, que son minoría obviamente, usan otros recursos para seleccionar sus lecturas y con seguridad no preferirán asfixiarse para demostrar cuánto leen. Afortunadamente, aunque sea para una minoría todavía, Bogotá tiene una oferta muy atractiva en términos de librerías y bibliotecas, que pueden satisfacer una demanda mejor planificada, según edad, intereses, formación y, sobre todo, con un propósito indispensable: nutrir, en lugar de indigestar o peor aún, dejar en la inopia.

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