Se miente más de la cuenta...

"Señor Carlos Antonio Vélez, su obsecuencia es la de aquel que solo ve el lado que le conviene o el único que conoce"

Por: Salomón Castañeda Ceballos
septiembre 25, 2020
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Se miente más de la cuenta...

He estado escuchando los editoriales de opinión política del señor Carlos Antonio Vélez y ocurre lo mismo que con todos aquellos que defienden el gobierno; hablan de orden y respeto, y no ven el lodazal en el que han convertido nuestra nación. Esos son los mismos que se quedan callados, de manera cómplice, frente a robos como la Ley 100 o frente a la corrupción: hurtan 50 billones de pesos al año, dinero de impuestos que todos los que nos llevamos un dedo a la boca debemos pagar, vía IVA, por ejemplo, porque quien se lleva un dedo a la boca lo transformó en paleta y esto es valor agregado.

Cuando se escucha hablar de algo que merece reflexión, como las protestas reivindicativas, pensaría uno que se ha hecho el ejercicio de la observación seria, ponderada y sin fanatismos. No sé cuánto tiene de pensamiento invertido, ni cuántas lecturas serias sobre la historia económica, social, cultural y política de nuestro país ha hecho el señor Vélez. Apuesto, sin temor a equivocarme, que ninguna. Por eso su ceguera indolente frente al desarrollo de lo que está ocurriendo. Decir que las marchas son malas per se es aceptar que todo va muy bien.

Su obsecuencia es la de aquel que solo ve el lado que le conviene o el único que conoce. Su ignorancia de todo lo que no se relaciona con fútbol es monumental; eso de presumir de su saber balompédico, cual si discurriera sobre una ciencia exacta, produce risa. Mucha. Su fama creció parapetada en los hombros de un ser anodino: Henry Jiménez, quien tiene entre sus mejores logros ser hincha de uno de los equipos insignia en nuestro país (América de Cali); y haberse arrodillado, durante no sé cuántos años, a la ramplonería meridiana del susodicho opinionómano. Además, de dos salidas en falso. Inmensas. Pesadas como el fardo que soportó cargando al “dotor” Vélez.

La primera, defender a Gabriel Camargo. ¿Imaginan la lumbrera? En unas declaraciones de este diciendo que el fútbol femenino era un caldo de lesbianismo. Hay que ser muy ignorante o muy bellaco para afirmar algo así; pero se tiene que ser un cargaladrillos consumado, sin fecha de vencimiento, king size, para defender algo parecido. La segunda, después de una selfie con Carlos Queiroz, decir que Pékerman había tenido secuestrada la Selección Colombia. ¿Pueden imaginar cuál es la fuente nutricia de tanta idiotez? Claro que casi todo lo relacionado con el fútbol, al menos en Colombia es ordinario, sin cerebro.

Miremos a la Federación, la Difútbol. Llena de congoja escuchar a Álvaro González, por poner solo un ejemplo, y vamos bajando despacito, hasta la Dimayor; caminemos lentamente por los clubes: sus dirigentes dan grima; sigamos caminando y escuchemos a los comentaristas, a los narradores, a quienes hacen las cuñas radiales y, luego, como si nada, detengámonos, así sea un poco a escuchar a los futbolistas. Es inclusive peor. En este país era, digo era con la convicción de estar muy equivocado, condición sine qua non para ser futbolista no querer estudiar. Lo que no es un problema. Un ser humano puede formarse por fuera de la escuela, muy bien, y de pronto con mayor responsabilidad.

Sin embargo, en el caso del futbolista promedio colombiano el rasero es muy pobre: nada de ideas, cero compromiso, poco contacto con la realidad dura de miseria que vivieron después de huirle con un contrato a jugar en un equipo profesional. A mí me gusta el fútbol. A muchos nos gusta el fútbol, y uno quisiera que hubiese una postura diferente, sino de compromiso, al menos más inteligente, menos regalada con el poder. Crítica, si se quiere. Analizar causas y consecuencias. No esa rodillera que lucen todos, o casi todos aquellos relacionados con el balompié.

Antonio Machado escribió “Se miente más de la cuenta por falta de fantasía: también la verdad se inventa”. Esto es, en el peor de los casos, poesía. Mentir por conveniencia, para inventar una verdad, es el trabajo que muchos están haciendo desde los medios y esta es una violencia, igual o peor que la de los “vándalos” que están señalando, ocultando los verdaderos delincuentes que tienen a este país sumido.

Después de analizarlo así, claro, es imposible esperar que el señor Vélez opine distinto. Lo suyo no es análisis. Ni siquiera cuando habla de fútbol. Opina porque quien tal hace se libera de pensar. Quien piensa se compromete y estas sí, parodiando al señor Vélez, son verdaderas palabras mayores.

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