Rescatar lo que sirve del capitalismo salvaje

Con los resultados de las elecciones, la sociedad ha alertado sobre los peligros que implicaría no introducir a tiempo cambios en la estructura económica y social

Por: Ramiro Guzmán Arteaga
julio 05, 2022
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Rescatar lo que sirve del capitalismo salvaje
Foto: Flickr

“De lo malo algo queda” es uno de los refranes que, con fuerza de sentencia popular, ponen de manifiesto aspectos positivos de amargas experiencias de la vida cotidiana y la historia. Por eso, no todo es malo ni puede serlo en estos 200 años de vida republicana, caracterizados por interminables guerras, con miles de muertos, de exclusiones de todo tipo y vanas promesas incumplidas.

Es el momento de comprender que los procesos históricos que tributan hacia un nuevo sistema de vida no pueden desconocer lo positivo del pasado. Esto para no caer en el concepto de que el desarrollo humano se da de un salto: de lo malo a lo bueno, sin más ni más. Por el contrario, los cambios históricos son producto de procesos lentos, dialécticos, como lo son los de la misma naturaleza, incluida la evolución de la vida humana. Por eso, desde la revolución industrial, las revoluciones violentas dan señales a tiempo para evitarlas, hacen sonar sus alarmas para que se introduzcan oportunas reformas económicas y sociales.

La historia enseña que muchas revoluciones violentas se pudieron evitar. Aunque parezca una paradoja, Carlos Marx fue el primero que previno a los capitalistas sobre el fantasma del comunismo en el mundo. Y muchos así lo comprendieron y por eso introdujeron reformas a tiempo, que incluían la participación de la clase obrera en los parlamentos y congresos de los países más industrializados del mundo, que eran por donde, según las tesis marxistas, se iniciarían las revoluciones violentas. La burguesía sabía leer y comprendieron muy bien El Capital, para ellos era una advertencia.

En el caso de Colombia, con los resultados de las elecciones, la sociedad ha alertado sobre los graves peligros que implicaría no introducir a tiempo cambios en la estructura económica y social. Colombia necesita capitalistas que tengan la capacidad intelectual para comprender los problemas sociales y evitar conflictos mayores. De modo que es esta la oportunidad para introducir cambios estructurales, pero sin destruir todo el pasado.

Si se mira la historia de los imperios y gobiernos del mundo, desde el imperio de la Mesopotamia (2.250 a. C.) hasta los nuevos imperios y gobiernos del siglo XXI, mucho es lo  que  han dejado a la humanidad, aunque también casi todos se construyeron y han mantenido el poder sobre la sangre, la explotación y el abandono de miles de personas.

En el caso de Colombia, también es importante recordar que ahora, en el inicio de este nuevo gobierno, se debe aprender del pasado, aprender de la que se conoce como la “oligarquía criolla” (gobiernos de familias), para responder a las expectativas hacia una nueva sociedad. Con la Comisión de empalme y la confirmación algunos ministros el presidente electo Gustavo Petro parece haberlo comprendido, al vincular en su equipo de gobierno a personas con experiencias y conocimientos muy importantes. Algunas venidas de anteriores gobiernos, pero con sensibilidad social.

Pienso que Gustavo Petro tiene la suficiente personalidad y capacidad de discernimiento para no menospreciar las experiencias como parte del proceso del conocimiento humano y los cambios sociales que el país reclama.

En medio de este difícil mosaico que es Colombia, le queda la tarea, nada fácil, de construir un sistema de gobierno que marque la diferencia, que aporte hacia un Estado moderno, aprovechando lo bueno que hereda a todos los niveles: ciencia, educación, tecnología, cultura; pero, sobre todo, lo bueno de quienes anteponen los beneficios de la sociedad a los de los intereses particulares, sin menosprecio al libre desarrollo humano e individual en todos los sentidos.

En fin, lo que la sociedad reclama es un sistema de gobierno que aprenda lo bueno del pasado y deje de lado la brutalidad y el miedo a superar el capitalismo salvaje.

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