Raúl, el pregonero del bus de la muerte

Masacres, accidentes y hasta rayos, la carretera entre Ibagué y Planadas está llena de historias espeluznantes que recuerda este tolimense que hace 26 años las recorre

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Agosto 05, 2018
Raúl, el pregonero del bus de la muerte
Foto: Juan José Jaramillo

A la 1 de la tarde Ibagué es un hervidero. La estación de autobuses, atestada de tiendas llenas de los mismos dulces que se repiten en cada puesto, parece luchando por sobre vivir: los asistentes de las empresas de transporte se sientan explayados en las sillas plásticas, y cuando ven un posible pasajero gritan sin mover una pestaña el destino de su carruaje. Unos pocos hacen el esfuerzo, aparentemente inhumano de pararse, y a medio camino cuando escuchan la respuesta negativa, se desploman a la posición anterior.

A solo 15 minutos de viaje comienza el escenario de la que fuera la guerra colombiana. El desvío hacia Rovira o San Luis alcanzaron a ser retenes informales donde cada carro era reportado por radio. Primero fueron de las Farc, luego los paramilitares. Más adelante queda El Espinal, que a finales de los años 90 parecía territorio independiente de las Farc.

De pie contra la puerta abierta del viejo bus viaja Raúl, el pregonero. Él, quien era el único de los asistentes que parecía una hormiga en el sopor de la estación de buses, se dedica a ayudar al conductor cobrando los pasajes, pagando la bolsita de agua y llevando la cuenta de cuántos puestos libres quedan. Lleva 36 años en esto, y siempre ha trabajado en el sur del Tolima.

Raúl no usa ningun puesto del bus durante el recorrido. Casi todo el tiempo está parado en la puerta, o máximo se sienta en la mitad de las sillas de adelante, mirando hacia los pasajeros, sobre el motor – Foto: Las 2 Orillas

Mantiene la mirada en el horizonte y responde poco, excepto cuando puede hablar de las rutas – sus horarios, sus frecuencias, las empresas que trabajan en la región – y como lo confirmaría en el recorrido, cuando puede habla de la muerte. “Yo antes de salir me persignaba más de tres veces. Esta carretera era una lotería. A mí me mataron tres colegas.”

Cuando las Farc, los paramilitares y el Ejército llegaban a una región aparecían aliados o enemigos en los pueblos: tenderos, sacerdotes, transportadores. Para controlar la región – entre 1997 y el 2000 – el Bloque Tolima de las Autodefensas Unidas de Colombia cometió sangrientos crímenes para atemorizar. Las Farc no se podían ni nombrar. La guerrilla respondió con igual crueldad.

Las montañas se ven a lo lejos en el primer punto del recorrido, pero desde Coyaima la carretera se convierte en una serpiente llena de curvas y faldas que el bus tiene que recorrer despacio – Foto: Las 2 Orillas

A lo largo de la ruta operaba el Frente 21, integrante del Comando Conjunto Central Adán Izquierdo y en los pueblos se reconocían los nombres de los comandantes guerrilleros Donald, Maicol y Geovanny, pero los del otro lado: los paramilitares del Frente Omar Isaza – manejado por Ramón Isaza que bautizó este grupo paramilitar tras su hijo asesinado – y luego el Bloque Tolima cuyo control comenzaba en El guamo.

“Por allá, detrás de esa montaña, fue donde las Farc hizo la masacre de Saldaña. Eso fue horrible, decapitaron como paramilitares.” Raúl se refiere a la masacre de Puerto Saldaña, donde la guerrilla con el argumento de estar limpiando la zona de paramilitares, de  lista en mano asesinó a 14 personas.

Un mes antes, el mismo Frente 21 de las Farc bajo las órdenes de Alfonso Cano bombardeó el mismo pueblo de Puerto Saldaña: destruyeron  la iglesia, la escuela, el hospital;  asesinaron a seis personas e hicieron que más de cuatrocientos tuvieran que empacar su ropa en una maleta y abandonaran sus casas. Cuatrocientos desplazados. Una tragedia que pudo ser peor. Los campesinos permanecieron escondidos en la iglesia cuando las Farc lanzó una pipeta de gas contra la policía pero chocó contra una de las paredes de la iglesia. Es un misterio que no hubiera estallado, tal como lo recuerda Raul: “Ese es el Bojayá que no fue.”

Ataco, uno de los pueblos más golpeados por la guerra. Ahora sus habitantes se pueden concentrar en retomar la vida tranquila, como la que llevó Nélson Romero, el gran poeta del pueblo – Foto: Las 2 Orillas

Avanza el recorrido y a la media hora aparece Ataco: “Acá comenzaba lo duro, acá era el corazón paramilitar. Daban las órdenes desde acá.” Las calles son hirvientes, el pavimento devuelve tanto calor que el horizonte se ve mareado y cada quien busca la sombra debajo de los árboles. Esta despoblado.  Entre 1997 y el 2010, más de 10.000 personas fueron forzadas a dejar Ataco. Durante el primer gobierno de Santos  fue el municipio con mayor demanda de restitución de tierra: de las 2.518 solicitudes a nivel nacional en el 2013, 526 provenían de allí. Más de 19 mil hectáreas fueron despojadas en ese municipio.

Por el río Saldaña, que baña Ataco, bajaban cadáveres flotando. Asesinados por balas de guerrilla o paramilitares. El próximo punto de llagada: Santiago Pérez: “Acá teníamos que parar obligatoriamente. Los duros estaban en Ataco, pero la base de los rasos era acá.” Esteera el decapitadero y cuando se llevaban a alguien para Santiago Pérez, los familiares le daban la bendición. Sabían que no aparecería, y los paramilitares tenían la orden explícita de no tocar los muertos que bajaban sobre el río.

La carretera de la muerte en el sur del Tolima

Entre Ibagué y Planadas hay una estela de historias de guerra: tomas y atentados de las Farc, además de masacres paramilitares atormentaron a los viajeros y locales. Pero desde el proceso de paz todo cambió. Los viajes se triplicaron y son tranquilos, sin miedos. Espere la crónica este sábado sobre Raúl, el pregonero de la carretera de la muerte.

Posted by Las2orillas on Friday, August 3, 2018

El pueblo Santiago Pérez es la frontera entre el territorio del Bloque Tolima y las Farc. Loma arriba está Planadas, el municipio donde Manuel Marulada Velez fundó las Farc en los años 50, un lugar que ha sido  preservado como un fortín; un pueblo emblemático donde estaba prohibido el  secuestro. Al día de hoy no se sabe cuantos cayeron bajo las balas de los milicianos, ni en operaciones de asesinatos colectivos – conocidos como limpieza social – o en el plan de controlar la alcaldía municipal. Cayeron familiares de guerrilleros, campesinos, pobladores. La tensión y el resentimiento  han disminuido con el Proceso de Paz: van más de 700 días sin muertos ni brotes de violencia. trabajo con el que Raúl ha sentido los beneficios en carne propia, el trabajo ha aumentado como también la posibilidad de hacerlo mejor y en tranquilidad. Ya no solo dos las rutas que hace en su viejo bus entre Ibagué y Planadas, las multiplicó por seis.

La gente esta de regreso a su tierra y quiere volver a viajar en bus o automóvil a visitar familiares y retornar a las finca de donde salieron huyendo por miedo a los fusiles. Un reencuentro con el pasado que Raul ayuda a ser amable.

 

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