A quiénes les importan los tres periodistas asesinados

“El periodismo está otra vez de luto. Pero con pasión y con ética seguirá embarrándose las botas para develar verdades”

Por: Claudia Consuegra Peña
Abril 13, 2018
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A quiénes les importan los tres periodistas asesinados

Vergüenza. Días como este siento vergüenza de ser colombiana pues, otra vez, al Estado parece no importarle que secuestren o maten nacionales y extranjeros en su territorio. Vergüenza. Luego de que se confirmara plenamente el asesinato de los periodistas ecuatorianos en Colombia, a manos de alias “Guacho”, disidente de las Farc.

Dolor. Después de escuchar al colega delegado de la FLIP —en el vecino país— analizar con Vicky Dávila, en la W, al lado de varios invitados de los dos países, lo sucedido y el fatal desenlace.

Rabia. Ha sido evidente la negligencia de las autoridades gubernamentales de Colombia, y de Ecuador, para darle adecuado manejo a la situación apenas se supo de ella hace dos largas semanas. Eso tal vez hubiera permitido la liberación de los secuestrados, sanos y salvos.

Impotencia. Durante 18 días, desde el instante del secuestro, solo los últimas 72 horas —luego de filtradas las fotos de los periodistas ya asesinados— se notó reacción en ambos gobiernos frente al hecho.

Indiferencia. De las autoridades binacionales. Para la inteligencia militar de ambos países era claro que el territorio fronterizo ha sido históricamente corredor del narcotrafico. De allí las Farc entraba y salía como Pedro por su casa. Allí, alias Raúl Reyes fue abatido por las autoridades colombianas bajo el gobierno Uribe. Recuerdo perfectamente al expresidente Rafael Correa hacerse el de la vista gorda ante la presencia de la guerrilla fariana en su territorio; ante el creciente negocio de estupefacientes en su selva. Inteligencia militar de ambos países tenía conocimiento de que, desmovilizadas las Farc hace año y medio, alias ‘Guacho’ quedó con el control de la zona, manejando los tentáculos del negocio criminal.

¿Qué hicieron aquí y allá para combatir la problemática? Aparentemente, poco o nada.

Desprotección. Los periodistas de El Comercio entraron a zona de candela para documentar lo que estaba sucediendo. Tal como suelen hacer los corresponsales de guerra del mundo entero. Ingresaron a las fauces del lobo con la intención de exponer complejas realidades frente a la ciudadanía. Atravesaron un retén militar ecuatoriano y nadie les impidió el paso. Si las autoridades sabían lo peligrosa de la zona ¿por qué no los atajaron? desmedro, del cual el presidente Moreno acaba de hacerse responsable. Ha pedido excusas a su pueblo, y a los familiares de las víctimas, por la cadena de errores. Ha prometido buscar responsabilidades al interior de su gobierno y asumir consecuencias. Eso dijo en alocución pública.

Representantes de la FLIP, analistas y periodistas colombianos, hicieron notar otro hecho: la tibieza del Ministerio de Defensa colombiano, con Luis Carlos Villegas a la cabeza, para apersonarse del operativo de liberación. O de negociación con el criminal “Guacho”. O si, presuntamente, desde el lado colombiano se hizo algo, pareciera estar oculto incluso para sus pares ecuatorianos. No informó sobre las acciones que se habrían tomado.

El presidente Juan Manuel Santos también calló casi hasta el final. Lo que demostraría que los periodistas somos considerados ciudadanos de quinta categoría para el Estado. Que no tenemos dolientes en medio de la violencia, de las bandas criminales, de los narcotraficantes, y del cubrimiento del conflicto interno. Casi invisibles, casi excluidos.

Carne de cañón.

Reconocimiento de los errores. Aplaudo el gesto de nobleza del presidente Moreno. Habló de inexperiencia para abordar el complejo entramado criminal de disidencia de las Farc, en territorio fronterizo. Se ha comprometido a conformar un bloque militar que enfrente a los delincuentes con firmeza.

¿Y Colombia, qué? A este lado, donde tenemos experiencia militar y de policía para combatir a los múltiples actores armados, a tenebrosos criminales que azotan especialmente nuestras fronteras, las autoridades callan. Nariño es un departamento olvidado. Tumaco especialmente lleva décadas ahogada en la pobreza extrema; justo allí, donde ‘Guacho’, los Paras, las Bacrim, y otra cantidad de narcos, se disputan el control del negocio. Donde masacran a la población civil impunemente.

Frente a la barbarie, el silencio es el rey.

Lo que sigue. Resta que los asesinos entreguen los cuerpos para lo que, a través de un comunicado, solicitaron un “despeje militar”. Y así, por fin, los familiares puedan llorar y enterrar los despojos mortales de sus seres queridos. Un buen remate sería que los dos gobiernos, en especial el colombiano, combatan al bloque de alias “Guacho”. Que, como los criminales y narcos que son, los capturen o los den de baja. Que se comprometan con la recuperación soberana, social y económica de la zona.

Desfallecer, nunca. Hoy, de nuevo, el periodismo latinoamericano derrama sangre en medio del conflicto. Ojalá los corresponsales de estas zonas violentas no se impongan autocensura. Que sigan investigando, ejerciendo su profesión peligro, donde colegas se inmolan —a diario—denunciando inoperancia estatal, corrupción desde todos los frentes, amenazas soberanas e injusticias sociales.

El periodismo está otra vez de luto. Pero con pasión y con ética seguirá embarrándose las botas para develar verdades. Si en las fronteras de ambos países las autoridades enfrentaran más eficientemente a los criminales, no tendríamos que llorar ni a un muerto más.

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