La escena es cinematográfica. Alegría contenida y suspenso compartido. Felipe De Brigard recibió la noticia que acababa de cambiarle el rumbo a los próximos cinco años de su vida. Estaba en un retiro de trabajo en un hotel de Asheville, en Carolina del Norte, rodeado de colegas.
Su teléfono sonaba con insistencia: número desconocido. Al principio no contestó. Cuando finalmente lo hizo, le pidieron que buscara un lugar privado. Al otro lado de la línea estaba la Fundación MacArthur para decirle que era uno de sus nuevos Fellows de 2026. Genio de verdad.
De Brigard, filósofo y científico cognitivo colombiano de 47 años, tuvo que regresar a la mesa como un actor que finge tranquilidad: aún no podía contarles a sus colegas ni a sus dos hijos las buenas nuevas. Solo tenía derecho a elegir un confidente. Su esposa fue la afortunada.
La noticia significaba también US$800.000, alrededor de $2.673 millones, que serán entregados en cuotas durante cinco años. Además, sin condiciones sobre su utilización.
Parte de esos recursos podrá fortalecer el Laboratorio de Imaginación y Cognición Modal de Duke. Allí investiga sobre memoria y perdón y plantea una pregunta que toca una de las heridas más profundas de Colombia: qué ocurre dentro de la mente de una persona que ha sufrido violencia cuando consigue perdonar.
Felipe De Brigard, filósofo y científico cognitivo colombiano, estudia cómo la memoria reconstruye experiencias dolorosas. En Montes de María ha trabajado con víctimas de la violencia para investigar la relación entre memoria, emociones y perdón.

Sus investigaciones han encontrado que perdonar no borra el acontecimiento ni necesariamente modifica sus detalles, pero puede reducir considerablemente el rencor, el miedo, la ira propios de la situación y de quien la vivió.
De Brigard es uno de los 20 becarios MacArthur de 2026, grupo escogido mediante un proceso confidencial de nominación que no admite postulaciones de los propios candidatos.
La fundación entrega este reconocimiento a personas consideradas excepcionalmente creativas y con posibilidades de desarrollar nuevos aportes en sus campos. La beca, creada en 1981, se ha convertido en uno de los reconocimientos más conocidos de Estados Unidos para investigadores, artistas y creadores de distintas disciplinas.
Este año, el colombiano comparte la distinción con artistas, científicos, escritores e investigadores en antropología forense, bioingeniería y artes. Grande con los grandes.
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El hombre que empezó preguntándose qué ocurre cuando recordamos
Al científico colombiano la inspiración lo encuentra trabajando como dijo el genio Pablo Picasso. Su historia comenzó en Bogotá, mucho antes de aquella llamada confidencial en un apartado hotel estadounidense.
Estudió Filosofía y Neuropsicología en la Universidad Nacional de Colombia y, desde entonces, la memoria se convirtió en una de las preguntas que marcaron su carrera.
Después viajó a Estados Unidos. Allí, hizo una maestría en Tufts University, otra en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Además, su doctorado en Filosofía en 2011.
Antes de llegar a Duke pasó por Harvard, el paradigma mundial de la ciencia y la academia, como investigador posdoctoral. Desde 2013, forma parte de la universidad: allí trabaja en la intersección entre filosofía, psicología y neurociencia. Temas elevados.
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Su punto de partida es una idea sencilla y, al mismo tiempo, inquietante: la memoria no funciona como un archivo donde cada recuerdo permanece intacto. Cada vez que una persona recuerda algo, reconstruye ese episodio. Algo así como recordar el futuro, precepto de la física cuántica.
El contexto, las emociones, la información posterior y el estado mental del momento pueden intervenir en dicha recreación de lo vivido. Es decir que, al recordar episodios dolorosos, se nos da la oportunidad de sanarlos. De Brigard ha dedicado buena parte de su carrera a entender ese mecanismo y su relación con la imaginación.
De ahí llegó a una pregunta todavía más difícil: ¿qué sucede cuando aquello que se recuerda es una agresión? Y, sobre todo, qué cambia cuando la persona que sufrió el daño decide perdonar.
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Cuando perdonar no significa olvidar: memoria y perdón
En Colombia, De Brigard y su equipo han llevado esa pregunta hasta los sobrevivientes de la violencia política.
El proyecto Memoria y Perdón trabaja con personas afectadas por la violencia en los Montes de María para estudiar la relación entre recuerdos, emociones y perdón. La investigación mezcla entrevistas con mediciones psicológicas y fisiológicas para intentar comprender qué ocurre cuando una memoria dolorosa se instala con recurrencia en la conciencia.
Según la investigación, perdonar no equivale a olvidar. Como en el dicho popular, se puede dejar el rencor sin dejar los recuerdos. En estudios anteriores, quienes habían perdonado tendían a experimentar los recuerdos de los agravios con menor intensidad emocional y a rumiar menos sobre ellos.
Además, de ese modo, los desprendían de su identidad y mostraban menos deseos de vebngarse. El episodio permanecía y el trauma se desvanecía.
Esa es la investigación que De Brigard podrá ampliar ahora con el respaldo de la MacArthur. El dinero no llega como una financiación condicionada a un único proyecto: es un reconocimiento a su trayectoria y una millonaria apuesta para sus descubrimientos científicos.
Para un genio que lleva años estudiando cómo reconstruimos nuestros recuerdos dolorosos, la posibilidad de continuar preguntándose cómo una sociedad herida puede convivir con su pasado violento adquiere un significado que va mucho más allá de los $2.673 millones. Es un camino de vida y un servicio a los demás.
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