Botellas de Amor e Infrapol llevan años convirtiendo residuos plásticos en materiales para construir casas, parques infantiles y muebles, entre otras estructuras. Una es una organización social y la otra una empresa risaraldense. Ambas se han especializado en un negocio todavía novedoso en Colombia: darle una segunda vida al plástico para levantar viviendas.
Después del terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto de 2026, Botellas de Amor entregó una vivienda en Tanguí (Chocó), mientras Infrapol construyó otra para una familia rural de Risaralda que perdió su casa.
Ambos proyectos están trabajando para usar su tecnología en la reconstrucción. Detrás de Botellas de Amor están John Berrío López y Kelly Rodríguez Jiménez, quienes constituyeron la fundación en 2016 después de años de trabajo en reciclaje.
Al frente de Infrapol está René Yepes, fundador y director operativo de la empresa risaraldense, que lleva más de dos décadas trabajando en la recuperación y transformación de plástico usado para fabricar madera plástica destinada al agro, la industria y la construcción.
Las viviendas han sido sometidas a estudios de sismorresistencia, inflamabilidad y toxicidad, además de evaluaciones térmicas y acústicas. La tecnología está diseñada para ofrecer casas con una vida útil de varias décadas, con bajo mantenimiento y resistencia a las condiciones ambientales.
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Viviendas de plástico reciclado para damnificados por el terremoto
La historia de Botellas de Amor va más allá de las primeras casas entregadas: la fundación quiere convertir las más de 7.000 toneladas de plástico que tiene almacenadas en viviendas para damnificados y está buscando recursos y aliados para ampliar su capacidad de transformación.
La fundación va más allá de las primeras casas entregadas: quiere convertirlas en una opción para la reconstrucción. Por eso, busca recursos y aliados para ampliar su capacidad de transformación. Según sus cálculos, ese material podría convertirse en unas 2.000 casas. En paralelo, ya está preparando 22 viviendas para llevarlas a Chocó.
Las viviendas están siendo posibles gracias a una alianza reunió a Botellas de Amor, Fundación Imusa y Homecenter, junto con otras entidades y aportantes, para convertir los residuos plásticos recolectados en material de construcción y hacer posible la fabricación y entrega de viviendas. La inversión supera los $900 millones. En el proyecto de reconstrucción tras los terremotos, Botellas de Amor reporta 23 viviendas en producción, como parte de la meta de entregar mil casas a familias damnificadas.

John Berrío López y Kelly Rodríguez, fundadores de Botellas de Amor, con una vivienda hecha a partir de plástico flexible reciclado, un material que Colombia aprovecha en menos del 1 % de su producción total
La fundación nació en Rionegro (Antioquia) en 2016. En una década reporta más de 20.000 toneladas de plástico recolectadas y más de 1.500 obras sociales. Su modelo consiste en recuperar plástico flexible, transformarlo en perfiles y paneles y utilizarlos en distintas soluciones, entre ellas viviendas.
En Infrapol, entre tanto, después de que más de 3.000 botellas fueran recolectadas con apoyo de la comunidad, la empresa transformó ese material en una vivienda de 18 metros cuadrados para una familia afectada por el terremoto en Risaralda.
La estructura puede ampliarse con una segunda habitación y montarse en tres días. La empresa transforma 30 toneladas de plástico al mes, una capacidad que le permitiría ampliar este tipo de soluciones después de la primera vivienda.

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Una casa de plástico que viajó por el río Atrato hasta las entrañas de Chocó
Solo quien ha visto caer su casa sabe lo que significa volver a tenerla. La casa de Tanguí fue construida para Inés Moreno Mena y su familia afectada por el reciente sismo. Tiene 38 metros cuadrados, dos habitaciones, cocina, baño y espacio para sala y comedor. La vivienda, hecha con perfiles y paneles producidos a partir de plástico reciclado, pesa cerca de cinco toneladas.
Las piezas salieron de Quibdó y viajaron por el río hasta Tanguí. El montaje comenzó el 18 de agosto y terminó dos días después. El 21 de agosto la familia recibió oficialmente la vivienda, que puede ensamblarse en unos tres días.

La fundación ya tenía experiencia con este modelo. En febrero de 2026, había entregado en Sonsón (Antioquia) una vivienda a Ana Rita y su familia, víctimas del conflicto armado, para la que se utilizaron cerca de cuatro toneladas de plástico y más de $20 millones en materiales y mano de obra aportados por la administración municipal.
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Más de 3.000 botellas convertidas en una casa de 18 metros cuadrados
La llamada Unidad Familiar Agropecuaria de Infrapol tiene habitación, baño, cocina y comedor. Su diseño permite agregar una segunda habitación y, con las conexiones de agua, alcantarillado y energía disponibles, puede quedar instalada en dos o tres días.
La empresa, con sede en Dosquebradas, transforma actualmente toneladas en juegos infantiles, mesas, materas, pasamanos, estacones, pisos, cabañas y otros productos. La vivienda construida después del terremoto mostró una aplicación distinta: convertir ese material en una solución habitacional completa.
Infrapol, por su parte, lleva más de dos décadas dedicada a recuperar y transformar plástico para producir madera plástica. La empresa tiene una capacidad mensual de unas 30 toneladas y ha desarrollado productos para sectores como el agro, la industria y la construcción.
Dos décadas y media de construcción con plástico
Woodpecker, empresa colombiana creada en 2009, desarrolló un sistema constructivo de WPC, un material compuesto por polímeros reciclados y fibras vegetales como el cisco de café. Su sistema se utiliza para casas, aulas y otras obras de infraestructura social. La compañía reporta más de 3.600 viviendas y 1.000 aulas construidas, y una planta con capacidad para producir material para unas 3.000 casas al año.
IngePol, con más de 25 años de trayectoria, trabaja desde el año 2000 en la transformación de residuos plásticos y tiene una capacidad declarada superior a 1.000 toneladas al año. Fabrica madera plástica, perfiles y otros productos utilizados en construcción, urbanismo, infraestructura, agricultura e industria.
En el norte del Valle está Maderas Plásticas Ecológicas, un emprendimiento dirigido por Germán Valencia que transforma entre 60 y 100 toneladas de plástico al mes mediante procesos de recuperación y termofusión. Con ese material fabrica postes, estacones, corrales y mobiliario urbano. Su capacidad mensual también supera la de Infrapol, que reporta 30 toneladas.
El terremoto convirtió esas experiencias acumuladas en una posibilidad concreta para las más de 36.000 familias que perdieron sus viviendas, el pasado 10 de agosto, cuando la tierra tembló. En un país donde, hace poco más de década y media, empezó la industria de la construcción con plástico reciclado el terremoto mostró una aplicación distinta: convertir ese material en una solución para los damnificados.
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