Queridos paisas, adoramos al diablo y no nos habíamos dado cuenta

"Es la fiel representación del neopaisa que tanto abunda en Antioquia: un camandulero de día y un proxeneta, machista y busca problema de noche"

Por: Cristian David Garcia
noviembre 20, 2020
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Queridos paisas, adoramos al diablo y no nos habíamos dado cuenta

Tal parece que ahora nos ofende hasta un alumbrado con un diablito, pero no nos ofende profesar los más profundos deseos capitales influenciados por el mismo demonio.

Ahora, nosotros, los neopaisas, pretendemos que quitando una figura caricaturesca (como la del diablo de Riosucio) de los alumbrados de Medellín mágicamente nuestros pecados serán perdonados. ¿Será que nos vemos reflejados en ese diablo y por eso lo queremos fuera de nuestra vista? Veamos.

- La ira, arraigada en el paisa como cual carriel, poncho y, por supuesto el machete, ha sido protagonista de incontables explosiones. En solo diciembre, hasta el día 25, se presentaron en Medellín cerca de 1.200 riñas: 1 cada 30 minutos. Y nada más el 31 de diciembre, 168 peleas: 1 cada 9 minutos.

- A los paisas nos encanta la pelea. Si es borrachos y drogados mucho mejor, ya que esto nos da más fuerza y valentía para enfrentarnos al que sea, estar “pa' las que sea”, o bajar y apuñalar banderas en el Pueblito Paisa. Todo porque nosotros somos unos berracos.

- En nosotros abunda la soberbia y envidia, algo en lo que no necesitamos tantas cifras para demostrar su arraigo. Solo basta pensar en el vecino del lado, en el familiar que tuvo éxito o en la forma en la que miramos al extranjero cuando nos pide una moneda para sacar a flote estos sentimientos.

- El paisa con su espíritu competitivo genera un entorno de rechazo contra cualquiera que no sea de su región, a tal punto de publicar sin pena lo que cito: “No arriendo apartamento a costeños o venezolanos”. Algo que para muchos es jocoso, divertido e ingenioso, pero cuyo trasfondo es mucho más complejo y va más allá de una risa o una burla hacia ellos, pues nosotros, los neopaisas siempre miramos “por debajo del hombro” a los que consideramos que tienen menos que nosotros, porque el paisa es el rey.

- La avaricia y la pereza ya las consideremos pecados menores y hasta parte de nuestro patrimonio, pues quién no ha soñado con tener una estabilidad económica y vivir como rey, o se rige por el tan famoso “dormir cinco minutos más”.

- La gula es común. Tan solo ver la bandeja paisa para entender gráficamente el significado de este concepto.

- La lujuria es tal vez el pecado más preferido de los neopaisas, pues las cifras muestran a Medellín como una capital del turismo sexual a nivel mundial a bajo precio, con la ya conocida “rumba dura”, que incluye desde drogas y alcohol y prepagos, hasta prostitución y pornografía infantil.

- Y si así las cifras no lo mostraran, con solo una pasada por Parque Berrio, la Candelaria o el Poblado en las horas de la noche o incluso la tarde, nos daríamos cuenta del altísimo nivel de prostitución en la ciudad. Y, por supuesto, si hay tanta oferta es porque hay una alta demanda, demanda paisa. ¿O es que todos los que consumen prostitución y drogas son extranjeros?

Queridos paisas, adorábamos al diablo y nunca nos dimos cuenta. Y así lo queramos negar, estos pecados son más paisas que la arepa y están junto con nosotros desde pequeños.

Ahora bien, cuántos de los que se ofenden por el diablo de Riosucio son el famoso señor de la esquina —casado, con dos hijos, tres demandas por alimentos y una por violencia intrafamiliar— que al ver pasar a una bella joven no pueden aguantarse sus deseos carnales y le gritan lo que consideran “el mejor y más eficaz cortejo”; que no es más que un piropo arrabalero y ordinario, digno de un macho pura cepa. Todo para vislumbrar, al menos en sus fantasías, una remota posibilidad sexual con aquella muchacha de piel tensa y pechos firmes, sin tener en cuenta que ella podría ser su hija o nieta.

Esto queda demostrado en el informe de la Corporación Vamos Mujer y la Corporación Para la Vida Mujeres que Crean, donde se reportan 3.301 casos de violencia sexual en Antioquia. Además, el departamento también gana un valioso podio en casos de abuso sexual de sacerdotes a niños. El más reciente fue el del sacerdote Carlos Yepes, suspendido por el Vaticano por abusar de 3 menores. Es que a nosotros los paisas nos encanta la lujuria, ¿qué le podemos hacer?

Es por estas razones que exijo que se devuelva el diablo de Riosucio, ya que es la fiel representación del neopaisa que tanto abunda en Antioquia: un camandulero de día y un proxeneta, machista y busca problema de noche.

Por ahora solo queda extrañar lo que era un verdadero paisa: berraco, trabajador, buen amigo, echado pa’lante, al que no le quedaba grande nada y hasta se agarraba a machete con el mismísimo demonio si lo veía en alguna montaña... y al que no le daban miedo cuatro alambres, tres papeles y un bombillo LED.

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