Querido monseñor Ordóñez:
Opinión

Querido monseñor Ordóñez:

Válgame Dios eminente monseñor, ¿a dónde vamos a parar?

Por:
noviembre 07, 2015
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Respetado monseñor:

Ante todo deseo que sienta la sinceridad de mis letras, profundas y diáfanas, y vea y note que el pueblo colombiano comparte su tristeza y su odio.

Y no se ofenda con que le diga querido, que bien sabemos todos que usted no es de esos.

Cómo así que, de buenas a primeras, la Corte Constitucional acepta que un par de depravados pueda adoptar un niño, debe preguntarse muy alarmado y, para su confort debo anotar que la gente secunda sus palabras. Andaba oyendo La W, la de Julito, e imagínese usted que a todo el mundo le parece una bellacada la que se le hace a esos pobres niños que, en vez de dejarlos en su estado original son entregados a gente ajena a la familia para quién sabe qué aprendan. De diez radioescuchas, créame, nueve punto siete piensan como usted, son retrógrados (perdón, quise decir ciudadanos) que afirman que la unión heterosexual es la perfecta y sobre ella no puede recaer duda alguna.

Lamento no sólo su tristeza en estos duros momentos, sino que me arrepiento de tildarlo de monseñor cuando el mismo monseñor Juan Vicente Córdoba, quien se autodefine como vocero de la Iglesia católica (¿lo conoce usted?), le dice claro y contundente a esos payasos de la autodenominada  Corte Constitucional que zapatero, a tu zapato. Y así deja claro que la tal Corte debe dedicarse a cosas serias, y no a asuntos menores.

Sin embargo, en caso de que se cruce el domingo con el monseñor (el de verdad), le solicito le aclare que no resultó muy acertado su comentario, habida cuenta que aquí la palabra que menos cuaja es la de zapatero. Acuérdese usted que precisamente fue un zapatero, el Zapatero presidente del gobierno español quien, desatendiendo la sagrada Biblia (¡imagínese usted!) introdujo dentro del concepto de familia a parejas del mismo sexo, autorizando su matrimonio, y hoy vemos en Madrid o Barcelona o Gijón paseando por las calles tranquilamente a un par de esos ajenos a la verdad cogiditos de la mano como si tuvieran derechos. Y se ven felices y la gente no se aterra al presenciar tantas aberraciones, ¿puede usted creer?

Y ahora, como si fueran zapateros, los de la Corte Constitucional aceptan que esos enfermos adopten niños y dentro de nada veremos a esos infantes criados en el pecado postulando a convertirse en arquitectos o filósofos.

Válgame Dios eminente monseñor, ¿a dónde vamos a parar?

Por ello le pido, solemnemente, que deje de pendejear en su cargo de procurador ya que todos sabemos que contra la corruptela nada puede hacerse y menos con la incomodidad de la sotana para ir al baño.

Deje ese cargo, nadie le extrañará, y consiga un grupito de abogados para que demanden como debe ser la sentenciecita de la Corte que tiene dos fallas. La primera, no atendió la opinión pública, fue ajena al querer popular que considera una aberración todo lo que no esté dentro de los lineamientos clásicos de familia: hombre, mujer y la prole que venga y, segundo, se aprobó por la exigua mayoría de 6-2 y conste que no votó por excusa médica el emérito jurisconsulto Jorge Pretelt (que es amigo suyo y si no es por la gripe nos hubiera secundado en nuestra cruzada).

Si no nos va bien con la demanda, pues dediquémonos a lo nuestro admirado Alejandro, quememos libros y le propongo que comencemos por la Corte, en donde con seguridad detrás de las escaleras esconden un Manifiesto comunista. Queme libros, que es lo suyo y que esos mariquetas respeten como debe ser.

Y si por este lado las ideas no nos cuajan, láncese de candidato a la Casa de Nariño. Ahí le aseguro que nos va bien y derogamos la Constitución del 91 y lanzamos una constitución que vuelva a afirmar que Dios es el eje de todo.Y de paso le metemos la zancadilla al politiquero de Vargas Lleras.

Por último, si nada funciona, métase de cristiano, monte su Iglesia que yo le sostengo el micrófono.

Bueno, sea como sea, comparto su tristeza por este gran paso que ha dado la humanidad.

 

Y hablando de…

Y hablando de humanidad, ¿será que ahora al fin se nos acabó la Bogotá humana?

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