A Peter Florence todavía lo inunda la tristeza cuando habla de su salida del ‘Hay Festival’, el evento que nació en el comedor de su casa con el propósito de compartir lo que leía con sus padres y se convirtió en una de las franquicias culturales más importantes del mundo, que factura alrededor de 5 millones de libras anuales, alrededor de $25.088.380.000
La primera polémica que se le conoció a Peter fue en 2019 cuando le otorgó el premio Booker, uno de los premios literarios más prestigiosos del mundo, a Margaret Atwood y a Bernardine Evaristo al mismo tiempo, algo nunca antes visto que, además, iba en contra de las reglas del concurso.
Las primeras ediciones del ‘Hay Festival’ ocurrieron a orillas del río Wye, ubicado en Hay-on-Wye, un rincón del planeta al que solo se llega después de coger dos trenes y un bus desde Londres. Hay-on-Wye es considerado la capital mundial del libro, un eslogan que se ganó en 1961 cuando Richard Booth decidió vender los libros que tenía en su casa con tanto éxito que los habitantes de ese remoto lugar empezaron a poner librerías en cada esquina hasta que el pueblo entero parecía era una librería repleta de estantes y muebles regados por todas las calles.

A partir de ese momento, el imponente castillo medieval Hay Castle dejó de ser el único atractivo turístico del pueblo. Allí creció Peter Florence, entre un ambiente libresco que lo cautivó tanto que quiso hacer un club de lectura en el que se reunían una vez al año a compartir lo que habían leído con quien quisiera estar.
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Los Florence empezaron a ser reconocidos como importantes figuras literarias de Gran Bretaña por sus legendarias reuniones a las que asistió desde el expresidente estadounidense Bill Clinton hasta el escritor indio Salman Rushdie, prófugo de su país luego de de haber sido condenado a muerte por haber escrito Los versos satánicos.
En 2005 el club de lectura ya era el festival ‘Hay’. Entonces Peter Florence quiso llevar su Festival más allá de Gran Bretaña. Ya había hecho una primera prueba piloto en Brasil dos años atrás, pero esta vez quería seguir los consejos de su amigo y asistente del ‘Hay’, Carlos Fuentes, quien le dijo que el lugar idóneo para llevar el festival era Cartagena, Colombia.
Para tal fin, Florence sabía que necesitaba delegar funciones y le dijo a una vieja conocida participante del ‘Hay’, la española Cristina Fuentes La Roche, que analizara la viabilidad de hacer un Hay Festival en Cartagena. Le contó que el escritor mexicano, Carlos Fuentes le ayudaría a establecer las conexiones necesarias para que el ‘Hay’ en Colombia fuera un éxito, empezando por presentarle a Gabriel García Márquez.

Cristina Fuentes viajó a Colombia para presentar la idea del Festival. Se reunió con Juan Manuel Santos, Gabriel García Márquez, Belisario Betancur y los empresarios Carlos Julio Ardila y Henry Eder, quienes fueron los primeros patrocinadores del Festival. Todos le dieron el visto bueno.
Contra todos los pronósticos, en un momento en el que Colombia atravesaba una fuerte crisis de violencia entre las Farc y el gobierno de Álvaro Uribe, el primer ‘Hay’ fue todo un éxito y allí estuvo en primera línea Peter Florence y Cristina Fuentes tras bambalinas. Desde aquella fecha el Festival se ha hecho sin falta a finales de enero e inicios de febrero durante 3 días seguidos.
En el 2020 el ‘Hay Festival’ ya era una solida maquinaria cultural que recorría el planeta con ediciones en Gales, Colombia, México, Perú, Panamá, España, Estados Unidos y Nigeria, convertido en una franquicia por la que pagan los gobiernos para poder acceder a la programación. Mueve 25 mil millones de pesos.
Peter Florence se encontraba en Islandia plantando árboles como parte de un proyecto de forestación, cuando estalló la polémica que lo desmoronaría. Los activistas ecológicos de Fossil Free Books le enviaron un correo amenazante a la junta directiva del ‘Hay’ en el que exigían que terminaran las relaciones comerciales que el festival tenía con Baillie Gifford, una empresa de inversiones a gran escala que, supuestamente, invertía en la industria petroquímica y se beneficiaba del apatheid, la ocupación y genocidio israelí.
El pánico empezó a cundir a la junta directiva del ‘Hay’, presidida por Caroline Michel. Los escritores empezaron a desertar su participación en el Festival y antes de que se fueran todos, la junta directiva decidió botar a la basura el contrato por 100.000 libras que tenía con Baillie Gifford, para calmar a la opinión pública molesta con el tufillo comercial que había adquirido el evento cultural. Por el mismo tiempo, le llegó una denuncia a Peter Florence por un supuesto acoso laboral. Con todo esto encima, Florence entró en shock y decidió darse una licencia para descansar.
La defensa de la firma de inversiones que patrocinaba el ‘Hay’ logró demostrar que todo se trataba de un boicot en el que cayeron los directivos del Festival. A su vez, mientras Florence gozaba de su descanso, la junta directiva le formalizó un proceso por la denuncia sin que él estuviera presente para defenderse.

Florence intentó aclarar amistosamente las cosas, pero la mayoría de la junta le dio crédito a la denunciante. Sin la posibilidad de mediar palabra para defenderse, Florence se cansó de la situación y renunció a su querido proyecto que había nacido de la mano de sus padres. Finalmente, el 1 de agosto de 2021 se hizo a un lado.
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