Por primera vez un presidente se posesiona fuera de Bogotá. ¿Es el inicio de una verdadera descentralización o solo un gesto simbólico?

 - Por primera vez, el poder se posesiona lejos de Bogotá. La pregunta es si así también gobernará

Por primera vez en la historia reciente de Colombia, un presidente no se posesionará en Bogotá. Abelardo de la Espriella prestará juramento como jefe de Estado en Cali, en la Arena USC, luego de que el Congreso aprobara trasladar allí su sesión conjunta con votación contundente. No se trata de un detalle de cortesía. Es un mensaje: también se puede ejercer poder, y empezar a ejercerlo, desde fuera del centro.

Y este mensaje tiene una lectura más cercana para nosotros. De los 18 ministros del nuevo gabinete, seis son oriundos de la Costa Caribe: tres de Córdoba, dos del Atlántico y uno de La Guajira. Este último es Indalecio Dangond, quien asumirá Agricultura. Nunca había tenido la Costa, desde su inicio, tanto peso en un gobierno nacional, y las señales no se quedan en los nombres: el nuevo gobierno ha dejado ver la intención de instalar en Barranquilla una de sus principales sedes de trabajo.

Vale la pena conocerlos, aunque sea brevemente:

Indalecio Dangond Baquero (Urumita, La Guajira)  Agricultura. Más de cuatro décadas en financiamiento rural; fue asesor de Comercio con Samper y de Agricultura con Pastrana y Uribe.

Elsa Noguera (Barranquilla, Atlántico) Transporte. Exalcaldesa de Barranquilla y ministra de Vivienda durante el gobierno Santos.

Mauricio Gómez Amín (Barranquilla, Atlántico) Comercio, Industria y Turismo. Dos veces senador por el Partido Liberal.

Fabio Arjona Hincapié (Montería, Córdoba)  Ambiente y Desarrollo Sostenible. Biólogo, exdirector de Conservación Internacional Colombia, con trayectoria en proyectos ambientales en el Caribe.

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Omar Bula Escobar (Córdoba)  Relaciones Exteriores. Perfil académico, asume la Cancillería.

María Nohemí Arboleda Arango (Córdoba, criada en Medellín)  Minas y Energía. Ingeniera con 30 años en planeación energética y operación de sistemas eléctricos.

No es un dato menor que De la Espriella sea, según los analistas que han seguido la conformación de su gabinete, un presidente de origen costeño en asumir el cargo después de Gustavo Petro quien nació en ciénaga de oro Córdoba. Abelardo Nació en Bogotá, pero su familia y su trayectoria están ligadas a la Costa, lo que explica en parte por qué esta región tiene hoy una representación que casi empata con la de la propia capital. 

La ceremonia de este viernes 7 de agosto, con el Congreso sesionando en Cali y no en el Salón Elíptico de siempre, refuerza esa misma narrativa: un gobierno que quiere verse, desde el primer día, distinto a sus antecesores en su relación con las regiones.

Que la posesión se traslade de Bogotá, que la Costa tenga seis ministros y que Barranquilla se perfile como una suerte de capital alterna de la operación gubernamental, es, en el papel, una buena noticia para una región que durante décadas ha sido vista desde el centro del país como periferia. Simbólicamente, es un cambio de guion.

Pero ojo : lo simbólico no cambia una sola cifra de pobreza, no repara un solo kilómetro de vía terciaria, no le pone un peso más al agro guajiro. La descentralización no se demuestra con la geografía de una ceremonia ni con el lugar de nacimiento de un ministro. Se demuestra con presupuesto ejecutado, con inversión que llega, con decisiones que se toman pensando en el territorio y no solo simbolizándolo.

Por eso, desde La Guajira, la pregunta que le hacemos a este nuevo gobierno no es si nos tuvo en cuenta al armar el gabinete. Ya lo hizo, y se agradece el gesto. La pregunta es qué va a hacer con ese peso político. Le hemos dicho antes al ministro Dangond, desde esta misma columna, lo que necesita nuestro campo: distritos de riego, vías terciarias, crédito oportuno, ciencia aplicada a nuestras condiciones climáticas. Ahora esa exigencia no es solo para él.

 Es para todo un gobierno que dice querer gobernar desde las regiones.

Y esa exigencia no se limita al agro. Si este gobierno quiere gobernar desde el territorio y no solo hablar desde él, tiene sobre la mesa tareas concretas en nuestro departamento: la crisis estructural del agua, un servicio de energía poco confiable, y el rezago social que dejó una economía dependiente casi por completo de la minería. Tener seis ministros de la Costa de nada sirve si no se sientan a mirar, con cifras, lo que pasa en La Guajira específicamente, no solo en la región Caribe en abstracto. Barranquilla no es toda la Costa, y un gobierno que instale allí su sede tendrá que hacer un esfuerzo deliberado para que ese peso llegue también hasta acá.

Que la Costa tenga silla en la mesa es necesario, pero no es suficiente. Lo que de verdad transformará a La Guajira y al Caribe no es la foto de la posesión en Cali, ni el número de ministros costeños, sino los resultados que ese peso político logre traducir en el territorio. Si en cuatro años seguimos hablando de diagnósticos, de sondeos y de promesas de descentralización que nunca bajaron a lo concreto, esta oportunidad histórica habrá quedado, otra vez, en puro simbolismo.

La Costa Caribe tiene hoy más poder en Bogotá y en Cali, y quizás pronto en Barranquilla del que ha tenido en generaciones. Que ese poder se convierta en desarrollo real depende de que sigamos exigiendo, no de que nos conformemos con el gesto.

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