La Guajira estrena ministro de Agricultura, pero su campo sigue rezagado: el agro pesa solo 3,5% del PIB. Esta es la deuda que Indalecio Dangond deberá enfrentar

 - La Guajira no necesita más diagnóstico. Necesita volver a sembrar

Por primera vez en mucho tiempo, un hijo de esta tierra va a decidir la política agropecuaria de todo el país. Indalecio Dangond Baquero, con raíces guajiras y más de cuatro décadas trabajando en financiamiento rural, asumirá el Ministerio de Agricultura el 7 de agosto, cuando se posesione el nuevo gobierno nacional. Su nombramiento ya despertó orgullo en el departamento, y es comprensible: no es poca cosa que alguien que conoce este territorio tenga en sus manos las decisiones sobre crédito, tierras y desarrollo rural para los treinta y dos departamentos de Colombia. 

YouTube player

Empecemos por comprender de qué tamaño es el reto.

Mientras el país encuentra en el campo una oportunidad para crecer, La Guajira convirtió su tierra en una promesa incumplida. 

No lo digo yo. Lo dicen las cifras oficiales del DANE y del Ministerio de Agricultura. En 2022, la minería representó el 57,6 % del Producto Interno Bruto del departamento, mientras que la agricultura, la ganadería y la pesca apenas aportaron el 3,5 %. Ese mismo año, la economía colombiana creció un 7,3 %. La Guajira, en cambio, cayó un 3,2 %.Y el dato más reciente es todavía peor: según el DANE, en 2024 La Guajira registró la caída económica más grande de los 32 departamentos de Colombia, con -4,8 %. Ese mismo año, mientras el PIB nacional crecía 1,6 %, el sector agropecuario del país agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca creció 8 %, uno de los que más impulsó la economía nacional. Es una paradoja difícil de explicar.

Tenemos miles de hectáreas rurales, diversidad climática, producción durante todo el año, salida al Caribe y una ubicación privilegiada para abastecer mercados nacionales e internacionales. Sin embargo, seguimos dependiendo de un solo motor económico.

Y cuando ese motor se desacelera, todo el departamento se tambalea.

La explicación no está únicamente en la naturaleza.

Sigue a Las2orillas.co en Google News

Está en las decisiones. Hoy el 92 % del suelo agropecuario de La Guajira está destinado a la ganadería extensiva, mientras que apenas el 1 % se utiliza para agricultura. No estamos produciendo el valor que nuestro territorio puede generar.

Lo más preocupante es que ni siquiera hemos construido las condiciones para cambiar esa realidad.

Las exportaciones agrícolas del departamento apenas superan el millón y medio de dólares al año.

Las actividades científicas y de innovación representan apenas el 0,1 % de nuestra economía, cuando el promedio nacional supera el 6 %.

En otras palabras, casi no investigamos, casi no innovamos y casi no transformamos nuestros productos.

Seguimos vendiendo materia prima mientras compramos alimentos procesados producidos en otros departamentos.

Eso no es desarrollo.

Eso es resignación.

Y aquí aparece la gran pregunta.

¿Dónde ha estado la Gobernación de La Guajira?

Porque no basta con administrar proyectos aislados o inaugurar pequeñas iniciativas productivas.

Y no es solo una pregunta retórica. Tiene respuesta en cifras.

El Plan Departamental de Extensión Agropecuaria 2024-2027, la hoja de ruta oficial del agro guajiro, tiene un presupuesto de $8.127 millones, del cual el 80 % depende de recursos de la Nación. Ese mismo plan promete informar semestralmente al Consejo Seccional de Desarrollo Agropecuario sobre su ejecución. Hasta hoy, no existe un solo informe público de ese seguimiento.

Hace falta una visión.

Hace falta liderazgo.

Hace falta una política pública que convierta al agro en una prioridad estratégica y no en un capítulo olvidado del Plan de Desarrollo.

Durante años se ha hablado de diversificación económica.

Pero los indicadores muestran otra cosa.

Seguimos dependiendo casi exclusivamente de la minería, mientras el campo permanece esperando inversiones en riego, asistencia técnica, comercialización, transformación agroindustrial, ciencia y tecnología.

No es un problema de potencial.

Es un problema de voluntad política.

Por eso esta columna quiere convertirse también en una carta abierta al nuevo Ministro de Agricultura.

Ministro:

La Guajira no necesita compasión.

Necesita decisiones.

Necesita distritos de riego funcionando.

Necesita vías terciarias que permitan sacar la producción.

Necesita créditos oportunos para pequeños productores.

Necesita centros de investigación adaptados a nuestras condiciones climáticas.

Necesita cadenas de valor para el coco, el café, el aguacate, el plátano, la yuca, el maíz, el cacao y tantos productos que hoy salen del campo con poco valor agregado.

Y necesita, sobre todo, que el Gobierno Nacional encuentre un aliado decidido en el gobierno departamental, con cifras públicas y auditorías limpias que lo demuestren, no solo con discursos.

Porque ninguna transformación será posible si la institucionalidad local sigue viendo el agro como un asunto secundario.

La seguridad alimentaria, la generación de empleo y la paz territorial empiezan por el campo.

La Guajira no puede seguir siendo un departamento inmensamente rural con una economía agrícola diminuta.

No podemos aceptar como normal que la tierra produzca menos oportunidades que el subsuelo.

Ha llegado el momento de sembrar algo más que discursos.

Ha llegado el momento de sembrar futuro.

Porque el verdadero desarrollo de La Guajira no está enterrado bajo el carbón.

Está esperando florecer sobre la tierra.

Anuncios.