Opinión

¡Pobrecito!

Luis Carlos Sarmiento y el grupo Aval en “la mala hora” por la Ruta del Sol II, versión “Semana”

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Enero 03, 2019
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¡Pobrecito!
Qué mala hora para Colombia, deja entrever “Semana”, esta que le han procurado a Sarmiento el Departamento de Justicia de EE. UU., el Procurador, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca

De no haber sido por las “actuaciones de la justicia colombiana y de Estados Unidos”, el grupo económico más grande del país, Aval, Luis Carlos Sarmiento, no estuviera, a estas horas de su vida, viviendo “la mala hora” de estar enfrentando uno de sus momentos más difíciles, cuyas consecuencias, además de ir más más allá de los intereses del banquero, ya presentimos los colombianos quien terminará pagándolas con indexación.

Y pagándole, por supuesto, a quien no ha hecho más que prestar su valioso, contante y sonante concurso para promover el desarrollo vial y el crecimiento y progreso de este país malagradecido que ahora viene a enredarlo y hacerlo aparecer revuelto con y en la mala compañía de Odebretch, un siniestro grupo brasilero que ha enredado y tumbado a medio mundo con sus malas andanzas y conciertos para construir ilicitudes y megacorrupción.

Experto en desvíos y túneles para su prosperidad, puentes a prueba de adiciones por su caída garantizada, troncales y rutas penumbrosas en vez de las alamedas del sol adjudicadas, torcer ríos y conducirlos en la dirección de la segura y bien resguardada desembocadura de sus arcas. Y todo, en vez de vías que interconecten el norte con el sur y el oriente con el occidente y el centro con la periferia y el llano con las cordilleras y los mares con los ríos de un país que navega, vuela, viaja, aterriza, acuatiza, se estaciona y parquea, en todas las direcciones de la corrupción de primera clase.

Eso de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos haya decidido investigar el proyecto Ruta del Sol, es la más clara y malhadada intromisión, de la cual haya podido ser víctima Colombia en uno de sus más esclarecidos nacionales, el Grupo Aval, ¡pobrecito!, y prueba irrefutable, vergonzante, de la intromisión del imperialismo yankee en nuestros asuntos.

 

 

Eso del Departamento de Justicia de Estados Unidos
investigando el proyecto Ruta del Sol,
es la más malhadada intromisión en el Grupo Aval, ¡pobrecito!

 

 

Agravada tan intolerable y antipatriótica intromisión imperialista con la connivencia del procurador Carrillo quien, precipitadamente y sin medir las consecuencias negativas de su deber ser de defender los intereses nacionales, instauró una acción popular por corrupción en la Ruta del Sol II, la cual fue fallada favorablemente por el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, en primera instancia, con sanción por 800.000 millones de pesos a las empresas concertadas con Odebretch y la Ruta del Sol II, entre las cuales hay algunas que hacen parte, qué mala hora, del Grupo Aval.

Y eso, al decir de la revista Semana, edición n° 1911, del 16 al 23 de diciembre de 2018, es un “golpe para la infraestructura”, colombiana se colige, toda vez que una de las empresas concertadas para las megaobras fingidas por Odebretch es filial del Grupo Aval y tiene, “solo o con socios 9 de los 30 proyectos de Cuarta Generación, 4G, que se desarrollan actualmente”, y cuyo valor conjunto, según registros de la publicación citada, es de “casi 26 billones de pesos”, una cifra que no solo golpea, noquea el más sólido presupuesto.

Qué mala hora para Colombia, deja entrever Semana, esta que le han procurado el Procurador General de la Nación y el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, con sus embelecos de defender lo público de la rapiña de la corrupción concertada entre grupos económicos, congresistas, ministros, fiscales y firmas constructoras de ficción, cuyo objeto superior es el de corromper la administración pública en sus diferentes instancias y divisiones, el poder al más alto nivel, para raparse los cuantiosos presupuestos destinados a las obras públicas nacionales.

Y lo más grave, catastrófico, reitera la publicación, a generar un cuadro que “no ayuda a la estabilidad institucional del país y la pone en riesgo”, en momentos que “Colombia está atravesando un periodo de pesimismo y escepticismo”.

Y todo, según la posverdad de Semana, aupado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, el imperialismo metiéndose en nuestros asuntos internos, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, y el procurador general de la Nación, Fernando Carrillo Flórez, por su imprudencia al instaurar una acción popular por vulneración de la Moralidad Administrativa, la Defensa del Patrimonio Público, el Acceso a los Servicios Públicos, con ocasión de los actos de corrupción  aceptados y confesos de Odebrecht,  Ruta del Sol II.

Si no fuera porque todo cuanto ocurre en Colombia con la contratación pública es cuestión de mafia, uno acabaría por creer, como el telegrafista de La mala hora, que aquí todo, y siempre, es cuestión de magia.

Pero no. Es de mafias.

Poeta

@CristoGarciaTapia

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