Una mirada a la historia de Colombia

"Después del Bogotazo, el Frente Nacional embriagó la rabia del pueblo"

Por: Braiden Stiven Jiménez González
octubre 09, 2014
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Una mirada a la historia de Colombia
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Colombia no sale de una y ya está en otra. La capacidad del país para crear sus propios problemas es impresionante. Pero cabe destacar que aunque siempre viva en conflictos posee las actitudes y aptitudes necesarias para sostenerse y mantenerse como nación.

La historia siempre ha tenido como excusa el uso de ideales para manchar de sangre la “evolución”. Pasamos por la Santa Inquisición, Las Cruzadas, la época del descubrimiento de América, la Colonización, la Independencia, la Recolonización, etc…

Matar en nombre de un ideal es una vieja costumbre que ya hace parte esencialmente del hombre. Los partidos Conservador y Liberal intentaron cesar ese rastro de sangre que habían dejado durante su intento de consolidación. Ninguno de los dos bandos hondeó la bandera blanca. Entonces apenas las cosas pasaron de gris a oscuro, decidieron entablar diálogos como sucede actualmente. Muy bien por ese lado, dejar de asesinar para darle cabida a una solución más civilizada ¡Excelente! Hasta aquí, todo muy bien, pero los líderes respectivos se olvidaron de los intereses colectivos y se enfocaron en los ideales que cada uno tenía de una sociedad, pasando por encima de esta. El bipartidismo abolió por completo las vagas representaciones políticas que existían además de los “azules” y los “rojos”.

Después del “Bogotazo”, el Frente Nacional embriagó la rabia del pueblo. Con la caída del “caudillo” se destruyeron todas las ilusiones del proletariado. La violencia generada a partir de este hecho despertó la sed de varios grupos que querían impartir justicia con sus propias manos o garras. “La chusma”, “Contrachusma”, “Pájaros” y “Chulavistas”.

La condición humana no importó y hasta el día de hoy, menos. Son 60 años de desacuerdo contra la élite que maneja o intenta manejar al país. Condenados al resentimiento y a la arrogancia. Con las uñas, Colombia ha intentado salir de la patria boba pero la individualidad y el egoísmo corroe las ganas de conseguir un desarrollo. Acostumbrándose a cerrarle las puertas a lo que no provenga privilegios suficientes para alimentar el deseo de poder.

Mientras, cómodamente, en el Frente Nacional se repartía el manejo de una Colombia agonizante, los que no estuvieron de acuerdo se llenaron de valor y nuevamente el país se manchó de sangre hasta nuestros días. Ahora en la bandera de colores amarillo, azul y rojo, debería preponder este último tono en honor a una historia llena de tropiezos mortales.

Dicen que para conseguir la paz, se pasa primero por una guerra, y para hacer una guerra se necesitan de muchos, pero para llegar a la utópica tranquilidad se necesitan de todos. No se trata de buscar culpables ni de señalar solo a un lugar, se trata de concientizarse y poner los pies sobre la tierra en busca de un acuerdo, en vez de desahuciar una nación que se cae a pedazos a medida que la envidia invade al ciudadano.

Por otro lado Colombia siempre ha manifestado su deseo de letrar a todo su pueblo. La educación es algo más que real en Colombia, donde cada día se ven más oportunidades que personas que quieran aprovecharlas; y lo pocos que gozan de este privilegio prefieren compartir sus conocimientos más allá de las fronteras abandonando el territorio que intentó dar la mano en pro de su integridad.

Quien no conoce su historia está condenado a repetirla. Esta frase ya es pan de cada día para los colombianos que nos vemos obligados a entrar en una amnesia colectiva en cuanto al gobierno, con la intención de que quien se pose en el trono presidencial sea visto como el que tiene la solución en los bolsillos a todos los cánceres sociales. Es que mientras todos son amigos allá arriba, nos tenemos que quedar callados porque la iglesia nos acostumbró a que el que piensa diferente, necesita un exorcismo y mientras todos se vuelven enemigos, los de abajo debemos cargar en el lomo la desavenencia. Y por donde se vea, estamos perdiendo.

Sin embargo, el volverse víctima se convirtió en un negocio, el hablar de paz, se convirtió en un negocio. Nos hablan con palabras bonitas que producen más miedo que esperanza, pues de lo dicho a lo hecho hay mucho trecho.

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