¿Pan y circo?: la otra orilla del Concierto "de La Esperanza"

¿Pan y circo?: la otra orilla del Concierto "de La Esperanza"

Estoy seguro de que la mayoría de asistentes desconocen las profundas bases teológicas y políticas que están presentes en el conflicto entre Israel y Palestina...

Por: Andrés Camilo Atehortúa Sequeda
julio 10, 2024
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¿Pan y circo?: la otra orilla del Concierto

Las comillas en el título de la presente nota no son baladí. Justamente, cuando somos pequeños y empezamos a adentrarnos en la semántica de los valores humanos, la esperanza se convierte en un bálsamo para esa tensa relación que en ocasiones podemos tener con el futuro. Esperanza es una antesala al cambio. Esperanza sin acción transformadora es palabra muerta.

Ahora bien, esta breve introducción sobre lo qué entiendo por esperanza viene de la experiencia que tuve este 05 de julio cuando me encontraba en cercanías a La plaza de Bolívar. Y aunque llevo cerca de un año viviendo en otra cuidad, lo cual me ha hecho desconectar de la dinámica de la Gran Capital, el visitar mi ciudad de origen siempre tiene algo evocativo. No sabía del evento, sin embargo, varios elementos me alertaron de un acontecimiento importante mientras me iba acercando al corazón político de Colombia: vendedores de impermeables, paraguas y personas que te cuidaban la correa me indicó con claridad que se trataba de un evento musical masivo.

Todo parecía dentro de lo normal para un evento gratuito organizado por la Alcaldía, con la ya clásica cereza del pastel que consiste en ver los vendedores de licor junto a un sendero completo de vendedores de marihuana que llegaban, hoy con mayor presencia, hasta el parque Santander compartiendo espacio con la policía; dándole así, al aire capitalino, un aroma nostálgico, pero en momentos inalcanzable por algunos de los días más intensos de Rock al parque. Y sumemos, por supuesto a la fórmula, muchos jóvenes en parche que están en esa tierna búsqueda de identidad y formación de vínculos sociales. Finalmente, acompañando a estas tiernas generaciones, los ya icónicos punkeros desorientados estancados en el tiempo que venden manillas, "piden pal cheto" o "goterean chorro".

Amo la música, en especial el rock, de hecho tengo una banda con mis compañeros de trabajo. Y con total certeza puedo decir que la música es una forma de autoconocimiento y denuncia increíble. En ese sentido, la música puede ir de la mano con los sentimientos de esperanza más nobles, haciendo que causas políticas y llamados al cambio en la sociedad tengan en el sonido un gran aliado.

No obstante, ver que la mayoría de los asistentes acudían al evento solo como una alternativa para consumir licor y otras sustancias que llevaban en sus maletas, bolsillos o que, eventualmente, podrán consumir en el evento, considero desdibuja el supuesto fin social del evento en nombre de un egoísta deseo de autosatisfacción y por supuesto, autodestrucción.

La mayoría de quienes asistieron, estoy seguro, desconocen las profundas bases teológicas y políticas que están presentes en el conflicto entre Israel y Palestina, y solo bajo una indignación alimentada por ciertos sectores se mira el problema bajo un solo ángulo, creyendo que los cambios se logran gritando arengas en contra de unos políticos que en realidad están más interesados en mantener la guerra que buscar alternativas para una convivencia armónica.

Entonces, tenemos un concierto que apela a darle esperanza a un pueblo que se encuentra a miles de kilómetros de distancia y que, por efectos del conflicto, dudo tengan posibilidad de si quiera saber lo que se está haciendo acá. En esa medida, la llamada "esperanza" del concierto se convierte, como lo dije antes, en palabra muerta.

Las víctimas de las acciones israelíes no necesitan solo palabras de un país ajeno a su cultura y lenguaje, la esperanza para ser activa requiere acciones transformadoras. Y si a este pan y circo le sumamos muchos asistentes alcoholizados y drogados que desconocen toda la magnitud del problema sencillamente por estar en otro contexto, pues todo termina siendo un despilfarro para el erario público, del cual el concejal Daniel Briceño denunció costó mas de dos mil millones de pesos.

Debo aclarar que no sigo ningún partido político, tampoco en lo que tengo de memoria, he visto un gobierno del cual pueda decir: "ha hecho algo relevante por el pueblo". Además, resulta sospechoso que sea un concejal del Centro Democrático el que haga la denuncia cuando en los gobiernos anteriores también el despilfarro ha estado a la orden del día.

Sin embargo, sí me preocupa que los gobernantes sigan apelando a sentimientos tan importantes como la esperanza para vender pan y circo a la gente, desviando la atención de problemas internos de primer orden a los cuales se deberían destinar los fondos públicos, los cuales terminan invertidos en simbolismos que no tienen ninguna trascendencia, más cuando muchos de los asistentes ni siquiera saben dónde están parados y desconocen hasta de las problemáticas de su propio país.

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