Pa´dónde va ? Yo lo llevo !!

El taxista, en su carro, es un dictador.

Por: Hernán López Aya
marzo 17, 2015
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Pa´dónde va ? Yo lo llevo !!

Llega a mi memoria un grato recuerdo...

Mi papá, mi mamá, mi hermana y yo estábamos en la calle 22 con carrera 9, en pleno centro de Bogotá y territorio apache del jefe de casa durante más de 40 años.

Corría una gris tarde de 1985, al igual que corríamos nosotros tratando de conseguir un taxi para regresar a la casa, después de haber desarrollado una jornada de shopping escolar: Pantalones de terlenka azul oscuro de la época, camisa blanca, zapatos verlón, corbata delgada y el resto de vainas de mi hermana.

Más empaquetados que un diablo, logramos montarnos en un taxi negro, con placa de dos letras y 4 números, largo como una lancha, taxímetro de banderín, sillas de cuero, con taxista buena papa y sin mi papá, porque se quedó en el centro a jugar billar.

Llegamos a casa, en Américas Occidental; el taxista ayudó a descargar los paquetes y los chinos; y mi mamá pagó la carrera, con una sonrisa de oreja a oreja.

Que buenas épocas...

Mi trasegar por los diferentes medios de transporte ha evolucionado a la medida de mi bolsillo. Cuando arranqué el bachillerato, mi papá encartó a un compañero de colegio, de manera olímpica, con mi maleta, mis carpetas y mi presencia; a Felipe le tocó enseñarme a tomar buseta desde la Avenida de Las Américas hasta el centro, porque nunca tuve ruta escolar. BOLSILLO DE ESTUDIANTE DE COLEGIO.

En la universidad, alcancé a descansar en primera clase; es decir, eché motoso en bus ejecutivo, y cuando hubo medios, en Super ejecutivo. En estos buses, símiles de las flotas que iban a Melgar en esa época, pasé guayabos, estudié para parciales y acompañé a compañeras de la universidad a la casa. Recuerdo que después de pagar el pasaje, siempre me quedó para fumarme un cigarrillito, pa´l frío. BOLSILLO DE ESTUDIANTE DE UNIVERSIDAD.

Se inició mi etapa laboral y, con ella, la gastadera en taxi. Me acuerdo que cuando pagué la primera carrera, con mi primer sueldo, sentí que algo nuevo había llegado a mi vida, dispuesto a cambiarla por completo. Y efectivamente llegó: Un descalabro económico que me recordaba, cada vez que mandaba la mano al bolsillo, que me tocaba montar en buseta porque la plata no alcanzaba. BOLSILLO DE PRIMÍPARO LABORAL.

Sin embargo, seguí trabajando por años y gastando por años, en carreras de taxi. Y es en este momento en el que me pongo nostálgico, porque es cuando extraño lo divertido que era montar en uno de ellos, mirar por la ventana y hasta aguantarse un trancón con taxista dicharachero y emisora con aguinaldo a todo timbal.

Pero eso ya no es así !!!

Montar en un taxi, en la actualidad, significa rendir un montón de cuentas a ciertos personajes que manifiestan su poder en la mano derecha, cuando la levantan para acompañar la pregunta: Pa´dónde va? Y en la izquierda, cuando con frenético poder oprimen el botón que sube y baja la ventana.

La Mancha Amarilla de la cual se sienten muy orgullosos Uldarico Peña, presidente de Taxis Libres, y Hugo Ospina, líder de los taxistas de Bogotá, se ha convertido en una de las principales razones del éxodo de miles de bogotanos que, pensando en salvaguardar sus vidas, han corrido a los bancos y han pedido préstamos de todos los tipos para poder comprar carro y, al mismo tiempo, evitar montarse en un taxi. Muchos prefieren, ahora, gastarse la plata en gasolina.

En mi concepto, la mancha amarilla se convirtió en una banda; y no precisamente en la del Barrilito. (Canción de la Banda del Barrilito https://www.youtube.com/watch?v=ZEgdfeISYdU).

Que pesar...

Ahora, la mayoría de los taxistas en la capital de Colombia intimidan, proponen bloqueos, maltratan a sus pasajeros, manejan a toda mecha, hacen retenes al mejor estilo de la guerrilla, y trabajan de la mano de su mejor amigo: EL MUÑECO DEL TAXIMETRO.
Los integrantes de esta inmensa mayoría nunca tienen cambio, nunca van al centro, nunca van por la Autopista Norte, nunca van a Suba, nunca van a Bosa, nunca van por allá y siempre tienen que ir a entregar el carro, por el cambio de turno.

De verdad, se volvió muy jarto montar en taxi.
Qué hubiera dicho mi santa madre, si le hubiera tocado vivir una situación de estas? Conociéndola como la conocí, hubiera convencido al tipo pa que la llevara al fin del mundo y, al llegar, le hubiera invitado a tinto con galletas Macarena.

Y para completar, cuando les sale competencia, la quieren acabar sin mediar consecuencia. Estoy seguro de que, por pensar en fregarle la vida a más de uno y monopolizar el negocio, no se han dado cuenta de que la competencia, en el 90 por ciento de los casos, es SANA y motiva a mejorar.

Pero no... A esa inmensa mayoría a la que me refiero, solo le importa trabajar poco y ganar mucho.

Sin embargo, y gracias al destino, existe la inmensa minoría. Esa, integrada por aquellos que tienen vueltas, saludan, miran la tabla de precios, cambian la emisora cuando uno lo pide, no se atraviesan y son los héroes de mi mamá, porque ayudan a bajar los paquetes y los chinos. Y además esperan a que uno entre a la casa, solo por seguridad. Estas personas merecen trabajar dignamente y no ser maltratados por muchos que, al pagar la carrera, le preguntan a estos buenos personajes: Y ES QUE USTED NO SABE QUIÉN SOY YO?

Es justo que los taxistas bajen a la gente de los carros, alegando falta de oportunidades? Es justo que con la cruceta, con las palabras y en gavilla, maltraten a sus pasajeros?
Es justo que propongan las vías de hecho, pa lograr beneficios, y así pretender que les paguen la prima voluntaria?

Juzguen ustedes...

El tipo que me vendió el carro que ahora tengo, utilizó el argumento más básico pa enredarme en una deuda gigante y logró que le comprara "El Flaco" (nombre con el que mis hijas bautizaron el auto de color gris en el que ahora las trasteo).

Me dijo: La plata que usted se va a gastar en taxis, se la puede gastar en la gasolina del carro; y además, va mas cómodo !!! Y le hice caso...

El oficio de taxista merece respeto. Y si no, pregúntenle a Antonio Navarro Wolf que, queriendo cumplir uno de sus sueños, se le montó a un potro amarillo de cuatro ruedas y transportó a más de uno, de norte a sur y de oriente a occidente. Según él, manejar taxi ha sido una de las mejores experiencias de su vida.

Entonces si Navarro pudo hacerlo de manera decente, sin ser experto en la materia, por qué los profesionales de esta vaina no han podido?

Por lo pronto, yo seguiré conviviendo con este mal necesario y, los días que no tenga pico y placa, pues me gozaré la deuda de color gris en la que mis hijas me piden música y mi novia me pide que le baje al volumen.

Y pues cuándo alguien necesite, yo lo llevo !!!

Ahí decidirán si me pagan la prima, o no...

@HernanLopezAya

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