No tengo que negar que he tenido sospechas sobre algunas obras que representa la galería La Cometa, pero tengo que afirmar que he acudido a sus últimas exposiciones y son de primera calidad, esta última tiene a los maestros en el principio de un año que recurre principalmente a sus depósitos, donde se encuentran maestros como la escultura de Fernando Botero, los dibujos de Juan Cárdenas, la pintura de Manuel Hernández y una espectacular obra de Alejandro Obregón, entre otros.

Manuel Hernández que con sus símbolos y signos abstractos y ese sentido surrealista nos muestra el paisaje interior, el ejercicio de un lenguaje abierto porque su mensaje no tiene como proyecto el ejercicio del narrador. Comunica las ideas de los sentimientos y emociones, pero en silencio.
Hernández también se une al subconsciente porque le interesan los otros estados de conciencia. Podemos utilizar la libertad que él mismo nos otorga, desde su mudo sentimiento mítico.
El paisaje interior comienza a tener validez en el mundo de una imaginación más interna. Que significan una nueva dimensión del hombre con un nuevo tipo de paisaje que está en la psiquis

Óscar Murillo es un personaje extraño que no puede hacer parte de los maestros colombianos, con su cuadro ya antes visto en la galería nos demuestra su indecisión de un ser humano que busca su lenguaje en la perturbación y el desorden, lo que más afecta de esta expresión es ese lamento cómodo a la suciedad con su actitud poco beligerante, pero sí intuitiva que la expresó en una entrevista cuando dijo “Me di cuenta de que estaba interesado en demasiadas cosas a la vez. De alguna manera, el piso del estudio era la única herramienta disponible para comunicar estos intereses. […] Una tutora de la escuela de arte dijo una vez que la forma en que hacía el trabajo, o trataba el estudio, le recordaba cuando crecía en la Gran Bretaña de posguerra porque entonces existía la idea de que uno tenía que ser ingenioso. Crecí de niño en un pueblo de Colombia, donde había una actitud muy similar a la de usar solo lo que estaba alrededor.” Óscar Murillo, de la entrevista con Hans Ulrich Obrist publicada en Work (Rubell Family Collection: 2012)
El segundo piso es un homenaje a la expresión femenina de los años 50 a los 80, donde como siempre se destacan las mujeres principales reflejadas en la historia de la escultura y obra textil colombiana, la forma desordenada y genial que lograba Feliza Bursztyn, como dice Marta Traba ella abre un nuevo campo en la escultura colombiana, su visión inteligente, global, comprensiva y caprichosa se impone a través de los años de historia.

Por otro lado, Olga de Amaral, quien en su obra busca el comienzo de una expresión donde se unen las cintas de lienzo, pintura y otros elementos crean una de las primeras imágenes rotundas de su lenguaje textil, llegando a esparcirse y triunfar en el mundo entero como se admira en su última exposición en las Fundación Cartier en París.
De la misma autora: Los maestros y la invención del hombre americano
Galería La Cometa, Cra 10 #94A-25
Anuncios.
Anuncios.


