Opinión

No es regresar al pasado

O cambiamos la forma de desarrollarnos o no tendremos gobernabilidad para superar la pandemia y hacer las reformas urgentes. Necesitamos otro tipo de economistas manejando el país

Por:
noviembre 03, 2020
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No es regresar al pasado
Alberto Carrasquilla, Minhacienda, Juan José Echavarría, gerente del Banco de la Repíblica: ortodoxos partidarios de retomar la senda de crecimiento que teníamos hasta el 2019. Foto: Banrepública

Después de estos momentos tan difíciles que además no ven un futuro claro, es difícil entender como muchos todavía plantean que debemos regresar a lo que teníamos antes de la pandemia. Debe reconocerse que esta posición es más frecuente entre los economistas ortodoxos quienes anotan que debemos retomar la senda de crecimiento que teníamos hasta el 2019. Con todo el afecto que siento por Juan José Echavarría, esta frase en su entrevista con Ricardo Ávila me generó mucha preocupación. Si, es cierto que necesitamos crecer ni siquiera al 3 % anual sino mucho más para reponer las pérdidas del 2020, y no se sabe si también las del 2021 e inclusive aquellas del 2022. El costo de este decrecimiento que hoy se vive se pueda palpar claramente en la calle: no hay prácticamente un edificio en Bogotá, por ejemplo, que no tenga por lo menos una oficina o un apartamento en venta o en arriendo. Calles enteras donde queda en evidencia que se han quebrado muchos negocios que fueron muy prósperos y sabemos que esto implica gente sin ingresos hasta llegar al hambre. Por consiguiente, es innegable que debemos volver a ritmos de dinámica económica positiva lo más pronto posible. Pero esto no quiere decir "retomar lo que teníamos antes."

Una de las grandes lecciones de esta pandemia es que no basta con crecer, sino que la forma como lo hacemos es tanto o más importante. Durante los últimos años esa tasa de aumento del PIB anual fue muy superior al promedio de América Latina y esto generó una euforia no solo en el gobierno sino entre muchos analistas económicos. Pero la gota fría cayó cuando al mismo tiempo aumentó la pobreza. Algo está sucediendo en el manejo de esta economía para que lejos de distribuirse los beneficios del crecimiento, estos vuelven y se concentran en unos pocos. Pero además esto no es nuevo porque por algo somos una sociedad llena de injusticias las cuales han hecho que la pandemia nos haya golpeado con tanta fuerza. Parecería que nuevo, los economistas ortodoxos que son quienes tiene el poder en nuestro país, no han entendido lo que significa que hoy seguramente tenemos la mitad de nuestros conciudadanos en condiciones precarias.

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Una de las grandes lecciones de esta pandemia es que no basta con crecer, sino que la forma como lo hacemos es tanto o más importante

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Este país no resiste seguir creciendo y concentrando los beneficios de la dinámica económica en ese reducido grupo de privilegiados. O cambiamos la forma de desarrollarnos o no tendremos la mínima gobernabilidad necesaria para superar no solo el impacto de la pandemia sino para sacar adelante las reformas económicas, sociales y políticas que hemos postergado a lo largo de nuestra historia. Por ello necesitamos otro tipo de economistas manejando este país. Es fundamental que los críticos de este Consenso de Washington dejen de ser marginales en los debates y sean escuchados porque del conjunto de visiones ortodoxas y keynesianas, por llamarlas de alguna manera, salga la nueva ruta que debe tomar Colombia. La gente, esos millones de colombianos pobres e indigentes, deben ser la prioridad y ese no es un tema de la izquierda que tanto miedo genera entre los privilegiados. Es también un tema de democracia, de solidaridad y de realismo económico.

Quien llegue a la gerencia del Banco de la República y al Ministerio de Hacienda, que ojalá por fin le abran la puerta a una mujer economista, debe tener una nueva mirada sobre la forma como se deben establecer las prioridades que esta sociedad tan golpeada necesita. Si siguen con la idea de que los equilibrios macroeconómicos es lo único que importa, se continuará socavando la posibilidad de entrar a la modernidad, porque una sociedad llena de pobres con un 2 % de privilegiados pertenece a una dolorosa historia del pasado. Una sociedad moderna es aquellas cuyas grandes mayorías tiene real acceso a esos derechos con los que nos hemos comprometido ante el mundo y que nuestra Constitución nos exige. Alcanzar esta realidad implica no seguir haciendo en la política económica más de lo mismo. Cómo hartemos para que eso finalmente se entienda.

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www.cecilialopez.com

 

 

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