Opinión

Nancy Pelosi le da sopa y seco a Trump

La presidenta de la Cámara, a quien Trump no se ha atrevido apodar, le ganó el pulso del cierre de las oficinas del gobierno y le atravesó el muro

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Enero 28, 2019
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Nancy Pelosi le da sopa y seco a Trump
Triunfo de Pelosi. Después de semanas de amenazas y pataleos, Trump tuvo que ceder sin recibir un solo dólar para su muralla de infamia. Foto: Twitter/Nancy Pelosi

El resultado del pulso entre Nancy Pelosi, la presidente de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos y el xenófobo presidente Donald Trump, podría contribuir a que en las elecciones presidenciales del 2020 salga este último derrotado.

Con tanto Bolsonaro, Duterte, Orban, que ven en Trump su inspiración política tanto en el contenido como en la forma de agredir a adversarios,  medios de comunicación, inmigrantes, comunidades LGTB, entre otras, lo que ocurra en este duelo Pelosi-Trump es de gran importancia para al mundo que respeta la diversidad.

No es un problema entre izquierda y derecha sino entre respeto y desprecio por el otro.

Los machos de la política no han podido con Trump. Las pocas mujeres que le objetan han sido objeto de su burla. Le ha puesto apodos al que se le atraviesa. En las primarias del partido republicano para la selección del candidato presidencial, en 2016, Trump bautizó a Jeff Bush como “baja energía”, al precandidato Cruz de “mentiroso Ted”, y al senador de Florida, Marco Rubio, de “pequeño Marco”.

La lista es larga. A su adversaria, Clinton, no la bajó de “torcida Hillary”, a la senadora Elizabeth Warren, precandidata demócrata a las presidenciales en 2020, “Pocahontas”, el exvicepresidente Biden recibió el apodo de “Joe, el dormilón”. Omarosa Manigault, antigua colaboradora afroamericana de Trump en la Casa Blanca, fue tratada de “esa perra” cuando su libro acerca de las experiencias en la Casa Blanca salió a la luz pública y a Bernie Sanders, lo solía llamar “el chiflado”.

Es probable que los apodos intimidadores hayan ido de la mano del éxito de Trump en las primarias y, a pesar de que la suma de votos por Hillary fue superior y para asombro de muchos, de su triunfo en las presidenciales.

Por esa capacidad de denigrar de propios y, por supuesto de líderes demócratas, llama la atención el cuidado que ha tenidoTrump al referirse a Nancy Pelosi, actual presidente de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, líder del partido demócrata. Ha apodado a muchos pero no se ha atrevido con Nancy Pelosi.

 

 

La apuesta de Trump consistía en chantajear a los demócratas:
o me dan el billete para construir mi muro en la frontera con México
o mantengo cerradas las dependencias del gobierno

 

 

Pelosi, una hermosísima mujer que va para los 79, experimentada congresista por California, presidente de la Cámara, ahora de mayoría demócrata, le acaba de dar sopa y seco a Trump en un duelo de cinco semanas alrededor del cierre de buena parte de las oficinas del gobierno federal. Mas de 800.000 funcionarios, sin sueldo, y millones de afectados por el “shutdown”. La apuesta de Trump consistía en chantajear a los demócratas: o me dan el billete (cerca de seis mil millones de dólares para construir mi muro en la frontera con México) o mantengo cerradas las dependencias del gobierno.

La tesis de fondo de Trump es, en realidad, un esperpento. Según él, el muro es la solución a una crisis de seguridad nacional. Terrorismo, drogas, delincuencia ingresan a los EE. UU. por la ausencia del muro. Aunque el postulado gusta a la base de Trump, es insostenible. Ni las drogas ni los terroristas entran por allí y la delincuencia en el país guarda muy poca relación con quienes ingresan por el sur.

Después de semanas de amenazas, de pataleos, de afirmar que no daría un paso hacia la apertura de las oficinas del gobierno, Trump se vio obligado a declinar su exigencia sin recibir un solo dólar para su muralla de infamia.

El entretanto fue apasionante. Por ejemplo, es la Cámara la que invita al presidente a dar su informe a la nación, a fines de enero. A comienzos del mes, bajo el supuesto de que las oficinas del gobierno federal se abrirían pronto, la señora Pelosi invitó formalmente a Trump para el efecto. Dos semanas después, dado que el cuento seguía igual, Pelosi lo desinvita.

Al triunfo de Pelosi se suma la avalancha que podría venirse con las investigaciones del fiscal Muller sobre la colusión de la campaña Trump con el gobierno ruso. A él, experto, según él mismo, en el arte de negociar, al hombre que sabe de todo mas que nadie, se le atravesó, para bien, una política de raca mandaca. Ojalá siga así.

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