Mentirosito y fabulador: el ocaso de Boris Johnson como primer ministro británico

Desde su pasado como periodista hasta su actual papel como primer ministro, su gusto por falsear la realidad con invenciones ayudó a concretar el Brexit

Por: Hugo Machín Fajardo
enero 19, 2022
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Mentirosito y fabulador: el ocaso de Boris Johnson como primer ministro británico
Foto: Archivo

En Bruselas, el actual primer ministro británico Boris Johnson era corresponsal del The Daily Telegraph, órgano oficial del Partido Conservador británico, y se dedicaba a inventar.

Armaba noticias verdaderas solo a medias, a partir de una mínima porción de verdad o en ocasiones ni siquiera eso. La constante de estas elaboraciones era burlarse de la Unión Europea (UE) a la que presentaba como un divertido contratiempo para los intereses ingleses.

«Amenaza para las salchichas británicas», titulaba un día, y en otra oportunidad repetía falsos rumores acerca de que los burócratas de Bruselas prohibirían los autobuses de dos pisos o las papas fritas saborizadas.

Para los conocedores eran crónicas humorísticas a las que no se les podría dar crédito, pero en materia de rating incrementaba el número de lectores. Al punto de que otros tabloides exigían de sus corresponsales ese tipo de notas.

Consecuencias.

Un falseamiento de la realidad europea respecto a Gran Bretaña que «muchos años después allanaría el camino al Brexit», sostiene la periodista Anne Applebaum en su muy buen libro El ocaso de la democracia. La seducción del autoritarismo. (Editorial Debate, 2021).

Por cierto, el trabajo de Applebaum —merecedor de una atenta y urgente lectura— no está dedicado a las fabulaciones impresas en periódicos por quien llegaría a ser primer ministro inglés.

Por el contrario, es un lúcido ensayo como el que escribió Madeleine Albrigh —Fascismo. Una advertencia (Editorial, Paidós, 2018)— sobre el auge del autoritarismo en el mundo, así como el riesgo que corren las democracias de Occidente que no adviertan el incremento de regímenes dictatoriales.

En unas pocas páginas la periodista estadounidense describe la incongruente personalidad del hoy cuestionado primer ministro Johnson, sobre quien el 66 % de sus conciudadanos entiende que debería abandonar el cargo.

Veleta narcisista.

En los 90, los conservadores británicos se dividieron entre quienes deseaban que la UE fuera más eficaz y representativa y quienes querían abandonarla. El Johnson corresponsal insistía en la existencia de una supuesta «mafia de Bruselas» que buscaba dañar a Gran Bretaña obligándola a operar contra sus intereses.

En 1997, Johnson se postuló al Parlamento y poco después fue electo alcalde de Londres donde «también allí se aburrió» según la periodista. «Mucha gente ha hecho hincapié en el descomunal narcisismo de Johnson, que de hecho resulta devastador, así como su no menos notable pereza. Su tendencia a la fabulación es un hecho establecido», prosigue Applebaum.

En sus comienzos periodísticos había sido despedido del Times de Londres por inventarse citas textualmente, y en 2004, también por mentir, fue expulsado de sus cargos como vicepresidente partidario y ministro de Artes del «gabinete en las sombras» de la colectividad conservadora.

El retrato del hoy caído en desgracia Johnson se complementa con «una vena de crueldad», a partir del destrozo de dos matrimonios —uno luego de casi 25 años de convivencia— sumado a la vida de otras mujeres a causa de las «aventuras públicas extraordinariamente descaradas».

De ahí que no extrañe que en campaña electoral dijera al electorado que votar por los conservadores haría «que su esposa tenga los pechos más grandes e incrementara sus posibilidades de comprar un BMW M3», recordaba en 2019 el columnista de la DW, Robert Mugde.

Como te digo una cosa, te digo la otra.

En 2001, Johnson dijo que el Reino Unido debía permanecer en la UE por los «beneficios palpables para Gran Bretaña en libre comercio y libertad de movimiento”. En 2003, dijo en la Cámara de los Comunes: «Soy fanático de la Unión Europea. Si no tuviéramos una, deberíamos inventarla». En 2016 estaba a favor de quedarse. En 2018 sostuvo que permanecer en la UE «era una locura», y en 2019, su campaña fue «Vote Leave» o vota salir (de la UE).

Durante la campaña del referéndum apoyó el Brexit «con la misma alegre despreocupación y la misma indiferencia por las consecuencias que había mostrado durante su carrera periodística y su vida personal». Por ejemplo, le envió un mensaje al entonces primer ministro David Cameron en que aseguraba: «El Brexit quedará aplastado como un sapo bajo la rastra».

«Muertes innecesarias».

Quizás el plano en que más será cuestionado Johnson cuando cese, sea su actitud ante la pandemia de Covid-19. «Todo el plan se basaba en asumir que era una certeza que no habría vacunas en 2020», declaró en mayo del 2021, su exasesor David Cummings, quien entonces agregó que el Gobierno de Johnson «fracasó» en su manejo de la pandemia, adoptando «malas decisiones» que costaron la muerte «innecesaria» de muchos ciudadanos.

Johnson acaba de pedir disculpas dobles. Ante el Parlamento, y ante la reina Isabel II por varias fiestas realizadas en 2020 en el n ro.10 de Downing Street, contemporáneas con su propia disposición de estrictas medidas de confinamiento para la ciudadanía británica.

El primer ministro no pudo escudarse en su esposa, como hizo el presidente argentino Alberto Fernández, quien luego de conocerse videos y fotografías de una fiesta en la residencia oficial de Olivos, quedó en evidencia como faltante a la verdad —y se vio obligado a negar su asistencia a una fiesta de «traiga su propia bebida” en los jardines de la residencia oficial a la que fue invitado un centenar de empleados—.

Durante sus explicaciones a los parlamentarios, Johnson recibió abucheos y reclamos para que dimitiera. Algo que podría suceder en las próximas semanas cuando se publique el informe oficial sobre las fiestas en pandemia. Aunque también hay conservadores que prefieren que el primer ministro sea quien absorba la impopularidad que recibe el Gobierno derivada de la crisis económica.

Johnson no es nuevo en esto de disculparse por sus errores. En 1989 también debió rectificar tras haber acusado irresponsablemente en un editorial de The Spectator a fanáticos borrachos hinchas de Liverpool por la tragedia ocurrida en Hillsborough donde 96 hinchas murieron aplastados...

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