Los trapos rojos y los televisores del día sin IVA

"¿Es en serio que creemos que los pobres en Colombia tienen para comprar un televisor, en efectivo o con tarjeta?"

Por: Ronald Javier Acosta Pineda
junio 23, 2020
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Los trapos rojos y los televisores del día sin IVA

Mucho se ha hablado de la irresponsabilidad de las personas que salieron a comprar el día sin IVA. Memes que decían que las personas no necesitaban comida si no televisores. Mi opinión, es que estamos metiendo en una misma bolsa al perro, al gato, al que gana un salario mínimo y al que no alcanza a ganarse los $877.802.

Considero que la indignación de ver esas largas colas de compradores era por dos motivos; la posibilidad de expandir el contagio y el gasto irresponsable en estos tiempos de incertidumbre económica. Lo primero no lo abordo porque ya mucho se ha hablado del tema, y un tema deja de ser de interés cuando se vuelve paisaje cotidiano, como los contagios. Lo segundo, sí me permito abordarlo por una sencilla razón; hablar por los que el trapo rojo significa toda esperanza, por aquellos que en medio del confinamiento y cierre de las actividades económicas no tiene otra opción que esperar una ayuda porque han visto reducidos sus ingresos y ya no alcanza para cubrir lo básico.

Si bien es cierto, y lo constato en mi caminar por tantos municipios colombianos, que se observan equipos de sonido y televisores LED 4K en casas de barrios considerados pobres, también es cierto que somos voyeristas sociales, sólo mirando de lejos y por rendijas la realidad ajena, confundiendo o generalizando al pobre en estereotipos concebidos desde lo que otras personas pregonan.

Esta crisis económica generada por la pandemia desnudó la verdadera pobreza que viven muchas personas en el país y de alguna manera aumentó el riesgo de ser aún más pobres, pero es poco lo que se añade al riesgo total de caer aún más en el limbo de la pobreza con el que tienen que vivir a diario, con pandemia o sin pandemia.

La escasez es un asunto con el que los verdaderos pobres se enfrentan a diario, por eso esta crisis no es mucho peor de la que viven constantemente, como lo escribe Esther Duflo; “los pobres se enfrentaban a problemas a los que están muy acostumbrados, pues todos los años tienen la impresión de estar en medio de una enorme crisis financiera”

Este tropiezo de la economía es más doloroso para quien ya lo ha reducido todo, por eso hay que apartarlo de quienes compraron televisores que seguramente tenían una holgura para reducir otros gastos, o endeudarse. Para estos últimos, existe la educación financiera, sin embargo, como lo dije en otro escrito, la crítica que hago de cómo se educa hoy en finanzas personales es que se centran en las herramientas financieras y no en el Ser que se relaciona con el dinero.

Para aquellos, los de los trapos rojos que no compraron televisores, es más doloroso porque significa reducir la alimentación y a los pobres no les gusta reducir aún más la comida, los hace sentir más infelices. Al final esta problemática alimentaria se verá reflejada en toda la sociedad cuando los niños mal nutridos y trabajadores mal alimentados no desarrollen las habilidades necesarias para desempeñarse en la cotidianidad.

Vivimos engañados y creemos que la pobreza, esa que coloca un trapo rojo como única esperanza, es mental, y ese pensamiento nos ha hecho mirar hacia otro lado desconociendo la cruda realidad que viven muchas familias colombianas (no tomo en cuenta las cifras de instituciones adscritas al estado que dan al respecto porque cada gobierno les da su tinte). Cuando oigo esto (aunque yo en algún momento de la vida lo pensé), que la pobreza es mental, en boca de los que se hacen llamar gurús y coach añoro a Wittgenstein y ojalá en el algún momento de sus vidas reflexionen profundamente acerca de lo que podemos entender y no entender, de qué es aquello que podemos hablar y qué es aquello de lo que no se puede hablar y es mejor callarse.

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