Los primeros escogidos por el Presidente De la Espriella para abordar el tema de la construcción de las 10 mega cárceles que plantea levantar en distintas regiones del país, una de éstas, seguro en Antioquia fueron los dueños de la segunda constructora más grande de Colombia: Marval. Estuvieron junto a la ministra de transporte Elsa Noguera y el Ministro de justicia Iván Cancino, Rafael Marín, uno de los cofundadores y Sergio el actual presidente de la empresa santandereana.
Reunión con @MinTransporteCo, @MinjusticiaCo y empresarios de la construcción, para direccionar los proyecto de mega cárceles en el país.
— Abelardo De La Espriella (@ABDELAESPRIELLA) September 14, 2026
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Marval podría ser una de las empresas llamadas a materializar la promesa de construir 10 megacárceles, un proyecto clave dentro de la política de seguridad planteada por el político y que además será un gran negocio para los constructores.
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Son dos las grandes obras carcelaria que están en construcción en el país. La más avanzada en La Guajira, contratada, por el expresidente Iván Duque, está a punto de concluirse y tiene capacidad para 1.722 reclusos. Y la que se levanta en las afueras de Medellín, que inició el alcalde Daniel Quintero y que el alcalde Fico Gutiérrez espera inaugurar.

Aunque Marval aparece en el ranking como la segunda constructora más grande del país, superada solo por Amarilo, de los hermanos Moreno, las características de esta empresa explican porque fueron los convidados a la primera reunión sobre el tema en la sede presidencial de Barranquilla. Marval se ha ocupado durante los casi 50 años de existencia, además de vivienda de una gran variedad de obras de infraestructura, y tienen la experiencia de haber construido las cárceles de alta seguridad de Cómbita, en Boyacá y El Barne, también en Boyacá y otras tantas, incluso ha construido prisiones en Panamá.
Marval y su amplia experiencia carcelaria
Cuando Marval puso el primer ladrillo de la cárcel de alta seguridad de Cómbita ya llevaba veintidós años construyendo casas de interés social en Bucaramanga y sus alrededores. La firma, fundada en 1977 por Alfonso Marín Morales y Luz Marina Valencia junto a sus seis hijos, había levantado su primer proyecto, Corviandi, en el municipio de Floridablanca, un conjunto de 200 viviendas sin cuota inicial que llamó la atención del entonces presidente Belisario Betancur y que terminó convertido en el piloto de su programa de vivienda popular. De ese arranque modesto a la construcción de una de las prisiones más temidas del país pasaron dos décadas, y en medio quedó una campaña presidencial, un contrato firmado en 1999 y una obra que tardó tres años en entregarse.
El municipio de Cómbita, veinte minutos al norte de Tunja, ya tenía cárcel antes de que llegara Marval. Allí funcionaba desde hacía años el establecimiento carcelario El Barne, y fue justamente sobre un terreno cedido por esa penitenciaría, y por el Ministerio de Comunicaciones, donde se levantó el nuevo complejo de alta seguridad. Con el tiempo terminaron fusionados: desde 2007 ambos operan bajo una sola administración, el Establecimiento Penitenciario de Alta y Mediana Seguridad y Carcelario de Cómbita, con El Barne funcionando como el ala de mediana seguridad y Cómbita como la de máxima peligrosidad. Cuando abrió sus puertas, el 11 de septiembre de 2002, la nueva cárcel tenía capacidad para 1.600 internos distribuidos en siete pabellones de 204 celdas cada uno, más uno de aislamiento para reclusos con problemas de adicción. Los primeros seiscientos presos que llegaron vinieron trasladados del propio Barne; el resto, de La Modelo, La Picota y otras cárceles hacinadas del país.

El contrato para construirla se adjudicó en 1999, durante el gobierno de Andrés Pastrana, a un consorcio bautizado PMOT-Barne, integrado por Pedro Gómez & Cía, la reconocida constructora bogotana fundada en 1968 por Pedro Gómez Barrero, junto con Urbanizadora Marín Valencia, Marval, Construcciones Obycon y Triada Ltda. No era la primera vez que los Marín Valencia hacían negocios con el poder político de turno: en los años noventa habían apoyado con fuerza la candidatura de Pastrana en Santander, y poco después de su llegada a la Presidencia la familia se quedó con las licitaciones para construir cuatro cárceles más: la de Popayán, conocida como San Isidro; El Barne, en su primera etapa; La Dorada, en Caldas, bautizada Doña Juana; y la de Cúcuta. Con el paso de los años, Marval también intervino en ampliaciones de las cárceles de El Espinal, en el Tolima, y de Buga, en el Valle.
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El salto más grande de su carrera carcelaria, sin embargo, lo dio fuera de Colombia. En 2010, a través del consorcio UM Panamá, liderado por Urbanizadora Marín Valencia, la empresa se ganó el contrato para construir La Nueva Joya, un centro penitenciario levantado sobre 35 hectáreas en las afueras de la capital panameña. La obra costó cerca de 148 millones de dólares, tardó cuatro años en terminarse y entró en funcionamiento el primero de abril de 2014, todavía bajo el gobierno de Ricardo Martinelli, quien había firmado el contrato al inicio de su mandato. El complejo, dividido en 24 secciones entre pabellones de máxima seguridad, mediana seguridad, sindicados y prelibertad, quedó con capacidad para 5.500 internos y se convirtió, con los años, en la pieza que Marval siempre lleva bajo el brazo cuando quiere demostrar que sabe construir cárceles a gran escala.
¿Por qué los llama De la Espriella?
Esa experiencia fue justamente la que exhibió la empresa este lunes en Barranquilla, donde el presidente Abelardo de la Espriella la recibió para empezar a definir la ruta de las diez megacárceles que prometió en campaña. La comitiva de Marval llegó encabezada por Sergio Marín, actual presidente de la constructora, con un brochure que presentaba su experiencia como su carta de presentación. Lo acompañó su hermano Rafael, cofundador de la empresa hace casi medio siglo, y hoy uno de los empresarios con mayor peso económico y político de Santander.
Por ahora no hay fechas ni montos definidos, pero De la Espriella ya habla en público de "direccionar los proyectos de megacárceles" y aparecer con Marval como primer interlocutor no fue casualidad: Santander, junto con Antioquia, fue uno de los departamentos que le dio la Presidencia, con más del sesenta y cuatro por ciento de los votos en la segunda vuelta de junio.
Marval sigue siendo, cuarenta y nueve años después de su fundación, una empresa manejada por la misma generación de hermanos que la crearon junto a sus padres. No ha pasado, todavía, a una segunda generación: son Rafael y Sergio, ambos ingenieros civiles egresados de la Universidad Industrial de Santander, quienes hoy la dirigen, mientras otro hermano, Fernando, quedó apartado del negocio después de ser condenado en 2020 por el carrusel de la contratación en Bogotá. Con veintiséis años de oficio construyendo cárceles, contados desde el contrato de Cómbita, la empresa se ha ganado varios contratos para hacer prisiones, un tema del que ya demostraron que saben.
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