Opinión

Los retos del posconconflicto

¿Qué haremos con las bacrim? ¿Cómo vincular a las comunidades de los municipios donde Farc y ELN tienen control político? ¿Cómo lograr que las élites acepten el nuevo mapa político?

Por:
abril 26, 2016
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Una de los hechos actuales más importantes en el país es que no solo el interés por la paz ha crecido significativamente, para apoyarla o criticarla, sino que el tema de qué sucederá después de que se logren firmar los acuerdos con la guerrilla, también ha entrado al debate nacional. Estas nuevas y reales inquietudes llevarán en algún grado, a que los millones de colombianos urbanos que han ignorado el conflicto y por ello no demandan la paz, empiecen a conocer la historia de sangre y dolor de nuestra guerra rural y entre pobres. Sin este mínimo conocimiento, es imposible lograr el apoyo que se requiere para romper la tradición de violencia que tenemos los colombianos. Por ello recomiendo el libro presentado en la Feria, escrito por León Valencia y Ariel Ávila, titulado Los retos del posconflicto.

En la presentación de este trabajo, León Valencia aclaró las diferencias entre el uso del término posacuerdo en vez de posconflicto, como es la moda ahora. Con énfasis recalcó que la palabra fuerte es posconflicto porque lleva implícito reconocer que por lo menos esta guerra se termina. Por el contrario, cuando se denomina este período que viene como posacuerdo, queda la impresión de que lo que se logró fue uno de esos pactos a puerta cerrada que se han hecho en la historia colombiana, que precisamente por ser excluyentes han generado nuevos conflictos.

Este trabajo es una contribución muy oportuna porque marca una ruta crítica de acción para entrar al posconflicto; porque destaca problemas serios que se subestiman en el país y que son barreras reales; identifica los pasos fundamentales a seguir; señala los municipios claves por donde debe empezar la acción del Estado e identifica formas de colaboración de la ciudadanía e instituciones locales, fuerzas armadas, que son básicas para iniciar el proceso de paz. Más aún, presenta una síntesis que servirá de guía para definir procesos por municipio. Es decir, es un mensaje realista y propositivo.

Debe destacarse la ruta crítica en el posconflicto: firma del acuerdo de paz; concentración de las Farc en diversos lugares del país e inicio del cese bilateral definitivo de las hostilidades; refrendación de los acuerdos mediante votación cuidadana; conversión de los acuerdos en leyes y decretos por parte del presidente Santos y de la comisión especial legislativa y dejación de las armas por parte de las Farc.

Una de las reflexiones más importante y bastante ignorada que plantean los autores es que: "No tenemos experiencia en posconflicto y además nunca se ha negociado con todos los actores." Oportuna reflexión cuando se inicia la compleja negociación con el ELN, cuya exclusión en los Acuerdos de Paz significaría el fracaso de toda la negociación. Eso implica no apresurarse a descalificar este esfuerzo del Gobierno, sin dejar de censurar la forma como se está comportando este grupo guerrillero. Inadmisible la ola de secuestros que para demostrar fuerza política, están llevando a cabo en el país.

Algunos de los retos: lograr el apoyo popular para aplicar los acuerdos de paz,
un Pacto Político por la apertura democrática,
y vencer la amenaza de nuevo paramilitarismo y de bandas criminales

Interesante el planteamiento de algunos de los retos actuales que enfrenta la sociedad colombiana. Estos son, entre otros, lograr el apoyo popular para aplicar los acuerdos de paz, un Pacto Político por la apertura democrática que es un llamado a las élites, que no se comprometen, y el reto que significa vencer la amenaza de nuevo paramilitarismo y de bandas criminales que crecen en este país.

Sin duda, señalar los 242 municipios donde las Farc, y en algunos también el ELN, ejercen control político, como aquellos por donde debe empezar la acción del Estado, es una de las mayores contribuciones de esta investigación. No puede desconocerse que es precisamente en estos lugares de Colombia, donde las guerrillas han tenido injerencia en la vida política y social de estos municipios.

Qué haremos con las bacrim, cómo vincular a las comunidades de estos municipios; cómo lograr que las élites acepten el nuevo mapa político, son temas que deben plantearse seriamente. Además, es muy oportuno reconocer, como lo hace el libro, que la reconciliación política no va a ser gratuita ni puede ser engañosa. Estos son solo algunos de los temas que hacen de este trabajo una lectura imprescindible.

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