Los mamertos siguen esperando su día de suerte

La mirada de Ariel Peña sobre las movilizaciones que se han llevado a cabo en el país durante los últimos días

Por: Ariel Peña González
diciembre 06, 2019
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Los mamertos siguen esperando su día de suerte
Foto: Nelson Cárdenas

Desde el 21 de noviembre las fuerzas extremistas de la llamada izquierda están desesperadas por desestabilizar el gobierno, impulsando “asambleas ciudadanas, populares y sociales en los barrios” —aunque por lo visto esas convocatorias van desfalleciendo y ya la población está en modo navidad, total de que no creemos que haya movilizaciones importantes a partir de mediados de diciembre—. Además, Gustavo Petro anuncia que el movimiento seguirá para el otro año, como si él fuera el “maestro de la protesta social”, suplantando a las organizaciones sociales y sindicales; con lo que queda demostrado que los mamertos siguen esperando su día de suerte para materializar la conspiración.

De acuerdo a la anterior consideración es un artificio marxista confundir la lucha social —que es inherente a los seres humanos— con la lucha de clases —que es un sofisma del comunismo totalitario para crear una asimetría maquiavélica y así confundir a las personas y sembrar el odio buscando satisfacer sus apetitos burocráticos—. El “sindicalismo clasista” es una invención para vender la idea de que la doctrina de los trabajadores como por arte de magia es la marxista, lo que constituye un exabrupto que ofende la democracia, la independencia y el pluralismo, que son los pilares del movimiento de los trabajadores.

Porque las contradicciones entre el capital y el trabajo con las que se desgañitan los miembros de la gruperia mamerta recibieron un fuerte golpe hace más de 42 años cuando el partido comunista chino se alió con las grandes transnacionales —especialmente las norteamericanas— para desarrollar una gran producción manufacturera en el país asiático, lo que tiró por la borda la tan cacareada contradicción, ya que la esencia del marxismo es tener la hegemonía en el poder político sin importar el precio. Por eso Zhou Enlai y después Deng Xiaoping, líderes chinos, supieron discernir que la economía centralizada y estatista eran un fracaso y tomaron el camino de la economía de mercado, lo que deja sin argumentos a aquellos que todavía insisten en la discordancia entre el capital y el trabajo.

Así que los dogmas económicos y políticos que siguen utilizando los comunistas en Colombia del señor Karl Marx quedan desvirtuados con lo sucedido en la China y en otras partes del mundo, porque es el colmo de la terquedad que sigan insistiendo en una doctrina que desde sus comienzos en el siglo XIX fue repudiada por los trabajadores pero que mediante la mentira y la violencia se tomó gobiernos en algunos países de la tierra en el siglo pasado, fracasando estruendosamente con la caída del muro de Berlín y la debacle de la URSS. Increíble que todavía los seguidores de esa doctrina de manera supersticiosa se obstinen con un sistema que para lo único que sirve es para montar camarillas genocidas y burocráticas que envilecen a los pueblos mediante el crimen y la tortura —como ocurre en Cuba, Venezuela y Nicaragua—.

El “sindicalismo clasista” que tanto promocionan las fuerzas totalitarias marxistas y que pretende ser vanguardia de las movilizaciones nacionales no es más que una entelequia que procura convertir al movimiento de los trabajadores en correa de transmisión del comunismo quitándole su autonomía, siguiendo las enseñanzas de Marx —quien planteaba que los obreros no debían tener ideología sino conciencia de clase—, lo que lleva a que los trabajadores con sus organizaciones se convirtieran en simples rebaños de las elites comunistas, negando el carácter libertario impreso desde los albores en las primeras luchas sindicales. El caso más emblemático es el de los Mártires de Chicago en 1886, quienes abrazaban los ideales anarquistas que eran contrarios al absolutismo marxista.

Hay que reiterar cuanta veces sea necesario que el marxismo jamás puede ser un precepto para la lucha de los trabajadores, ni mucho menos la brújula que guía hacia un mundo mejor, sino que como secta perversa lo que busca es subyugar a los pueblos mediante lineamientos totalitarios, que necesariamente conducen a la esclavitud política, culmen del comunismo, para avasallar a las naciones, como lo ha demostrado durante su tenebrosa existencia.

Las personas somos únicas e irrepetibles, así que hablar de clases degrada a cualquier ser humano a la condición de un zombi, que sin voluntad es conducido, por lo se debe desbaratar definitivamente el mito de la lucha de clases y por ende también desvirtuar el llamado “sindicalismo clasista”.

Por lo tanto, en la actual coyuntura el sindicalismo serio —conjuntamente con las organizaciones sociales— debe impulsar una negociación pragmática con el gobierno para lograr las reivindicaciones sociales y económicas de la población que son apremiantes, ya que a la mamertería lo único que le interesa son los asuntos políticos de los 13 puntos que se le presentaron al gobierno, con ocasión de las movilizaciones que se iniciaron el 21 de noviembre.

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