Entre el rechazo ciudadano y la memoria de trágicos eventos históricos, Cali vivió una jornada de tensiones políticas y dolorosas remembranzas

 - ¿Los caleños le dieron una amarga bienvenida a Abelardo el día de su posesión?
Texto escrito por: José Federico Rivera Ochoa

Arribo a Cali, la ciudad donde pasé mi niñez, el jueves 6 de agosto de este 2026, un día antes de la posesión del nuevo mandatario de los colombianos, Abelardo de la Espriella, quien después de anunciar que asumiría el cargo en una guarnición militar en Popayán, tuvo que cambiar de planes y terminó arreglando con la Universidad Santiago de Cali para realizar este acto protocolario en el auditorio de la Institución.

Una posesión a espaldas del pueblo y, sobre todo, sin la oportunidad de que sus electores pudieran estar presentes. Llega a un territorio en donde los resultados de las urnas no lo favorecieron, principalmente porque hubo una masiva votación por el candidato Iván Cepeda y porque esta colectividad logró ejercer muchos controles para cuidar los votos.

El Valle, Cali, y algunos municipios como Buenaventura, Jamundí y otros, ya han sufrido unos mandatarios que no se han preocupado por los problemas de sus territorios y se han dedicado a manejar los recursos del Estado para el beneficio propio o de sus allegados. Esta situación ha permitido que las propuestas del Pacto Histórico hayan tenido más acogida y encuentren allí una esperanza de mejoría, pues además han visto que el gobierno nacional llevó a estas regiones algunas soluciones a tantas necesidades en educación y salud, principalmente.

El abogado De La Espriella decidió confrontar al pueblo caleño y realizar en su territorio este inicio de gobierno. El malestar general se apreciaba en la gente ese viernes 7 de agosto. A pesar del servilismo del alcalde y la gobernadora, a quienes De la Espriella, el ambiente de la mayoría de caleños no era de complacencia por la realización de esta ceremonia, que tal vez en otras circunstancias y con otros protagonistas, habría sido un honor para Cali y la región.

Finalmente, una institución educativa, y no de las de mejor nivel de la región, aceptó realizar el espectáculo con un cierre muy acorde con todo el espectáculo previo: el doctorado honoris causa a un personaje que no tiene los méritos para recibirlo. Este hecho desvaloriza aún más la institución y los títulos que regala; seguramente muchos de sus profesores, estudiantes y egresados sentirán pena por su universidad.

Ese día realicé una encuesta entre las personas que ubiqué en la calle y el resultado fue muy desfavorable para esta actividad. Muchos consideraron que no traía aporte alguno a la ciudad. Además, algunas personas decidieron aprovechar el festivo y salir a sus fincas fuera de Cali, otros se quedaron en sus casas descansando. El alcalde quiso sabotear la convocatoria para hacer presencia en el monumento de la resistencia, ordenando el día sin carro y sin moto en la ciudad, varios hicieron caso omiso de esta orden y salieron. De todos modos, sí acudió un buen número de personas al lugar y se realizó la manifestación retando a De la Espriella que había anunciado la demolición del monumento.

Ya en las horas vespertinas, cerca de la noche caleña, hubo un despliegue de policías y soldados a lo largo de la carrera primera, custodiando la salida al aeropuerto. Pasaban camionetas blindadas huyendo de la ciudad a gran velocidad, seguramente temerosas del reproche de la gente. Por supuesto no fueron bienvenidos, llegaron con sigilo y se fueron raudos, sin despedirse, a sabiendas de haber participado en un acto ilegtimo que el pueblo no aprobó.

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Cali ha pasado por tragedias que han marcado la vida de sus habitantes. Justo el día de la posesión del nuevo gobierno se cumplen 70 años de la explosión del 7 de agosto que dejó una gran cantidad de víctimas entre muertos, desaparecidos y lesionados. Muchas familias perdieron todo. Pero la ciudad superó este horrible acontecimiento que al parecer se presentó por imprudencia de algunas autoridades. Camiones cargados de dinamita fueron estacionados en un lugar de alto riesgo y no se tomaron las medidas necesarias para evitar un accidente como el que se presentó.

Tres días después de este nefasto acontecimiento se produce un terremoto que también llena de luto la ciudad. A esta fecha ya se conoce con mayor precisión la magnitud de las pérdidas humanas y los daños sociales y materiales. Este hecho desnudó la improvisación e ineptitud del nuevo gobierno y sus funcionarios para dar una respuesta adecuada a los danmificados. Todavía, a casi un mes de los hechos, no hay claridad de las acciones institucionales y de la ruta para dar apoyo a los afectados.

A pesar de este panorama, tengo la seguridad de que el pueblo colombiano y en especial los habitantes del Valle y de Cali, superarán estas tragedias, en poco tiempo se levantarán de estas ruinas y la vida renacerá con la alegría y empuje que siempre han mostrado a Colombia y el mundo.

Este es mi Valle bonito, mi Valle precioso, mi Valle del Cauca..., como lo canta el Grupo Niche.

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Por Nota Ciudadana

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