Opinión

Lo que nos da la gana

En Tumaco mandan los cocaleros. Hacen lo que les da la gana. Y eso es producir cocaína a todo vapor con 25 000 hectáreas sembradas de coca

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abril 17, 2017
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Lo que nos da la gana
En Semana Santa los cocaleros impusieron un pico y placa, permitiendo el tránsito hacia Tumaco y vecindades en determinados días a determinadas horas.

Es posible que entre tanta santa palabra se nos haya pasado desapercibido uno de los hechos más graves de nuestra historia reciente. Y es el de la formación inequívoca de una republiqueta independiente en la región de Tumaco.

Los llamados campesinos cocaleros, mafia pura conectada con las de Centroamérica y México, se han declarado en rebeldía y le ganaron la partida al Estado que los impulsó, ayudó, toleró, y ahora hace gestos de desespero porque no puede controlarlos.

En Tumaco mandan ellos. Hacen lo que les da la gana. Y eso que les da la gana es producir cocaína a todo vapor y comercializarla al interior, para nuestras felices “ollas”, y al exterior, para ganar fabulosa cantidad de dinero, armarse y seguir haciendo lo que les da la gana.

Cifras sin contradicción oficial revelan que en esa zona hay por lo menos 25 000 hectáreas sembradas de coca, con una producción estimada de cien toneladas métricas de cocaína al año. Como el polvito blanco lo negocian a cinco millones de pesos por kilo, los campesinos de nuestro cuento se echan al bolsillo cinco billones de pesos anuales. Ni para qué contar los ingresos aledaños por explotación de oro, por secuestros o extorsiones o por peajes cobrados a productos de zonas que pasan por sus linderos camino del Pacífico. Para qué.

Esos nuevos potentados tienen más que en jaque a las autoridades. Lo último que hicieron fue imponer para Semana Santa un pico y placa, permitiendo el tránsito hacia el Municipio y vecindades en determinados días a determinadas horas. Por fuera de ese calendario, a Tumaco y de Tumaco no entra ni sale nadie.

 

Como la Policía hizo el simulacro de la erradicación manual de unas matas,
en señal de protesta quemaron tres retroexcavadoras
de los ingenieros que construyen la carretera que iría al Ecuador

 

Como la Policía hizo el simulacro de intentar la erradicación manual de unas matas, en señal de protesta quemaron tres retroexcavadoras de los ingenieros que construyen la carretera que iría al Ecuador. Y ya entrados en gastos, han quemado camiones de carga a la vista de la policía y del ejército, sin que les pase nada a los pirómanos, por supuesto.

Para llegar a tal grado de arrogancia y descaro, los tales campesinos han pasado por reflexiones elementales y contundentes.

Cuando la siembra y venta de coca y cocaína estaban prohibidas, el Gobierno regaba desde el aire cantidades de glifosato que tenían a raya la producción. Si dejó de hacerlo, es porque el negocio es lícito.

Cuando un cocalero caía en manos de la Policía, iba a parar a una cárcel de los Estados Unidos, si alguna Corte lo pedía en extradición. Como ese tratamiento desapareció y aquí no nos persigue nadie, es porque no incurrimos en delito alguno.

Cuando la cosa estaba grave, cuidábamos la zona armados hasta los dientes, pero corríamos el riego de los bombardeos aéreos y la acción de las brigadas antinarcóticos. Como eso está prohibido, es porque ha quedado permitido lo que hacemos.

En esos malos tiempos, si el negocio se lograba venían jueces muy adustos y nos quitaban el producido en un santiamén, con acciones que llamaban de extinción de dominio. Eso se acabó. Luego nuestra plata no es mala.

Sabemos de primera mano que nuestros amigos y socios de las Farc hicieron elegir vicepresidente a un nuevo amigo suyo, un tal general Óscar Naranjo, a quienes llamaban afectuosamente el General Coca Naranjo. Por donde sacamos en limpio que es la hora nuestra. Ese General Vicepresidente vino por aquí en plan de amigos y en plan de amigos le hicimos saber que aquí mandamos nosotros, que hacemos la que se nos da la gana y que cuidado con ponerse de malas pulgas. Con todo lo que sabemos y con el poder que nos han dado, más vale que se quede, como está, calladito, calladito.

Aunque no lo sepan nuestros compatriotas, la región de Tumaco es muy valiosa para la Nación. Inclusive contiene importantes cultivos de palma de aceite, con los que también hacen los cocaleros lo que les da la gana. Camino hacia el Japón, la China, todo el sudeste asiático, debiera ser puerto de capital importancia. Y en la frontera misma con el Ecuador y por ese camino en la vía para toda América del Sur, hablamos de una región estratégicamente imprescindible. Pero no es solamente por eso  que destacamos la gravedad de lo que allá ocurre.

La delincuencia está midiendo sus armas, o tentando vado como suele decirse. Porque si en Tumaco hace lo que le da la gana, es porque puede hacer lo que le da la gana en cualquier parte. En Paramillo, en el Chocó, en el Catatumbo, en el Caquetá, en el Vaupés, en todo el Putumayo, en Arauca o en el Magdalena Medio.

Este Premio Nobel de farsa nos costó el país. Recobrarlo será tarea colosal. Cuando tengamos veinte tumacos, tendremos bien sabido lo que nos pasó.

 

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