De joven el Profesor Salomón fue señalado de brujo en su barrio, resistió 10 años de rechazos hasta llegar a la TV de la mano de Jota Mario Valencia

 - Lo llamaron brujo pero terminó triunfando en la televisión: la cruda historia del profesor Salomón

Hoy es casi imposible ver televisión o sintonizar una emisora matutina sin escuchar la voz pausada del Profesor Salomón. Sus predicciones, la lectura del tarot y los consejos energéticos forman parte de la rutina diaria de miles de colombianos que buscan una guía en medio de la incertidumbre cotidiana.

Detrás del personaje, se esconde una historia de persistencia ante el rechazo social. Además, una década de portazos en la cara por parte de los medios de comunicación. Antes de convertirse en una figura reconocida, Salomón tuvo que navegar una Colombia donde hablar de clarividencia o predicciones no era visto como un oficio norma, sino como una amenaza contra la fe y la moral.

Los primeros chispazos del don en el barrio

Siendo apenas un niño de barrio, Salomón empezó a experimentar fenómenos que ni él ni su familia lograban comprender. Sus noches estaban marcadas por sueños reveladores que terminaban cumpliéndose en la vida real. “Desde muy niño, gracias a Dios, tuve la fortuna de descubrirlo a través de los sueños. Yo soñaba cosas y sucedían. Le comentaba a mi mamá y a veces pensábamos que era casualidad o me decía: ‘Es que usted se sugestiona’. Pero pasado el tiempo nos fuimos dando cuenta que sí sucedían y me di cuenta que tenía un don de clarividencia”.

Sin embargo, cultivar ese don hace tres décadas no era tarea fácil. No existían escuelas, centros de estudio ni referentes públicos. Por el contrario, el entorno religioso y de barrio convirtió su sensibilidad en un estigma. “En la época en que yo empecé a practicar esto, aquí en Colombia no había escuelas, no se conocía nada. Este es un país muy católico, entonces eso se veía como brujería y en la época que me tocó a mí era un tabú, eso era difícil. Las mamás no querían brujos en la casa, decían que eso era del demonio, que tenía que confesarse y liberarse”.

A pesar de los señalamientos, los murmullos de los vecinos y las acusaciones de brujería, Salomón nunca sintió resentimiento. Tenía la certeza de que su habilidad no provenía de fuerzas oscuras, sino de una vocación de servicio guiada por lo divino. “Nunca me acomplejé, nunca me sentí mal ni me ofendí porque me dijeran brujo o que era de Satanás. Y ahorita ya estoy curado. Les he demostrado que las cosas que hago son para bien. La fuerza divina, le llamemos Dios, Yahvé o Jehová, se vale de muchos medios para llegar. A mí me tocó de esa manera”.

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10 años tocando puertas en la televisión

Decidido a convertir su intuición en una carrera formal, Salomón comenzó a estudiar, profesionalizarse y buscar espacios para llegar a un público más grande. La televisión de la época, dominada por los estereotipos y los 'embelecos' de la farándula, no parecía tener espacio para un tarotista de barrio sin contactos.

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“Duré 10 años tocando puertas para que me dieran una oportunidad en televisión. Siempre me sacaban porque tienen la costumbre de que tienen que tener cierto perfil o cosas de la farándula, y yo no tenía nada de eso. Yo iba y decía que interpretaba el tarot y me decían: ‘No, gracias’. Fueron 10 años”.

La persistencia dio frutos a través de la popular voz a voz. Una trabajadora del legendario programa A diario con Jota Mario acudió a una consulta privada con él. Luego de ver los resultados de la lectura, le ofreció un regalo inolvidable: ponerlo en contacto directo con el famoso presentador.

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La llamada que cambió su destino y la bendición de Jota Mario

Un jueves por la mañana, el teléfono sonó. Al otro lado de la línea estaba Jota Mario, citándolo a los estudios de televisión para probar sus habilidades. “Llegué allá con mis carticas. Me dijo: ‘¿Qué es lo que sabe hacer? Échelas’. Y le hablé sobre la familia, sobre un hermano y algunas cosas. Se quedó muy sorprendido y me dijo: ‘¿Usted cómo sabe? Venga el próximo lunes y voy a darle un espacio. Eso sí, aprovéchelo’”.

El primer encuentro fue un bautizo de fuego. Sin formación previa en radio ni en cámaras, la experiencia aterró a Salomón en sus primeros minutos al aire. Fue el propio Jota Mario quien se convirtió en su maestro, corrigiendo sus errores en directo y enseñándole a pararse con autoridad ante el público. “Él me decía: Tráguese esa cámara, Salomón. Mire que lo están viendo miles de personas. Me decía que lo que hablara tenía que sustentarlo y conocerlo, hablar con seguridad. Esa fue una verdadera escuela para mí”.

Durante esa época donde nació el nombre que hoy conoce Colombia. En medio de la búsqueda de un seudónimo artístico para la sección, Jota Mario frenó la discusión: “¿Cuál es su nombre? Salomón. ¿Y por qué cambiarlo si está relacionado con la sabiduría? Para que le enseñe a la gente y la oriente, póngase Profesor Salomón”.

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36 años orientando a tres generaciones

El éxito no se hizo esperar. Tras su debut en la mañana, Jota Mario lo llevó a Día a Día en Caracol Televisión y proyectos posteriores en RCN. Con el tiempo, Salomón decidió dar el paso hacia la independencia, consolidando su espacio de orientación espiritual.

Más allá de las cartas, el tarot o la astrología, el Profesor asegura que el secreto de su permanencia ha sido la mezcla de humildad y respeto por las personas que buscan un consejo. “Yo nunca busqué ser famoso, busqué ser reconocido. La fama puede llegar muy rápido, pero se va igual de rápido. El reconocimiento hay que trabajarlo sabiendo hacer las cosas bien y poniéndole amor a lo que uno hace. Ya voy en tres generaciones: atendí a las abuelas, luego a sus hijos, y ahora esos hijos me traen a los suyos”.

Cuando se le pregunta si ya ha pensado en dar un paso al costado y descansar después de más de 30 años de carrera, Salomón no duda un segundo: para él, su trabajo no es de los que jubilan, sino una misión de vida.

Dice que no lo hace para volverse millonario, sino por el cariño y la gratitud de la gente a la que ha podido dar una mano. Por eso, su respuesta es clara: seguirá leyendo las cartas y orientando personas "hasta que Dios le dé la licencia". Está convencido de que en estos tiempos tan difíciles la gente necesita más que nunca a alguien que la escuche, la motive y le llene el alma de buena energía.

Mirando hacia atrás, el niño que despertaba asustado por sus propios sueños y el joven al que tildaban de "brujo" en su barrio, entiende que el rechazo valió la pena. Su labor seguirá siendo servir de guía en fe, empatía y esperanza.

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