Un análisis crítico sobre la situación tras poco más de dos semanas de gobierno con base en el uso de narrativas buscando imponer una verdad oficial

 - Las primeras dos semanas del indolente gobierno de Abelardo de la Espriella
Texto escrito por: Omar Antonio Diaz Botiva

Pasadas ya las dos primeras semanas del actual gobierno podemos reconocer que su accionar frente a la tragedia que atraviesa el país es, sin más, acciones acorde a un gobierno desconectado de la realidad de su población; pero sobre todo un gobierno que insiste en la construcción y sostenimiento de una narrativa que los llevó a ganar en campaña pero que no han podido sostener por sus propias decisiones gubernamentales.

Son muchas las cosas de las que podríamos hablar frente a esto como por ejemplo: el ministro de Vivienda de vacaciones mientras la gente ve sus hogares destruidos, la captación de los recursos y ayudas económicas en una fundación creada por la primera dama un mes antes de la tragedia y que su respaldo jurídico es el presidente de la república, la incapacidad de caminar 80 metros en un cantón militar en donde tiene su propia versión de la Casa Blanca, el hecho de que para cada movilización lo hace mediante el helicóptero institucional costando cada viaje entre 100 y 120 millones de pesos, el “Libro de la verdad” en donde supuestamente presentan un balance de empalme, pero sin haber asistido al empalme.

Las cruentas acciones de los grupos armados en el Cauca, Norte de Santander, Guaviare y Antioquia, la decisión de derogar 11 circulares de protección laboral dejadas por el anterior gobierno, o culpar a Dios por el terremoto y tomar la posición mental del “mejor guerrero” escogido para afrontar estos momentos o el hecho de que ahora sí los empresarios salgan preocupados a reclamar por las tasas de interés cuando en el anterior mandato celebraban las decisiones del Banco de la República, pese a las advertencias que desde diferentes sectores de la sociedad se hicieron; son demasiadas cosas para tan pocas líneas.

Pero más que hablar o criticar estos hechos es importante hablar del papel de los medios en la construcción de eso que llamamos verdad y la narrativa que se construye alrededor de esto para sostenerla, por eso es importante iniciar preguntando: ¿qué es lo que podemos denominar como “la verdad”?

Para empezar, esta no es algo que podamos entender como una realidad absoluta u objetiva, es más bien una construcción social que se vincula estrechamente con el poder; es por esta razón que desde una perspectiva foucaultiana podríamos decir que cada sociedad tiene su propio régimen de verdad.

¿Esto qué quiere decir? Pues que el poder ejercido sobre la sociedad lleva a esta misma a definir qué discursos se aceptan y funcionan como verdaderos (acorde a los intereses de quien ejerce este poder), cuáles mecanismos nos permiten distinguir lo verdadero de lo falso, cuáles son las técnicas para obtener esta verdad, y obviamente el estatus de quienes están autorizados para decir qué es lo que funciona como verdadero, y ojo con esto que no es poca cosa.

Como tal, podríamos definir que la verdad es un factor de dominación y de exclusión dado que el uso de esta por parte de quien ejerza el poder determina el rumbo de una sociedad y establece (o lleva al retorno) de un orden hegemónico; lo que implica la construcción del relato y la narrativa sobre amigo-enemigo o, para ser específico, estos discursos o relatos permiten señalar a ciertos sectores de la población como “el origen del mal” lo que convierte en legítimo ya sean acciones de violencia contra la población (bombardeos en el Catatumbo a campesinos —o a ganado en Antioquia—) o como el tweet de Jerome sobre el temblor; todo esto con base en la defensa de la sociedad.

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En este sentido, ¿recuerdan lo del estatus de quienes están autorizados para decir qué es lo que funciona como verdadero? Es ahí donde viene el papel de los grandes medios del país, que durante el anterior cuatrienio no pasaba un día sin hacer crítica y oposición al gobierno, vigilando cada movimiento que realizara este y acusando constantemente de pérdida de institucionalidad, de destrucción de la economía, de ser la época más violenta que atravesaba el país en décadas. Bueno, esa narrativa tiene una explicación, dado que como tal las noticias son una construcción de la realidad y como tal no son un reflejo fiel de los hechos sino un “recorte de la realidad” que, como en un mapa, establece unas coordenadas para que el público construya su opinión dentro de los límites de lo que quienes ejercen el poder consideren verdadero.

Entonces, si la verdad es un recorte de la realidad, estas son como unas ventanas sobre la realidad social que nos permiten ver solo lo que dentro del marco de objetividad de cada medio quieren enseñarnos, que a través del discurso orientan representaciones simbólicas sobre la audiencia orientando el sentido y la acción hacia determinados objetivos, mediante lo que se podría denominar el establecimiento de la agenda mediática, en donde los grandes medios fijan la agenda pública mediante una selección y jerarquización de los temas que entran en el debate público (como la controversia del senador por la curul afro al recaudar ayudas para sus comunidades mediante una fundación reconocida a lo largo del tiempo y la que se genera al saber que la primera dama capta todas las ayudas económicas en su propia fundación, creada hace menos de un mes; pregúntese: ¿cuál está en medio de la discusión pública?) y así podríamos dar más ejemplos.

Pero ahora quiero dedicar esta última parte al llamado Libro de la Verdad publicado por el gobierno nacional en donde dice realizar un empalme anticorrupción con el anterior gobierno que en su página 12 en “Notas aclaratorias” busca establecer cómo, pese a no contar con una rigurosidad técnica, reconocer el no agotamiento absoluto de toda la información institucional, reconocer que no es informe, que no constituye auditoría ni investigación administrativa y tratando de justificar que pese al no ser producto de un proceso formal de empalme, justifica su importancia histórica al ser construida con información pública, información que casualmente ha sido borrada por las carteras de las páginas institucionales.

Noticia que fue mostrada como el resultado de un proceso riguroso del actual gobierno frente al desastre dejado por el anterior pero, verdad, que estamos dirigidos por el "mejor guerrero de Dios" escogido para afrontar estos momentos tan difíciles de la patria, un guerrero que no puede caminar 80 metros, que tiene que movilizarse constantemente en helicóptero, que busca la reconstrucción bajando las tasas de interés para que las familias afectadas vuelvan a pagar las casas (pero con menos intereses), que prefiere que israelíes aterricen en el territorio nacional en misión humanitaria pero con armas y uniformes, desplazando a quienes estuvieron durante días removiendo escombros (un intento de lavado de imagen) y que obviamente, como buena familia tradicional (por lo menos japonesa) la mujer maneja las finanzas, por eso la primera dama se encarga de recibir la ayuda.

El gran peligro de Colombia no es solo la ultraderecha en el poder, es sin lugar a duda la construcción de narrativas que simplifican la realidad nacional a un blanco o negro manipulando emociones y creando verdades ficticias; pero pese a todo, a sabiendas que la democracia es imperfecta, a veces incoherente y desordenada, no debemos, como sociedad, caer en narrativas creadas desde la confrontación constante y del “todo vale” tan nuestro y tan enraizado en nuestra historia del conflicto nacional.

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Por Nota Ciudadana

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