Las balas silencian, pero no matan los sueños de nuestros líderes

Las amenazas no se detienen y las muertes tampoco. A menos de que haya algo que detenga este río de sangre, lo más probable es que las cruces sigan multiplicándose

Por: Fernando Alexis Jiménez
Junio 25, 2019
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Las balas silencian, pero no matan los sueños de nuestros líderes
Foto: Las2orillas

El reloj de María del Pilar Hurtado se detuvo en el mismo instante que los sicarios cegaron su vida, frente a la mirada impotente de su hijo de 9 años que solo atinaba a gritar: “¿Por qué? ¿Por qué?”.

Es la misma pregunta que se formulan los familiares de más de 320 líderes sociales asesinados desde enero del 2018 hasta la fecha, de acuerdo con el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. Y ese interrogante, que se torna cada vez más gigante, no tiene respuesta y, pareciera, que el manto de silencio jamás será resuelto en un país que se encuentra polarizado nuevamente.

“Yo estoy de acuerdo con Duque, acabemos ya con la sinvergüencería de una paz mal concertada”, me dijo Nicolás Ortiz mientras nos tomábamos un café al mediodía, en los bajos del emblemático Edificio Zaccour, en pleno centro de Cali.

“Prefiero a los guerrilleros reincorporados y haciendo política, que dando plomo en el monte”, terció Manuelito Hernández, el vendedor de seguros que no deja de quejarse porque ya nadie le compra sus planes, a pesar de que cada día el número de muertes violentas aumenta en el país.

Y mi aporte: “En  medio de toda esta crisis, están líderes sociales como María del Pilar Hurtado, cuya única arma es su voz y la rebeldía frente a las injusticias y el deseo de que haya cambios, para que todos vivamos en armonía”.

Ese anhelo de una Colombia distinta, fue el que la llevó a denunciar la existencia de casas de pique en Puerto Tejada, un pueblo del norte del Cauca que se levantó en medio de enormes cañaduzales que alimentan los trapiches azucareros de la región.

Como consecuencia de alzar la voz en contra de las muertes violentas en aquellas casas donde solo se escucha el sonido sordo de machetes, seguetas y afilados cuchillos, y el grito ahogado de las víctimas, debió salir de huida. Y creyó que en Tierralta, Córdoba, encontraría un nuevo futuro para ella y su familia. Pero, estaba equivocada.

Una muerte que no pasó desapercibida

El asesinato de María del Pilar Montaño, de 36 años, ocurrido el pasado 21 de junio, no pasó desapercibido merced a las dolorosas imágenes de su hijo junto al cadáver conmocionó al país entero luego de que se difundiera un video con la reacción del menor de sus hijos, un pequeño de nueve años quien presenció el hecho ocurrido el viernes, 21 de junio.

Infortunadamente para millares de víctimas, pasaron al olvido. Salvo una nota rápida en los noticiarios, jamás se profundizó en lo ocurrido. Las autoridades, como siempre, prometieron “exhaustivas investigaciones” que, generalmente, no terminan en nada.

También se programó un Consejo Extraordinario de Seguridad. Tierralta, Córdoba, estaba conmocionada y, en esa dirección, las autoridades representativas del municipio discutieron el asunto. Se tomarían medidas. Ocurre lo mismo en cada hecho donde un líder social es asesinado. Ese tipo de reuniones, tras las cuales se ofrece una recompensa, difícilmente conducen a los autores, que se parapetan en la franquicia de un grupo armado al margen de la ley.

La Vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, trinó: “Conmueve e indigna el asesinato de María del Pilar Hurtado y el dolor desgarrador de su hijo. Averiguaremos si las autoridades conocían de amenazas y dispondremos de todos los medios para que no haya impunidad”, agregó. Hasta el momento, nada ha pasado. Y, probablemente, nada pasará. El reloj de María del Pilar Hurtado sigue detenido en el mismo instante en que le dispararon. Y como el de ella, el reloj de muchas víctimas en los últimos 18 meses.

¿Era o no líder social?

En medio del dolor que embargaba a los familiares de María del Pilar Hurtado, la Secretaría de Gobierno de Tierralta emitió un comunicado:

“Con el presente comunicado informamos a la opinión pública, de acuerdo a lo manifestado por su compañero sentimental (Manuel del Cristo Berrío Velásquez), nos deja constancia que la señora María del Pilar Hurtado Montaño no pertenece a ninguna asociación ni figura como líder social”.

Y si sus apreciaciones no tenían incidencia en el devenir parroquial, ¿por qué motivo la asesinaron? ¿Por qué figuró en un fatídico panfleto que se materializó poco tiempo después?

En muchos casos, el común denominador es el mismo. Las autoridades se empecinan en negar que la víctima fuera líder social. Pero sus aseveraciones no logran cubrir la realidad.

El patrón se repite. Afirman en el caso de Tierralta y en la mayoría de los municipios, que los líderes sociales no habían denunciado denuncias, porque no las habían recibido.

“Liderar un proceso social es tanto como echarse la lápida encima”, dijo ante la Defensoría del Pueblo, en Cali, Arístides Pumalpa. Salió huyendo del Cauca pero sabe que la sombra de la muerte lo sigue a todas partes.

Cifras contradictorias

Basta que usted lea un diario —el que sea—o esté atento a los noticiarios de televisión, para comprobar que semanalmente mueren en promedio 3 personas.

Las cifras no coinciden: según las cuentas de distintas organizaciones, y mientras la ONG Somos Defensores calcula que entre 2016 y 2018 fueron asesinados 341 sociales, la Defensoría del Pueblo calcula que son 431 en ese periodo.

Hace poco más de una semana el presidente, Iván Duque, señaló que estos asesinatos disminuyeron un 32 % entre agosto de 2018 y mayo pasado, al tiempo que pidió que no se permita que “el liderazgo social sea estigmatizado”.

Pero la máquina de la muerte, sea quien fuere que la alimente, no conoce de estadísticas, ni le importan.

Puerto Tejada está de luto y el país no sale de su asombro

El sepelio de María del Pilar Hurtado en Puerto Tejada, estuvo rodea de mucho dolor. El cementerio es pequeño, al menos para un municipio donde los índices de violencia son altos.

Los cuatro hijos quedarán al cuidado de su abuela, Juana Montaño, y la familia recibirá acompañamiento de una comisión especial del Icbf que tiene su custodia temporal.

El futuro de los niños se tornó incierto desde que el reloj de su madre se detuvo cuando recibió los disparos. Salió con la esperanza de encontrar una nueva oportunidad de vida, pero regresó en un cajón de madera sencilla, con la que se sepultaron sus expectativas pero no sus sueños.

Tampoco mueren los de decenas de líderes sociales que hoy no nos acompañan. Esos sueños permanecen vivos y no sucumben ante las balas.

Tras el sepelio quedaron a un lado de la tumba carteles de cartulina en los que se podía leer: “Porque es un derecho de las madres ver crecer y educar a sus hijos”, “No más líderes asesinados” y “María del Pilar Vive”.

Junto con las pancartas, palomas que echaron la vuelo las ilusiones, bombas blancas y flores de múltiples colores.

Y todavía siguen las amenazas…

Al leer el caso doloroso de María del Pilar Hurtado y los de otros tantos, muchos líderes han meneado la cabeza con desolación. “Este país se nos salió de las manos”, dicen. Arrastran sus palabras con desesperanza porque quizá mañana serán ellos.

Las amenazas no se detienen. Probablemente, las muertes tampoco. Y, a menos que haya algo que detenga este río de sangre, lo más probable es que las cruces seguirán multiplicándose en los cementerios pequeños de pueblos donde muchos han creído que es posible ver amanecer en un país donde los niños rían sin preocupaciones, sin tener que ver cómo ante sus ojos asesinan a sus padres y deben formularse esa pregunta sin respuesta: “¿Por qué?, ¿por qué?”.

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