Opinión

La voluntad de la mala pintora

Tres museos de Miami, Houston y Bogotá muestran la evolución política de Colombia con la fuerza de la pintura de Beatriz González

Por:
noviembre 14, 2020
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La voluntad de la mala pintora
Beatriz González, Los Papagayos (fragmento), 1987

La exposición Beatriz González es una retrospectiva pensada como exposición itinerante que comenzó en el Museo de Bellas Artes de Huston, pasó al Museo Pérez de Miami y acaba su recorrido en Bogotá en El Museo Miguel Urrutia del Banco de la Republica con su montaje cronológico. El único aporte colombiano a la exposición fue ordenar los archivos de la artista que comienzan con la foto de los Suicidas del Sisga y continúan con las preocupaciones de su mundo de historiadora y artista.

Y sin duda, es una interesante exposición que abarca 60 años de trabajo de una pintora santandereana que nació en Bucaramanga en 1938 y pertenece a la segunda generación después de Botero, Obregón o Ramírez Villamizar. Y a la misma de Luis Caballero.

En un principio realizó una apropiación de cuadros de la historia del arte como pueden ser La rendición de Breda del pintor español Diego Velázquez o  La Encajera del holandés Johannes Vermeer.  Pero, con el tiempo buscó un camino distinto: se negó a respetar el gusto de las élites y se dedicó a ser una pintora de provincia que prefiere ser una mala pintora y que busca como referentes  locales el universo de lo popular como las láminas de Molinari  -que se realizaban en Cali- con una  obvia y pobre  mala impresión.

La encajera

Así encontró como soporte los muebles en el centro marginal de Bogotá. En el artículo que escribió Marta Traba  en su presentación para la Bienal de Sao Pablo comenta: “Se trata de varios muebles y de algunos cuadros en lámina de metal esmaltada… Beatriz González escoge los temas más relevantes de la cursilería local, los representa de acuerdo con los sistemas actuales como el uso de los muebles, esmaltes, técnicas industriales sobre planchas de metal: por medio de composiciones minuciosas, lentas y complicadas  va articulando conceptos sintéticos de la forma, aplica el color por zonas, de manera de conseguir efectos elípticos y  es en esa distorsión, lo plano y mutilación de los temas presentados donde vamos descubriendo la dura voluntad desfigurativa o desfiguradora que va mucho más allá de lo divertido..”   Ni hablar de los títulos que llevan un humor negro genial. Acá ya logra un lenguaje figurativo propio que ira desarrollando en distintos materiales.

Después, vinieron los Suicidas del Sisga que en el Salón Nacional de Artistas de 1966 obtuvo una mención especial. En el telón de 1978, vuelve a la pintura universal cuando retoma el Desayuno sobre la hierba de Manet y  lo pinta sobre una tela  de carpa de circo. Como Beatriz González lo calificó es una subpintura para países subdesarrollados.

Decoración de interiores (fragmento),1981

En la etapa de su crítica política comenzó una cortina que llamó Decoración de interiores en 1981, donde a pesar de todo el horror en la política de derechos humanos, el presidente Turbay no dejaba de reírse, cantar en reuniones sociales. A la cortina como elemento doméstico se le sumaron objetos como el televisor con la cara del presidente.

Después vino la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19 durante el gobierno del Belisario Betancur y la época,  pintó a los militares que defendieron la gobernabilidad con cañones. Esos militares los pintó como Los Papagayos en 1987.

Mientras continua la guerra, los desaparecidos, los cadáveres vestidos sobre los ríos, las masacres, la artista empieza a pintar el dolor de las madres y luego sí cambia su composición por una especie de collague de figuras une en los distintos espacios de los cuadros, distintas figuras para representar también los diferentes actores del conflicto armado.

Auras Anónimas,2007

En el 2007 aparecen las Auras Anónimas que ya son siluetas negras sin color de dos hombres cargando, en su precariedad, a los muertos de las masacres como animales.

 

 

 

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